'Desafío total', endeble relato de ficción científica


“¿Alguna vez has follado con un mutante?”

-Benny

Después del éxito rotundo, del acierto pleno, que supuso la arriesgada (más de lo que parece) ‘Robocop’, que era una escalofriante reescritura del mito de la criatura de Frankenstein en un entorno futurista, Verhoeven pudo acceder a un proyecto que durante varios años se disputaron algunos importantes cineastas, y que se convertiría, en el momento de su estreno, en la película más cara de la historia. Una superproducción con la estrella más taquillera del mundo como protagonista, que buscaba repetir, o mejorar el éxito de ‘Robocop’, aunque finalmente quedó muy por debajo de aquélla, pese a estar inspirada en un relato de un escritor, que no me tiembla la picota el escribirlo, tan poco interesante para mí pero en teoría tan maravilloso como Philip K. Dick.

‘Desafío total’, realizada con todo el poderío de la industria norteamericana, con una música legendaria, grandiosa casi, del gran Jerry Goldsmith, goza de un cierto prestigio entre los aficionados al género y los cinéfilos en general, prestigio con el que nunca me he sentido identificado, pues siendo una película bien hecha, divertida y con momentos intensos, me parece muy por debajo de lo que podría conseguir el director. Ya lo decía el propio Verhoeven: “en Hollywood he hecho tres películas bastante buenas, y son ‘Robocop’, ‘Instinto Básico’ y ‘Starship Troopers’‘; el resto son muy inferiores”, y no es cuestión de llevarle la contraria. Creo que tiene toda la razón.

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Unas vacaciones movidas en el planeta rojo

La película posee una serie de ramificaciones, o al menos atisbos de ramificaciones, realmente muy interesantes, pero que quedan en nada a la media hora de metraje. Muy buenas ideas aplastadas por un espíritu palomitero y trivial que podría haberse desarrollado, como han hecho muchas buenas películas, en paralelo a las reflexiones de la más pura estirpe de ficción científica. Y creo que parte de culpa la tiene el propio actor protagonista, un Arnie bastante sólido en su papel, pero que en ningún momento puede establecer una conexión emocional con el espectador, porque su drama le resbala, siendo un personaje invencible y a menudo despiadado, que le pega un tiro a su mujer y suelta un chiste para rematarlo. Parece ser que con la excusa de que es el Arnie, tenemos que tragarnos todo lo que nos quieran meter. Y con lo fácil que era hacer las cosas bien, porque Quaid es un proletario pringao que quiere una vida que jamás podrá tener, y una agencia le permite una pequeña aventura con la que desquitarse de su gris existencia.

Este punto de partida, en manos de guionistas más esforzados que Ronald Shusett, Dan O’Bannon (ambos responsables del libreto de ‘Alien’, nada menos) o Gary Goldman, que trabajaron al alimón en la escritura, podría haber dado de si muchísimas más posibilidades de las desarrolladas en la pantalla. Hay algo trágico en Quaid, en cómo desprecia a una mujer así (Sharon Stone en plan salvaje), en cómo busca desesperadamente una salida, aunque sea falsa, y en cómo todo se vuelve contra él. Había posibilidades ahí de hacer a un personaje muy complejo, y a una serie de situaciones kafkianas y tremendamente psicológicas, que quedan en jugueteo de tebeo barato de aventuras, cuando esto daba para ser una grandiosa aventura de ficción científica en la que nada es lo que parece.

La película está bastante bien hecha, con un ritmo que no decae en ningún momento, y ha envejecido relativamente bien, dadas las circunstancias. Y las circunstancias son que dado su carácter de película de gran presupuesto, sólo el diseño de producción de William Sandell, tan retrofuturista como envolvente y hasta freudiano, impiden que esta serie B con infulas de gran espectáculo se sostenga hoy día. Pero Verhoeven, por suerte, lo entendió a la perfección, cogió ese simplista libreto de espionaje en Marte y le otorgó su capacidad para la atmósfera y su intensidad expresiva, dirigiendo a los actores de manera muy eficaz, destacando entre todos ellos, como no podía ser de otra manera, el brutal Michael Ironside, que aunque corriendo le falta estilo (por decir algo, ejem) basta una mirada trepanadora de las suyas para meter mal rollo a la secuencia como el que respira.

Hay mucha acción en este ‘Desafío total’, aunque a menudo exagerada y sin sentido, como la persecución en el metro en la que bastan dos ejemplos: 1. Arnie atraviesa un detector de armas, una especie de cristal con Rayos X, y saltan las alarmas. Como la policía entra por un lado y los que le quieren liquidar se acercan por el otro…voilá, atraviesa el cristal (por supuesto sin hacerse un rasguño), y aún podemos a la policía, si tenemos el ojo veloz, quedarse quieta sin hacer nada. 2. En las escaleras del metro, Arnie las sube, pero arriba le esperan tres tipos armados, mientras Ironside y su compañero suben tras él. Se organiza una carnicería salvaje, con disparos que mutilan; Arnie, incluso, se hace con un escudo humano, prácticamente descuartizado y, milagrosamente, sale ileso.

Pero también hay alguna secuencia brillante, aunque no muchas, como la del recuerdo inducido por el mutante Kuato (que es cierto que es clavado a cierto importante político catalán…), con genial música de Godlsmith, en la que Quaid regresa al pasado y rememora sus conocimientos sobre la arquitectura alienígena que puede crear una atmósfera, el “cielo azul”, en Marte. Pero el conjunto es demasiado banal, demasiado lineal, sin demasiadas sorpresas (¡en un filme de espías desmemoriados!), con una violencia que parece de chiste de lo bestial que es. Verhoeven es un director brillante, que puede, y ha llegado a hacer, cosas mucho más importantes que esta, sin ir más lejos, ‘Instinto básico’. Esta película de ficción científica, un género que Verhoeven en verdad detesta, está bien hecha, divierte y es frenética, pero está por debajo de él.

Post Data obligatorio

Fijándose un poco, si somos malvados, esta película termina mal. No es sólo que la aventura de Quaid es todo lo que él pidió en la Agencia Recuerdo Total, sino que, si nos fijamos, antes de sufrir un embolismo esquizoide, el que le injerta el recuerdo dice “¡wow!, cielo azul en Marte!”, y la chica que él pide para correrse una aventura es la propia Melina, cuya cara aparece en el ordenador. Si realmente no es un sueño, si realmente, tal como le dice el doctor, está atrapado en su sueño, todo tiene coherencia. Es imposible, de otra forma, que ese tipo sepa que habrá cielo azul en Marte. Besa a la chica, se acaba el sueño, y está lobotomizado.

Paul Verhoeven en Blogdecine:

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