'El señor de los anillos: La comunidad del anillo' (y 2)

“Algunos que merecen vivir, mueren. Y algunos que merecerían morir, viven”

-Gandalf (Ian McKellen)

Después de la primera parte de la película, que concluye, desgraciadamente, con la escena peor interpretada, peor dirigida, y peor montada, la del Concilio de Elrond, pasamos a una segunda parte que es mucho más intensa y emocionante. Realmente, empieza una nueva película, cuando ya por fin la Compañía del Anillo ha sido formada. Podría decir que el momento en que todos se unen a Frodo queda muy poco emocionante y bastante sensiblero (no es lo mismo), y que la partida del grupo está dirigida con una autocomplacencia recalcitrante, como autoconscientes de la importancia de la película, en lugar de mostrar algo más verdadero.

Eso sí, antes hay una bonita escena protagonizada por Ian Holm, cuyo Bilbo vuelve a atisbar el anillo por última vez, y por desgracia (o por suerte, porque fue eliminada del montaje para cines) una escena absolutamente prescindible entre Elrond y Aragorn. Para intentar apretar tanto material en tres horas, Jackson se lo toma con calma para que empiece la aventura. Luego, cuando el grupo abandona Rivendel y empieza a escalar montañas, lo filma todo en elipsis consistentes en planos de paisajes. La verdad, una decisión, cuanto menos, cuestionable.

También quitaron de la edición de cines, el momento en que Frodo decide ir a la izquierda del camino de Rivendel, para dirigirse a Mordor, un momento bastante absurdo, supongo que para evitar algunas risas en los cines. La elipsis de planos de helicópteros (con la que nos escatiman el corazón de la novela: el viaje en sí mismo), termina con la primera parada en el camino (indicio del estatismo de la película), en la que decidirán, dando que los Crebain (cuervos gigantes) de Mordor vigilan el camino, tomar el paso de la enorme montaña Caradhras. Aquí por fin hay un buen momento, cuando Boromir (qué buen actor es Sean Bean), coge por un instante el anillo, y Aragorn le pide que lo devuelva. No era un momento necesario, pues ya nos imaginamos los deseos de Boromir hace bastante tiempo, pero está bien dirigido.

Las minas de Moria, el mejor pasaje de la película

Vencidos por el Caradhras, que en la novela era una montaña con vida propia, deciden por supuesto, tomar el paso de las minas de Moria, y aquí comienza el bloque más afortunado de la película. La secuencia de la entrada por la puerta oculta tiene el sabor y el espíritu de la novela, aunque la secuencia de acción con el kraken guardián es aquí mucho más larga. Es una secuencia bien resuelta, aunque entre la oscuridad y la velocidad, por momentos se ve bastante poco de lo que está sucediendo. Los efectos ya han quedado bastante caducos, aunque el diseño del kraken impresiona.

Sin duda, este bloque podría haber sido un poco más interesante, si Jackson ofreciera una puesta en escena algo más enérgica, que sólo ofrece a ratos. Durante bastante rato, se limita a mostrar el viaje en plano general de los personajes, rodeados de roca viva y construcciones en ruinas bajo la montaña, cuando en mi opinión hacía falta un buen uso del plano subjetivo, y una narración más ágil. Algo similar sucede en la reciente ‘The Road’. También con Viggo Mortensen. Pero la cosa mejora mucho, primero con un bello diálogo entre Gandalf y Frodo, que de alguna manera anticipa la pronta muerte del mago, y que es la mejor secuencia de Ian McKellen, que está impresionante.

Luego, con la bella secuencia de los pilares de Moria, y a continuación con la crucial de la tumba de Balin. Hay mucho sentido de la atmósfera, aunque la planificación me parece bastante arbitraria. Eso sí, la secuencia de acción que se desarrolla allí es muy buena. Por un error de Pippin, los orcos les encuentran. Antes de que entren en la sala, Jackson pone música de Shore, pero una vez comienza la masacre, la música desaparece, y la secuencia funciona. Milagro. La escena contiene una violenciai salvaje y un caos muy bien mostrados por Jackson. Se echa de menos este talento en otras secuencias de batallas. Y hay algo interesanten en el enorme troll al que vencen a duras penas: como una criatura patética que al final provoca compasión.

A partir de esta secuencia, y hasta que abandonan Moria, no hay tregua para el espectador. Corren hacia la salvación del puente de Khazad-Dûm, y por una vez los planos aéreos o veloces de Jackson funcionan, mostrando en contrapicado el advenimiento de miles de orcos que surgen como cucarachas de las grietas de la roca. Una imagen muy poderosa. Les rodean, pero claro, llega el Balrog. Aqui Jackson y sus guionistas se inventan una divertida variación, muy ingeniosa, respecto a la novela, que es el episodio de las escaleras de piedra, suspendidas sobre un abismo de lava, las cuales se resquebrajan por los golpes del Balrog, mientras los orcos les disparan flechas. Hay mucho dinamismo y mucha emoción en este momento, que entronca de forma enérgica con la lucha contra el Balrog en el puente.

El combate entre el Balrog, un ser enorme de fuego, con un látigo flamígero, y Gandalf, tiene todo lo que podía pedir a este momento. Y los coros salvajes de Howard Shore amplifican aún más la intensidad. Todos sabíamos que Gandalf caía al abismo, pero hay un algo de profunda tristeza en la despedida. Esto es épica de la buena. Y la mirada del grupo, el golpe anímico, es muy creíble y muy verdadero, si bien el momento de lágrimas en el exterior de las minas, queda bastante sentimentaloide. Bastaba con la preciosa música de Shore.

Lórien, horterada y colorines

Y lo malo no es eso, sino que pasamos a uno de los bloques más aburridos e insustanciales de toda la trilogía, que es la parada del grupo en el reino de Lothlórien, donde conoceremos a Galadriel, interpretada por la bella Cate Blanchett. No me acaba de convencer el tratamiento que hace de los Elfos el director, pues no se aleja demasiado de esa imagen hortera y divina que tantos creadores o dibujantes les han otorgado, restándoles toda fuerza dramática, aunque he de decir que la cosa mejora en ‘Las dos torres’. Pero lo malo de esta parte es que no hay una progresión, ni una hilazón con el episodio de Moria, parece simplemente un episodio desgajado del resto. Por supuesto que ahora era necesaria una parada dramática, pero Jackson no es un cineasta portentoso capaz de conseguir que esta necesidad dramática para el espectador, también lo sea para los personajes.

Si cuando llegamos a Lorien, el director se dedica a fascinarnos con la escenografía y el ambiente, en lugar de mantenerse fiel al estado anímico de los personajes, el fracaso es total. Así de fácil. La saturación de colores y luces, la música sin descanso, saturan al espectador, y nos alejan de lo que es verdaderamente importante: la verdad interior del grupo, que se ha quedado sin líder. Además, en Lorien tendremos una escena sencillamente estúpida, que es la prueba que pasa Galadriel al rechazar el anillo. El instante en que Frodo puede ver en qué se convertiría la reina elfa si lo aceptase, es una horterada de grandes dimensiones: un viraje a negativo, con tonos verdes, y la cámara ralentizada, y la voz transfigurada. Un horror, digno de fantasía de serie B, como ‘Conan, el destructor’.

En la edición extendida, todavía duraba más la estancia en Lórien, con los regalos de Galadriel. Suerte que en la película de cines salen mucho antes de allí, y se dirigen hacia el final de la película, que por suerte es uno de los más inspirados de toda ella. En Lórien, Jackson fracasa a la hora de dar continuidad interior, ritmo en defintiva, al drama de Boromir y Frodo, de Aragorn, de todos ellos. Mucha ligereza, sin intensidad emocional, más allá de manipulaciones sentimentales.

El formidable tramo final

Y eso que empieza con una de esas decisiones de montaje como poco cuestionables, o directamente una equivocación y un horror estético: el descenso por el río de las barcas en paralelo con la persecución de los orcos de Saruman. Podría haber sido una buena idea, quizás, aunque resuelta de otra forma, y no con una falsa intensidad basada en los cortes de montaje. Y una vez más con la cámara espantosamente ralentizada. Es un intento de Jackson de hacer visual la persecución, pero los cortes/fundidos quedan de escuela de cine, de director sin sentido visual ninguno.

La cosa mejora mucho cuando sobrepasan los Argonath, enormes estatuas que dan la bienvenida al mundo de los hombres, y en la crucial escena de la orilla. Se respira la tragedia, sin duda. Y cuando Boromir finalmente traiciona a Frodo (una secuencia muy bien interpretada), el final se precipita con naturalidad. Los orcos les sorprenden y tenemos una gran batalla, muy ágil y muy dinámica, filmada con poderosa energía por Jackson y su equipo, con la bella y dolorosa muerte de Boromir, a manos de un salvaje orco que mantendrá un combate a espada, muy bien filmado, contra Aragorn.

Ese combate es todo lo sangriento y bestial que requiere el momento, o más incluso. Y la despedida de Aragorn a Boromir nos devuelve el espíritu de la novela en toda su pureza. Es un momento realmente emocionante. Como emocionantes son las últimas palabras de Aragorn, dejando a Frodo irse con Sam, y decidiendo ir en busca de Merry y Pippin, cautivos por los orcos. En comparación me convence mucho menos el momento de Frodo, llorando con el anillo en la mano, a la orilla del río. Y tampoco cuando Sam casi se ahoga por no abandonarle. Pero ya la película ha concluido.

Conclusiones

Jackson filma una película de aventuras más que digna, con buenos momentos, aunque también con momentos bastante pobres. Abundancia de elementos de fantasía, no siempre bien ordenados y homogéneos. Un poco caos en el diseño y en el aspecto general. Los actores, en general, bastante bien, salvo espantos (Orlando Bloom), o secuencias aisladas dirigidas con desgana.

Podemos decir que esta película es un comienzo prometedor de la trilogía, que se va asentando a medida que avanza, y que tiene pasajes bellos e inspirados. Ni por asomo la obra maestra que algunos quieren ver en ella.

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