'Godzilla Minus Zero' tiene las escenas de kaijus más espectaculares de la historia del cine. Ojalá no estuvieran rodeadas de un guion tan insulso

Godzilla

Los monstruos impresionan en esta secuela de la saga que dirige Takashi Yamazaki, pero los personajes humanos son demasiado sosainas

Randy Meeks

Editor

Si solo ves películas de Godzilla esperando el gran enfrentamiento y las secuencias de destrucción, lo más posible es que acabes dormido antes de que pasen, porque los japoneses, especialmente antes de convertir a los kaijus en un icono pop, siempre han dado más importancia a la interacción entre humanos que explica y da sentido al reguero de catástrofes. Normalmente no me quejo de estas escenas: sirven o bien como contrapunto, o bien como necesaria explicación, dando contexto y recordando que tras las casas destrozadas y los rayos gamma hay personas tratando de sobrevivir. Sin embargo, en ‘Godzilla minus zero’ han marcado todo el metraje… para muy, muy mal.

Es kaiju, como el agua de mi fuente

No voy a llamar a engaño: las secuencias donde Godzilla y King Ghidorah se enfrentan, además de sus momentos individuales de caos, son maravillosas, lo mejor y más espectacular que nunca se ha hecho con estos personajes y que deja en entredicho totalmente al Monsterverso: ha costado entre 10 y 15 millones y aparenta diez veces más. El nacimiento del monstruo de tres cabezas es simplemente épico y su director, Takashi Yamazaki, no ha escatimado en violencia, desmembramientos y rayos de energía. Una gozada digna de aplauso constante.

Todos sabemos que no vamos a ver ‘Godzilla Minus Zero’ esperando señalar un estupendo conflicto socio-político o unos dramas personales sobrecogedores, pero en su película anterior, ‘Godzilla Minus One’, su director logró que la tragedia humana hiciera que la lucha monstruosa pasara, por momentos, a un segundo plano. De hecho, entendió que cuando este tipo de películas le dan todo el protagonismo a los kaijus, sus escenas acaban siendo menos potentes porque necesitan un equilibrio con las de los humanos. El problema es que la mezcla casi milagrosa de la primera entrega aquí se pasa hasta un límite insoportable.

Confiando en sus habilidades narrativas, ‘Godzilla Minus Zero’ lo apuesta todo a unos personajes que no paran de explicar todo lo que están haciendo y, pese a todo, resultan confusos en sus acciones, creando escenas interminables que distan mucho de los matices otorgados en la precuela. Hay demasiadas tramas abiertas, demasiados conflictos y demasiado drama innecesario, casi como olvidándose de que el plato fuerte no es la estereotipada y aburrida relación entre Koichi, Noriko y su hija, sino el enfrentamiento entre Godzilla y King Ghidorah y la supervivencia humana. No es que peque de repetición o de falta de novedad: es que sus dinámicas han empeorado notablemente al bajar la épica.

God, Zilla te lo dije

Por ‘Godzilla Minus Zero’ desfilan todo tipo de personajes, cada uno con su trama personal y su evolución, algo que a priori es positivo… salvo por el hecho de que Yamazaki parece haberse olvidado de crear sentimientos reales entre ellos, centrándose en los meros clichés y creyendo, de verdad, que Godzilla es un mero mecanismo narrativo, un segundón en lugar del protagonista de su propia película. Cuando sale, en unas maravillosas secuencias de acción (con una banda sonora fantástica), todos los problemas del guion se nos olvidan y simplemente nos limitamos a disfrutar de la experiencia, pero es frustrante tener “premios de consolación” tras lo bien armada que estaba ‘Godzilla Minus One’.

Eso sí, las dos grandes set pieces son, simplemente, las mejores escenas de acción jamás vistas en una película de kaijus. La violencia exacerbada, la preparación para los ataques, la estrategia humana para plantarles cara… Yamazaki deja claro lo que sabe hacer cuando un presupuesto limitado se usa con inteligencia. Es epicidad multiplicada por infinito, en unos planos que beben del anime, del legado del cine de kaijus y (por qué no) del cine de desastres yanqui, pero al mismo tiempo parecen completamente nuevos. Una auténtica barbaridad monstruosa. 

‘Godzilla Minus Zero’ cae en la trampa del nuevo Hollywood de repetir una y otra vez lo que está pasando para que nadie se pierda, en interminables conversaciones que no sirven para entender mejor a los personajes (eso ocurre en unos flashbacks imperdonables), sino para subrayar conceptos francamente simples. Aunque aún subyacen algunos conceptos interesantes de post-guerra (ese travelling magnífico en Hiroshima, ese orfanato con niños sin suerte, esa vergüenza al ver aviones americanos), esta película no logra explotarlos, creando una curiosa dualidad: es más espectacular que la anterior, pero cuando los fuegos artificiales cesan, lo que queda es plano e insípido. Habrá que ver qué pasa en la inevitable tercera entrega. Porque sí, la habrá. Vaya que si la habrá.

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