Guillermo del Toro: 'Blade 2'

El cazador de vampiros Blade (Wesley Snipes) debe firmar su más peligosa alianza con sus enemigos para terminar con una amenaza superior, la de una raza más poderosa de chupasangres que amenaza con destruir la ya de por si frágil y violenta coexistencia entre humanos y vampiros. Cuando este depredador amenaza a los propios vampiros, Blade une fuerzas con una princesa (Leonor Varela) para llevar a cabo su batalla, aunque pronto los sentimientos se interpondrán en su camino y también las traiciones.

Nadie podía esperar que tras la amarga experiencia de 'Mimic' (id, 1997) y el agradablísimo cuento de fantasmas 'El espinazo del diablo' (id, 2001) iba Guillermo del Toro a ser el encargado de firmar 'Blade 2' (id, 2002), secuela del éxito que dirigió en 1997 Stephen Norrington partiendo del personaje tebeístico de la Marvel Comics, parte fundamental de la escuadra más oscura del sello, que incluye, entre otros, al Motorista Fantasma o la propia versión de Drácula.

Pero Del Toro aceptó las riendas del encargo y visto con el tiempo, parece esta película un ensayo, uno bastante potente, sobre los modales de un director al que no le ha temblado jamás la mano para sumergerse en los terrenos del blockbuster pero que, irónicamente, ha ganado mayor aprobación de la audiencia cuanto más personal, y menos aparatoso, es su proyecto.

Del Toro empezó con una linda y gótica y triste historia de vampiros llamada 'Cronos' (id, 1993), acaso su más insolente y poética y violenta película todavía, porque aunque luego hizo películas, y algunas de ellas llenas de poesía y violencia y hasta algo de insolencia, ninguna fue tan sorprendente ni refrescante como la primera. Así que ver a Del Toro hacer una película de vampiros y superhéroes en un tiempo todavía previo o todavía primigenio respecto a la superproducción con personajes de tebeos fue una sorpresa, un descanso y una aceptable decepción.

¿Por qué uso este término, aceptable decepción? Nadie puede negar el cambio visual respecto al director de la primera. Añade Del Toro influencias coreográficas del cine de Hong Kong, pero del tardío, de la generación de Corey Yuen y Tsui Hark y no del clásico de la Shaw Brothers, y dota de una imagen característica suya, facilitada por su operador habitual, el talentoso Guillermo Navarro, lustrosa y llena de claroscuro.

Pero se pierden cosas, claro. ¿Qué código escoge Del Toro para su aventura marvelita? El de otro marvelita, aunque no necesariamente relacionado con el cazador de vampiros afroamericano, sino con la patrulla X, porque el argumento de esta película es muy parecido, por no decir idéntico, al tradicional arco de Chris Claremont en el que Magneto y sus adversarios liderados por Charles Xavier deben aunar fuerzas para vencer a un enemigo mayor y en el que en el último acto, descubrimos que toda alianza no es solamente frágil sino también mentirosa, pues siempre hay intereses que por el bien de la alianza conviene no desvelar, o por el bien del egoísmo de quien lleva a cabo la traición.

Al añadir una historia de amor con la princesa, da al personaje algo de halo romántico, pero apenas tiene peso esa historia y queda todo como una agradable simplificación bien servida por una banda sonora todavía llena de hitazos de trip hop, dancehall y demás, muy propio para un Wesley Snipes que siempre me ha parecido que destilaba aquí el arquetipo del terror para la generación bakala criada en la épica del polígono industrial.

Pues bien, esta película no merece tampoco mayor severidad, pero sin embargo uno desearía que tras toda la efectividad y las bromas, en prólogos y epílogos, hubiera también algo más de imaginación desbocada como la de su primera película, y que a Snipes no le pesara tanto la elección de Del Toro que pareciera que sencillamente hubiera escogido un director para barnizar su película y no para hacerla. Pero se deja ver, claro está y todos sabemos que mejor fiarse del cazador antes de que salga el sol, además ¿cuantas películas cuentan con artes marciales, héroe afroamericano y princesa latina? También Del Toro celebraba la exuberancia de otras maneras y bien está.

Especial Guillermo del Toro

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