'Ira de Titanes', apocalipsis celestial

Confesar que sientes especial predilección por los blockbusters te convierte en poco menos que un paria para determinados amantes del medio cinematográfico. No se cansarán de repetir que son historias mecánicas que siempre cuentan lo mismo (y encima mal), y que no te ofrecen nada que suponga un auténtico reto para nuestro cerebro. Muchos de esos son los mismos que alaban cualquier obra que sea diferente, y te podrán dar motivos muy variados, pero la sensación que queda es que con ser nuevo ya es suficiente para merecer sus reverencias. Personalmente, siempre he tenido cierta debilidad por los blockbusters, ya que creo que lo único en lo que jamás puede fallar una película es su capacidad para entretener al espectador. De hecho, no tengo problema en decir que ‘La Roca’ fue mi película favorita durante bastante tiempo, y podría recurrir a la inconsciencia de tener 12-13 años cuando la vi por primera vez, pero no lo haré. ¿La razón? ‘La Roca’ sigue siendo hoy en un día un espectáculo palomitero de primer nivel con el que disfrutar de lo lindo mientras la ves pese a varios fallos habituales en este tipo de producciones.

Es cierto que actualmente cada vez cuesta más encontrar películas de este tipo que cumplan tan bien su (casi) única misión de hacerte pasar un buen rato en el cine. El año pasado encontré una y no me faltaron las críticas por incluirla entre los mejores estrenos de 2011. El problema es que cada año se estrenan también varios blockbusters que se encuentran entre lo peor que llega a los cines y esa tendencia se está agravando cada vez más. No faltan tampoco los que se quejan de que la gente se ensañe con ese tipo de productos, pero no queda otra si cintas como ‘Transformers: El lado oscuro de la Luna’ o ‘Furia de Titanes’, remake del film homónimo de 1981, te resultan un disparate sin pies ni cabeza y encima te aburren de lo lindo. Eso sí, no por ello uno ha de convertir en un prejuicioso que desprecie este tipo de propuestas, ni siquiera cuando sea una secuela de una película que te ha parecido un completo despropósito. Por ello, no tuve reparos en ir a ver ‘Ira de Titanes’ (o ‘Furia de Titanes 2’, si lo preferís así). La cuestión ahora es: ¿Consigue ‘Ira de Titanes’ compensarnos la enorme decepción que supuso ‘Furia de Titanes’ o estamos ante otro producto no ya de usar y tirar, sino casi ofensivo por su baja calidad?

Una de las cosas que vieron claras en Warner a la hora de hacer la secuela fue la necesidad de cambiar de director, y eso que supuestamente Louis Leterrier sólo consiguió luz verde para rodar ‘Furia de Titanes’ tras prometer que se haría cargo de dos entregas más. Sin embargo, alguien tenía que ser la cabeza de turco para que los espectadores que salieron de ver la primera película con la sensación de haber sido estafados pudieran aceptar la idea de ver una segunda parte. Eso sí, no es que hayan optado por un realizador con una gran carrera a sus espaldas al optar por Jonathan Liebesman, especialista en rodar película que oscilan entre lo lamentable (‘En la oscuridad’) y el mero pasatiempo insustancial (‘La matanza de Texas: El origen’). La gran esperanza era que en ‘Invasión a la Tierra’ demostró cierta habilidad para la puesta en escena (mejor olvidar el resto de aspectos de esa cinta, eso sí) y que supiera trasladar esos méritos a un blockbuster de corte más tradicional. No lo ha conseguido.

Liebesman se muestra incapaz de insuflar un mínimo de épica a lo que cuenta para así lograr una mayor inmersión emocional del espectador en la historia. Además, muestra ciertas inconsistencias a la hora de ejecutar algunas escenas de acción, siendo el ejemplo más claro la pelea entre Perseo y el minotauro: Breve, confusa e incapaz de transmitir una clara sensación de peligro. Sencillamente parece que es un bicho irrelevante al que vence el protagonista. Más allá de eso, las batallas resultan un tanto insulsas (en especial por la brevedad de las mismas o por la forma de resolverlas) y la progresión dramática de la función es, siendo generosos, un tanto discreta. Echarle de esto último a Liebesman sería injusto, ya que él es consciente de las limitaciones del material con el que juega y al menos no se extiende en situaciones de grandilocuencia verbal, logrando también que ninguno de los personajes, por muy endebles que tiendan a ser, resulta realmente cansino. Vamos, no logra el milagro, pero supera holgadamente el trabajo de Leterrier en ‘Furia de Titanes’.

El guión suele ser la faceta más criticada de producciones como ‘Ira de Titanes’, y lo cierto es que el libreto de David Johnson (‘Caperucita Roja. ¿A quién tienes miedo?’) y el debutante Dan Mazeau no va a ser el que quite ese mala fama. Eso sí, hay que reconocerles varios aciertos como obviar unos cuantos elementos mitológicos de la primera entrega, construir una historia con un mínimo de consistencia y evitar el exceso de situaciones estúpidas. A cambio tenemos una estructura narrativa que no podría ser más repetitiva (El esquema Hay que rescatar a alguien-En la búsqueda surge un peligro-Lucha contra monstruo se repite hasta el delirio), unos personajes que en su mayoría tienen una personalidad igual de profunda que las figuras que tengo yo en mi estantería y una clara incapacidad para ofrecer algo remotamente novedoso al espectador. Por no hablar de la estupidez de la saga a la hora de revelar de antemano que el gran monstruo final que el protagonista tiene que evitar que escape consigue su objetivo para dar pie a una batalla final de baratillo.

Es innegable que el 3D de ‘Ira de Titanes’ es una mejora sustancial respecto al de su predecesora, pero hacerlo peor en ese apartado estaba francamente complicado. En esta ocasión, el 3D es una adición que no aporta nada, pero que tampoco va a provocar dolores de cabeza. El uso de los efectos visuales también tiene cierta mejora, pero la cuestión es que estos funcionan mejor cuando no están al servicio de una nueva criatura con la que epatar al espectador. Sus mayores logros están en las creaciones del personaje de Hefesto, en las cuales uno puede palpar cierta imaginación que, por lo demás, está ausente. Ojo, sí que veréis a criaturas visualmente trabajadas, pero se abusa tanto de ello que acaban saturando. Cuando se llega al gran monstruo final a uno ya le da todo igual.

Uno de los puntos que invitaba al optimismo con ‘Furia de Titanes’ era el hecho de que contaba con un reparto que parecía equilibrar rostros de moda con actores de talento contrastado, pero eso se quedó en mera teoría, ya que el resultado final fue un absoluto desastre: Personajes vacíos coronados por actuaciones dignas de obligar a una jubilación forzosa a los actores. Y la cuestión es que para ‘Ira de Titanes’ se mantiene a varios de los que aparecieron en la primera entrega, pero esta vez el bagaje es algo más positivo. Empezamos por un Sam Worthington que esta vez hasta parece estar cercano a tener un ligero carisma en alguna escena. Es casi inexistente, pero ya es todo un progreso para el protagonista de ‘Avatar’. La mejora es más sustancial en el caso de Liam Neeson y Ralph Fiennes como Zeus y Hades, ya que consiguen imprimir algo de personalidad a sus celestiales personajes, en especial Neeson. Esto puede no pillar por sorpresa a nadie, pero es que ambos estaban también espantosos en ‘Furia de Titanes’.

Entre las novedades, Toby Kebbell y Rosamund Pike son las grandes adiciones al completar el trío protagonista con Worthington. El primero no molesta demasiado como alivio cómico y la segunda, por mucho que en realidad no sea más que el interés romántico de Worthington (afortunadamente no se incide mucho en ello), al menos tiene un papel de mujer fuerte y segura de sí misma que no se traiciona a sí misma con el avance del metraje. Algo es algo por mucho que sean unos personajes de cartón piedra con poco que aportar. Más desafortunado es el caso de Édgar Ramírez como Ares, el auténtico artífice de la traición que puede acabar liberando a Cronos, ya que no transmite nada más allá de un cabreo perpetuo. Cero carisma y ganas de que desaparezca de pantalla nada más aparece. A cambio sí que resulta agradable la presencia de Bill Nighy como Hefesto, ya que consigue un buen balance entre comicidad y carga dramática, algo que, por lo demás, no está bien logrado en ‘Ira de Titanes’.

En definitiva, ‘Ira de Titanes’ es un entretenimiento vulgar que apenas sirve para pasar el rato si no tienes un día muy exigente cuando la ves. Las mejoras con respecto a ‘Furia de Titanes’ son sustanciales: Una historia que al menos tiene algo de coherencia, un 3D que, aunque sin aportar gran cosa, no es una estafa, cierta mejora en algunas actuaciones y la reducción de los discursos grandilocuentes que sólo aportaban sopor a la primera entrega. Sin embargo, el guión es muy repetitivo y mejorable, el director no sabe aprovechar el potencial espectacular del relato y el destino de los personajes nos importa bien poco. Quizá en una hipotética tercera parte (Propongo ‘Cabreo de Titanes’ como título) salga la entrega buena, aunque por ahora tenemos que conformarnos con un producto que no ofende como sí lo hacía su primera entrega, pero que se va a olvidar nada más abandonar la sala.

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