'Iron Sky', los nazis de la luna

Son muchas las veces que me he quejado sobre la preocupante falta de ideas nuevas que hay en el cine. Que si remakes, reboots, spin-offs o secuelas, y eso por no hablar del aluvión de películas clónicas (¿Tres cintas sobre Blancanieves en menos de un año?) o de la sobredosis de superhéroes que nos espera en los próximos años (y es que la inevitable ‘Los Vengadores 2’ no es más que la punta del iceberg). Sin embargo, de cuando en cuando aparecen cintas que apuestan por algo diferente, ya sea a nivel formal (donde se tiende a alabar en exceso todo lo que sea a ir contracorriente) o por argumentos que, a menudo, tienen que optar por lo disparado para que no nos suene a algo ya visto mil veces. Ese es el caso de ‘Iron Sky‘.

Imagino que seréis varios los que recordaréis un post de mi compañero Juan Luis en el que nos comentaba la aparición del tráiler de esta película en la que los nazis mandaron a la luna una nave en los estertores de la II Guerra Mundial para regresar en el momento adecuado y proceder a la dominación mundial. Y es que, guste o no la absurdez de la misma, se trata de una premisa muy llamativa que parecía destinada a un despiporre de mucho cuidado que nos regalase un rato la mar de divertido, pero no ha sido el caso.

El problema principal de ‘Iron Sky’ es que el guión de Michael Kalesniko es incapaz de encontrar el tono adecuado para lo que cuenta. Por una parte, tenemos claros elementos de sátira a través del intento de frivolizar con un personaje que recuerda demasiado a Sarah Palin. Sin embargo, la cosa no falla por ser demasiado obvio, sino porque todas las bromas que se hacen a su costa son una mezcla de tópicos, previsibilidad y falta de inspiración. Además, el hecho de ser una figura que ha sido parodiada hasta la saciedad (memorable fue la que hizo Tina Fey) hace que sus debilidades sean más evidentes. Por otro lado, el retrato de los nazis nunca termina de ser o amenazador para creernos que pueden dominar el mundo o delirante para que, pese a su relativa incompetencia, uno disfrute con lo que ve.

Y es que la perdición definitiva del guión es que consigue que ‘Iron Sky’ no termine de tener claro lo que quiere ser una vez queda claro que como comedia no termina de despegar el vuelo: Su obvia naturaleza como pastiche de ciencia ficción me hace pensar en ciertos seriales televisivos ya en el olvido en los que había que introducir giros sorpresivos al final de cada breve episodio (muchas veces no llegaban ni a los 15 minutos) para mantener enganchado al espectador. Cierto que luego esos giros se revolvían de forma muy timadora la mayor parte de las veces, pero así al menos se conseguía transmitir la sensación de que están pasando cosas, mientras que en ‘Iron Sky’ la acción transmite la sensación de estancarse durante mucho rato, como si la historia hubiese tenido que alargarse de alguna forma para que el metraje fuese el suficiente para ser un largometraje.

Otro punto conflictivo de ‘Iron Sky’ son los personajes, ya que el caso de Sarah Palin no es una excepción, sino el más llamativo a la hora de ver que algo falla. Tenemos a la nazi ingenua y a su novio, el nazi creyente, que no funcionan para nada. La primera por absurda (sin llegar a explotarse bien las posibilidades cómicas de ello) y el segundo por su rigidez, algo que caracteriza a todos los integrantes de esta invasión lunar. Y es que el personaje que sufre una mayor transformación a lo largo de la historia es el de Christopher Kirby, al que pudimos ver en las dos secuelas de ‘Matrix’ (la primera discreta y la segunda directamente un horror), y es un cambio irrelevante en términos de actuación. Eso es algo que contagio a unas interpretaciones que oscilan constantemente entre lo monótono y lo meramente correcto.

En cambio, sí que resulta imprescindible reconocer los méritos de Timo Vuorensola en la puesta en escena y de su equipo técnico. Y es que si algo luce realmente bien en ‘Iron Sky’ es la ambientación y el acabado visual de la misma, ya que estamos ante una producción muy barata, pero que luce mejor que no pocas superproducciones que nos llegan cada año. Espero que Vuorensola cuente con un guión más elaborado para ‘I killed Adolf Hitler’, su siguiente trabajo que también cuenta con una singular premisa: Un par de asesinos a sueldo son contratados para viajar a 1927 y acabar con el gran líder del movimiento nazi. No tiene mala pinta, aunque, pese a su premisa, no llega al nivel de interés potencial de ‘Looper’ (de la que pudimos ver un nuevo tráiler hace bien poco), película que se ha convertido en la más esperada para mí de lo que queda de año.

En definitiva, ‘Iron Sky’ es una nueva muestra más de cómo desaprovechar un punto de partida con muchas posibilidades que luego acaba cayendo en tópicos suficientemente delirante para que la cosa realmente funcione. Sí que conviene salvar el apartado visual, bastante logrado para las limitaciones presupuestarias con las que contaba la película, pero eso es insuficiente si todo lo demás oscila entre lo mediocre (muy fallidos los aspectos de crítica hacia Sarah Palin y la política estadounidense) y lo aburrido (la relación entre el protagonista y la nazi disidente). Una pena, que cada vez abundan menos las propuestas tan surrealistas y prometedoras como la de que los nazis nos ataquen desde la luna.

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