'Operación Huracán': una mezcla terrible y demencial que se convierte en una gozada cuando entras en su juego

Mientras pensaba en cómo abordar la crítica de 'Operación Huracán' ('The Hurricane Heist'), recordé una anécdota. Hace una temporada presencié cómo un buen amigo, muy mallorquín él, echaba un generoso chorro de miel sobre una tostada cubierta de sobrasada que, para qué negarlo, tenía una pinta impresionante. Pese a sus promesas, en las que me aseguraba que el mejunje en cuestión estaba delicioso, no podía dejar de ver en aquella aberración culinaria una mezcla condenada al fracaso y que no podría funcionar bajo ningún concepto.

Finalmente terminé degustando el experimento y, contra todo pronóstico, me di de bruces con una grata sorpresa. Una inesperada explosión de sabor que, en primera instancia no resultó demasiado prometedora a la vista ni al paladar —ni tan siquiera lo era a nivel conceptual—, pero que poco a poco comenzó a transformarse en algo particularmente agradable para mis papilas gustativas.

Con 'Operación Huracán' ocurre algo parecido. Y es que el nuevo trabajo de ese experto en entretener al respetable llamado Rob Cohen, artífice de títulos como 'A todo gas', 'xXx' o la fantástica 'Daylight (Pánico en el túnel)', combina dos elementos tan dispares como el cine de atracos y el de catástrofes dando como resultado una gigantesca estupidez, deficiente en múltiples aspectos pero rabiosamente divertida, y a la que hay que tomar tan poco en serio como a la analogía con la que he arrancado esta reseña.

Seamos sinceros; 'Operación Huracán' es una firme candidata a cosechar un buen número de nominaciones —e incluso alzarse con alguna que otra estatuilla— en los Premios Razzie 2019. Sus personajes son idiotas, planos y carentes de interés; sus diálogos, bochornosos en gran medida, invitan a perforarse los tímpanos con un objeto punzante como último recurso para dejar de escuchar sandeces; su demencial libreto, repleto de desvaríos, bien podría haber sido escrito por un mono con dos pistolas... El listado de defectos es interminable.

No obstante, entre todo el amasijo de clichés, protagonistas y situaciones que bien podrían haber salido de la producción más hortera y trasnochada de principios de siglo, se eleva un elemento que hace salir triunfante a 'Operación Huracán' de su particular paseo de la vergüenza: una autoconsciencia que convierte sus fugaces 100 minutos de duración en un digno pasatiempo en el que las carcajadas cómplices acompañarán al público predispuesto a entrar en su juego.

Rob Cohen no pretende dar gato por liebre en ningún momento. Desde sus primeros compases, el largometraje revela su condición de "serie B" con la única pretensión de bombardear el patio de butacas con frases lapidarias, riadas de efectos especiales y una acción ruidosa, destructiva y casi nostálgica, elevando los niveles de absurdo hasta alcanzar la más descerebrada genialidad —lo de utilizar tapacubos como arma mortal arrojadiza es, sencillamente, maravilloso—.

'Operación Huracán' no es, bajo ningún concepto, un filme ejemplar en términos de narrativa o dirección; lo cual no quiere decir que sea plenamente recomendable. Se que muchos podrían echarse —y se echarán— las manos a la cabeza ante esta afirmación; pero esta buena-mala película forma parte de ese selecto grupo de largometrajes que necesarios para sobrevivir al día a día, limitando nuestra actividad neuronal durante un par de horas mientras nos entregamos a los placeres más básicos, mundanos y en absoluto culpables.

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