'Peter Rabbit': un divertimento para los más pequeños que no olvida al público adulto

Seguro que no soy el único que muestra mucha cautela cuando tiene que ver una película orientada al público infantil. Y es que han sido tantas las veces que nos han dado bodrios insoportables con la excusa de que a los niños les va a gustar -y mejor no entro en la idea de tomarles por tontos simplemente por el hecho de tener esa edad- que uno ya no termina de fiarse demasiado.

Sin embargo, no tiene nada de malo que una película tengo a los niños como objetivo principal, ni tan siquiera que llegue a ignorar al resto de espectadores, aunque entonces es obvio que muchos preferirán no acercarse a ellas. Por suerte, ‘Peter Rabbit’ no es una de ellas, ya que este salto a la gran pantalla del personaje creado por Beatrix Potter es un divertido pasatiempo para toda la familia.

Sencilla y directa

‘Peter Rabbit’ no se anda con complicaciones, sabe exactamente lo que quiere contar y no quiere que el ritmo cambie en ningún momento. A eso ayuda que tenga una premisa sumamente sencilla que no esconde ninguna sorpresa a lo largo de su ajustado metraje. Todo queda limitado a las graciosas que puedan ser las ocurrencias del libreto firmado por Rob Lieber y Will Gluck, también director de la película, y el encanto de sus personajes.

Mi mayor temor es que el protagonista, que en la versión original tiene la voz de James Corden y en el doblaje español la de Dani Rovira, fuese a resultar irritante. Eso es algo que se mantiene durante los primeros minutos, balaceándose la impresión que transmite entre eso y cierta capacidad para engancharte por su cruce de valentía y temeridad. Conviene destacar entonces la breve pero muy efectiva aparición de Sam Neill como su primer gran enemigo.

La película consigue que sea lo segundo lo que acabe imperando y todo derive pronto en un enfrentamiento entre él y el personaje interpretado por Domhnall Gleeson. Ahí impera el humor directo y sin complicaciones, con multitud de recursos físicos -golpes, caídas, persecuciones, etc-. que sean sumamente sencillos de pillar por el espectador. Un humor blanco aunque con toques modernos -lo cual le valió para protagonizar una absurda polémica- con el que resulta difícil sacarte alguna carcajada, pero sí que te puede dejar con una sonrisa en la boca.

A ello se suma una notable cantidad de animales secundarios, a caballo entre lo divertido y el “a ver si funciona poniendo más”. Lo curioso es que esa tendencia a añadir muchos personajes sirve para que ‘Peter Rabbit’ encuentre un inesperado equilibrio y nunca llegue a abusar de los que mejor funcionan -aquí pienso sobre todo en el cerdo snob que no logra superar su instinto natural-, algo que sí habría sucedido en otras cintas similares.

‘Peter Rabbit’, cumplidora

No esperéis un prodigio al respecto, pero sí algo que convierte el visionado de ‘Peter Rabbit’ en una experiencia de lo más llevadera y que te va dejando con mejor sabor de boca según pasan los minutos por mucho que te veas todo venir, tanto en términos argumentales como en actitud de los personajes. Bueno, sí que hay un momento por parte de un simpático Gleeson en el que exterioriza su nueva actitud de una forma algo diferente a lo esperado, pero por lo demás ninguna sorpresa.

La cuestión es que Gleeson y una encantadora Rose Byrne comparten buena química y uno puede entender que surja la atracción entre ellos por mucho que tengan personalidades opuestas, y su floreciente relación va en paralelo a las trastadas que el conejo protagonista hace al primero y cómo él intenta tanto defenderse como librarse de ellos. Todo ello con un enfoque ligero y sí infantil, pero sin confundir esto por una sucesión de idioteces en la que todo vale.

Ahí doy parte del mérito a un Gluck al que el trabajo de puesta en escena tampoco le requiere demasiado. De hecho en términos puramente visuales lo más destacable son los momentos animados, bastante conseguidos, mientras que el resto del tiempo simplemente merece la pena destacar que evitar que todo resulte demasiado estático por mucho que la mayor parte de la película transcurra en el mismo -y reducido- lugar.

En definitva, ‘Peter Rabbit’ es una opción recomendable para ver una película en familia sin que ninguno de los presentes se retuerza incómodo en la butaca -igual con algún chiste puede pasar, pero me sorprendería mucho que sucediera de forma generalizada- esperando a que acabe lo antes posible. Sí que es muy probable que sean los niños quienes mejor se lo pasen, pero creo que el resto pueden acercarse a ella sin miedo.

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