Richard Donner: 'X-15', 'Sal y Pimienta' y 'Twinky', titubeantes comienzos (I)

Cuando me llegó la oportunidad de dirigir mi primera película no estaba preparado, pero la hicimos en unos 17 días.

"El rey de los pilotos". Así es como la industria de la televisión estadounidense llegaría a conocer a Richard Donner después de los tres lustros que el cineasta dedicó a poner en pie más de un centenar de episodios de series tan conocidas como 'The twilight zone' (id, 1959-1964), 'La isla de Gilligan' ('Gilligan's island', 1964-1967), 'El agente de la C.I.P.O.L' ('The man from U.N.C.L.E', 1964-1968) o 'Perry Mason' (id, 1957-1966), haciéndose merecedor del citado título debido a que cada vez que rodaba un piloto para una potencial nueva producción, ésta terminaba sindicada.

Pero antes de que esto sucediera, antes de que el nombre de Donner llegara a significar algo en las producciones para la caja tonta, al cineasta en ciernes que era allá por 1961 le llegó una oportunidad llovida del cielo: tras haberse granjeado la eterna enemistad de su antiguo amigo Steve McQueen en las filmaciones de 'Randall, el justiciero' ('Wanted: dead or alive', 1958-1961) y haber provocado que el temperamental actor consiguiera su despido, Donner era contratado como director de segunda unidad para una producción llamada 'X-15' (id, 1961).

No era, no obstante, el primer golpe de suerte que alcanzaba a este neoyorquino con déficit de atención que había soñado de joven con ser actor, ya que en su camino se cruzó primero George Blake, publicista para televisión que convertiría al joven en su asistente y le serviría de mentor en unos primeros pasos que le terminarían llevando a California para trabajar como director de anuncios de una importante empresa, lugar donde se encontraría con John Calley, productor de la NBC.

'X-15' era el proyecto de un tal Tony Lazzarino, un empresario de treinta y dos años al que la NASA le había dado inesperado acceso a un test de vuelo hipersónico sobre California, aprovechando éste para filmar extenso material que pretendía montar sobre una trama dramática en la que actores interpretaran a los pilotos en su vida privada. Vamos, algo así como lo que veinte años después haría Philip Kauffman con 'Elegidos para la gloria' ('The right stuff', 1983) pero con mucha menos fortuna.

Producida por Frank Sinatra y la United Artists con un considerable presupuesto de 2 millones de dólares, a Donner le sonreiría la suerte dos semanas antes del comienzo del rodaje cuando el director que inicialmente estaba ligado a la producción abandonaba el barco. Dick, un bromista empedernido, comentaba en su momento que "es de suponer que el director había leído por fin el guión" haciendo referencia, sin duda, al desastre en potencia que éste era.

Y es que si 'X-15' no funciona como filme es por su fuerte carácter documental, sirviendo la trama sobre los pilotos y sus relaciones sentimentales para evidenciar lo que la crítica de la época ya apuntaba en su momento, que la decisión de haber montado la cinta como un drama con el mundo de la aviación de fondo había sido un error tremendo de base cuando en realidad es todo lo contrario, un documental con un "dramita" de fondo.

Que la autoría de 'X-15' recaiga en Donner es una incomprensible decisión de producción cuando el material rodado por el realizador de 'Superman' (id, 1978) sólo ocupa un tercio del metraje, descansando el resto de la cinta en todo aquello que había filmado previamente Lazzarino y que se intercala con poca fortuna en una cinta que, aunque no aburre, declara su auténtica vocación de panfleto de reclutamiento cada vez que la voz en off de James Stewart comienza a desgranar las grandezas de los logros de la aviación americana en una época en la que "el comunismo aún estaba recogiendo los escombros de Stalingrado" —y no me he inventado la frase de marras, se escucha tal cual al comienzo de la cinta—.

Estrellada en la taquilla, Donner volcaba sus esfuerzos en las series de televisión para iniciar su etapa de oro en la pequeña pantalla, y no sería hasta siete años después cuando el séptimo arte volvería a llamar a su puerta, esta vez de la mano del tándem de cómicos formado por Sammy Davis Jr. y Peter Lawford, a los que el realizador había dirigido como estrellas invitadas en un episodio de 'Jim West' ('The Wild Wild west', 1965-1969). Impresionados por la energía que desprendía el director, las estrellas serían las responsables de que Donner volviera a la gran pantalla, una oportunidad que "se vió complicada por el encanto de una capital europea, muchas mujeres bonitas, y grandes cantidades de alcohol y drogas".

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