'San Andrés', no falla

Formulaica, predecible, estereotipada. Tres adjetivos que aplicados a 'San Andrés' ('San Andreas', Brad Peyton, 2015) describen a la perfección este blockbuster ceñido de forma estricta a los parámetros tanto del cine hecho para reventar taquillas veraniegas como de aquél perteneciente al género al que se adscribe lo último de Dwayne Johnson. Un género éste, el de catástrofes, sobre el que ya resulta imposible contar nada nuevo; hecho que la cinta protagonizada por la Roca aprovecha para no complicarse la existencia y ofrecer un entretenimiento tan estúpido como espléndido que no decae en ningún momento de casi sus dos horas de metraje.

Que quede claro por si las palabras anteriores pudieran llevar a malentendidos: en sus 114 minutos, 'San Andrés' es un ejercicio "modélico" de cine de mayorías que ni pretende mover a la reflexión ni sentar bases con respecto a la grandeza de, qué sé yo, su narrativa. Lo que Peyton ofrece es una producción construida de forma milimétrica para gustar a todo el mundo, no ofender a nadie —que no quiera ser ofendido a no ser que vaya buscando en la cinta lo que no es— y dejar en el espectador una grata sensación de haber visto ese tipo de cine que tan pronto se consume, se olvida.

Promesas cumplidas

¿Es esto una desventaja? Depende de cómo quiera analizarse. Sería predicar en el desierto el abrir aquí una suerte de disertación más o menos traída acerca de lo que se debe buscar en qué tipo de cine y lo que no. De hecho, quizás es hora —o quizás no, pero me va a dar un poco igual, espero que sepáis disculparme— de comenzar a dejar prejuicios de lado y determinar, ajustándose a ciertos estándares, si un filme de entretenimiento palomitero como éste merece la atención del público o si, por el contrario, es de esos que prometen todo "a tope" y después se quedan en agua de borrajas.

¿Y qué era exactamente lo que prometía 'San Andrés'? Mostrarnos los devastadores efectos de un seísmo que llegará a alcanzar 9.6 en la escala Richter asolando la costa oeste estadounidense —con Los Ángeles y San Francisco como focos principales de atención— mientras muestra la lucha por sobrevivir de dos grupos de personajes, la pareja formada por Dwayne Johnson y Carla Gugino y el terceto que conforman la bellísima Alexandra Daddario, Hugo Johnston-Burt y Art Parkinson. Eso, y efectos visuales a mansalva que tiraran a la cara del espectador cuantos más edificios, mejor.

¿Cumple la cinta con aquello que se veía en los trailers? Indudablemente. El circo de tres pistas que orquesta Peyton, y que queda completado por la presencia del carismático Paul Giamatti en la piel de ese científico que "sabía que esto iba a pasar", es un no parar de explosiones, derrumbamientos, cristales rotos, gritos, escenas intercaladas de aparente desarrollo de personajes que no hacen sino exponer lo esquelético de los mismos, muertes por doquier y frases lapidarias que se ven venir a cuatro leguas de distancia —esas dos líneas de diálogos de "¿a quién avisamos?" "a todo el mundo" son para mondarse de risa.

'San Andrés', lágrimas pétreas

Y entre todos esos "valores" que hablan sin dudarlo acerca de lo prefabricado de la función, un protagonista con un carisma indiscutible —quien no haya visto los muchos vídeos que ha grabado en los últimos tiempos junto a Jimmy Fallon no conoce el auténtico potencial del metro noventa y seis de La Roca— que tira del carro sin problemas contando incluso, como ya se hiciera con Bruce Willis en 'Armageddon' (id, Michael Bay, 1997), con momentos para explorar una vertiente dramática para la que, no obstante, todavía no parece muy preparado su monolítico rostro.

Cumpliendo el resto del reparto con lo que se pide de él en este tipo de filmes —en esencia que no se rían cada vez que espeten las absurdas sentencias que el guión pone en su boca—, tres son los factores que terminan por respaldar el espléndido pasatiempo que es 'San Andrés': la sólida dirección de Peyton, que se luce en las muchas secuencias de destrozo masivo que atesora el metraje; los efectos especiales, por más que muchos momentos den "el cante" en exceso y la muy efectiva labor de Andrew Lockington sobre los pentagramas, componiendo un score que queda más o menos bien enmarcado con un motivo central que adquiere aquí y allá visos de leitmotiv.

Que nadie acuda al cine pensando que va a encontrarse el filme que marcará un antes y un después en sus vidas o aquél que reformula los patrones del género de catástrofes para darle una nueva forma de cara al futuro. 'San Andrés' pisa sobre seguro, no arriesga en su concepción y lo hace lo justo en su ejecución; pero en esa comodidad, encuentra los suficientes factores como para resultar un entretenimiento más que satisfactorio para esta temporada veraniega que no ha hecho más que empezar.

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