'Sisu': la ganadora del Festival de Sitges 2022 es una gloriosa orgía de acción ultraviolenta que ilustra el verdadero significado de la "experiencia cinematográfica"

Desde que las plataformas de streaming llegaron a nuestras vidas y pusieron en peligro la hegemonía de las salas de proyección como la opción principal para disfrutar de una película de estreno, la expresión "experiencia cinematográfica" pasó a formar una parte indispensable del diccionario cinéfilo. Aunque, haciendo honor a la verdad, poco tiene que ver con el tamaño de la pantalla o la distribución del sistema de sonido.

En mi humilde opinión, lo que da sentido al término de moda asociado a los espectadores más puristas no está relacionado con los entresijos técnicos de la proyección, sino con lo que convierte al cine en salas en una experiencia colectiva. Esa vivencia en la que el público comparte —y, en ocasiones, contagia— sus reacciones más viscerales, pudiendo llegar a transformar el patio de butacas en una auténtica fiesta.

Esto último, que va más allá de lo complicado, pudiendo ser etiquetado incluso de milagro, es precisamente lo que consiguió 'Sisu' en la recién terminada edición del Festival de Sitges; rompiendo la oscuridad y el silencio con vítores, aplausos y carcajadas cómplices con su deslumbrante y divertidísimo ejercicio de acción ultraviolenta, a medio camino entre el western y el bélico de espíritu pulp.

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Salvaje sencillez

El caso de 'Sisu' es tremendamente conveniente para ilustrar la enorme diferencia que existe entre los vocablos "simplicidad" y "sencillez", y que continúa llevando a la confusión en casos como el que nos ocupa. Esto se debe, principalmente, a unos cimientos narrativos que se limitan a enfrentar a un ejército de un solo hombre —prácticamente un Rambo finlandés— contra un pequeño escuadrón nazi en un viaje de ida y vuelta al más puro estilo 'Mad Max: Furia en la carretera'.

No obstante, esta travesía a vida o muerte con estructura episódica y la forma de un número de 'Hazañas Bélicas' desmadrado y pasado de vueltas encierra en su ajustado metraje de 91 minutos un desarrollo dramático tan preciso como ejemplar. Algo que se refleja en su impecable gestión del conflicto que convierte la causalidad en una gran virtud y que eleva a un nuevo nivel el significado de la palabra crescendo hasta desembocar en un tercer acto electrizante.

Del mismo modo, no deja de sorprender que 'Sisu' se sobreponga con tanta facilidad a los límites que, a priori, deberían marcar su condición de actioner desenfadado y autoconsciente, logrando implicar al respetable hasta límites insospechados mediante la acción y el lenguaje estrictamente visual mientras canaliza el relato a través de un personaje silente, carismático y que genera empatía de forma casi instantánea.

Más allá del inesperado lucimiento en la narración y puesta en escena de un Jalmari Helander que ya triunfó en Sitges 2010 con su refrescante 'Rare Exports', si algo eleva esta pequeña gran rareza es su sentido del espectáculo y el tratamiento de unas set pieces que se suceden incesantes desde que la cinta pisa el acelerador; deleitando con su carácter explícito, su impoluta ejecución técnica —fantástica la fotografía de Kjell Lagerroos— y con una tronchante inverosimilitud que no pone en peligro la suspensión de la incredulidad en ningún momento.

Con 'Sisu', el cine europeo de género vuelve a demostrar su valía en un mundo aparentemente dominado por la industria estadounidense, dejando en pañales algunos de sus logros recientes. Y es que, si Godard sólo necesitaba una mujer y una pistola para contar una historia, Helander ha requerido únicamente un soldado legendario y un puñado de nazis para poner en pie una sala de cine y recordarnos lo que es realmente esa "experiencia cinematográfica" que muchos predican equívocamente.


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