Tim Burton: 'Sleepy Hollow', cine con mucha cabeza

Durante un año, o algo así, eso es lo único que hice: preparar Superman, con lo que me quedé destrozado cuando el proyecto fue abandonado. Digamos que me sentía un poco descabezado, como si me hubieran cortado la cabeza. Tim Burton

Ya hablé de ello con ocasión del repaso a 'Superman returns' (id, Bryan Singer, 2007) con el que concluí el recorrido por la saga del hombre de acero previo desembarco del lamentable —el tiempo transcurrido desde su visionado ha hecho flaco favor a las pocas virtudes de la cinta— filme de Snyder. Pero como siempre hay dos caras para una misma historia, hagamos una pequeña parada antes de adentrarnos en los oscuros bosques de Sleepy Hollow para conocer algo más de aquellos tres años que transcurrieron entre el estreno de 'Mars Attacks!' (id, Tim Burton, 1996) y la puesta de largo de esta singular y magnífica traslación del texto original de Washington Irving que es 'Sleepy Hollow' (id, 1999).

Un realizador oscuro para un héroe luminoso

La excéntrica 'Mars Attacks!' había supuesto el peor revés de la trayectoria de Tim Burton hasta ese momento y el cineasta, queriendo apartarse de la industria momentáneamente para volver con renovadas fuerzas, decidió tomarse un periodo de descanso en el que se mudó a Nueva York con su pareja, la modelo y actriz Lisa Marie —la Madame alien que viéramos en la cinta de marcianos—. Durante el año que allí residieron, Burton no estuvo especialmente activo desde el punto de vista creativo, y lo único que llegó a parir fue un celebrado libro de poesía e ilustraciones en la línea gótica y oscura que tanto le gusta al artista llamado 'La melancólica muerte del chico ostra'.

Superado 1996, y a pesar de las paupérrimas cifras de taquilla de su anterior filme, Warner volvía a poner todas sus esperanzas en Burton para llevar a buen puerto el ansiado proyecto de reiniciar la franquicia de 'Superman', un filme que se estrenaría en Estados Unidos de cara al sexagésimo aniversario del personaje que se celebraría en 1998. Burton, que había vuelto a la frenética actividad de elegir próximo proyecto, se encontraba ya atendiendo a potenciales remakes de 'El hombre con rayos X en los ojos' ('X', Roger Corman, 1963), 'La caída de la casa Usher' ('The Fall of House Usher', Roger Corman, 1960) o el musical que terminaría rodando una década más tarde sobre Sweeny Todd.

Dejándolo todo por la muy ilusionante propuesta de la major, Burton se sumergió a fondo en el desarrollo de la cinta, contando inicialmente con el guión que había escrito Kevin Smith, un libreto que terminarían tocando muchas y muy diversas manos y que fue la primera señal de alarma para los responsables de la productora, que veían como el tono inicial implantado por el realizador de 'Clerks' (id, 1994) se iba perdiendo conforme Burton se apropiaba más y más del material. Temerosos de que el público norteamericano no supiera entender a un Superman oscuro muy próximo al Batman que el cineasta había definido en 1989, los ejecutivos de la Warner terminaron por suspender de forma indefinida el rodaje del filme, dejando a Burton con un palmo de narices.

Leyendas, magia y goticismo

Centrando de nuevo momentáneamente su atención en el remake de la citada cinta protagonizada originalmente por Ray Milland, Burton no tardaría mucho en volver a abandonar el proyecto cuando, a principios de 1998 recibió la llamada de Scott Rudin, productor de la Paramount que le ofrecía la oportunidad de ponerse al frente de la "adaptación" de 'La leyenda de Sleepy Hollow', clásico indiscutible de la literatura norteamericana cuyas claves habían sido reinterpretadas de cara a su traslado a celuloide gracias a una idea inicial de Kevin Yagher —técnico en efectos especiales y maquillaje— que puso en pie Andrew Kevin Walker, guionista que por aquél entonces estaba en boca de todo el mundo gracias al espectacular trabajo que realizó con el libreto de 'Seven' (id, David Fincher, 1995).

La idea de Yagher era bastante simple: actualizar el contenido del libro para hacerlo más atractivo de cara al público juvenil de hace quince años, tomando como base de partida el nombre de la novela, el personaje principal y el icónico jinete sin cabeza que aterra a Ichabod Crane —nombre del infortunado maestro de escuela que sufre una pesada broma por parte de los habitantes de Sleepy Hollow—, pero alejándose del tono de la narración de Irving para adentrarse en los dominios del terror partiendo de la premisa de que el jinete, en lugar de ser un joven disfrazado, fuera un ente sobrenatural real que atemoriza a los vecinos del pueblo cercenando cabezas en cada fantasmagórica aparición.

Con el propio Yagher interesado en dirigir la novedosa reformulación de la novela de Irving, sería Rudin el que insistiría en contar con un realizador de mayor empaque y más trayectoria, siendo Burton el candidato idóneo para llevar a cabo la empresa dado el marcado carácter gótico con el que se iba a caracterizar un filme que partía con la desventaja de tener que plantear una iconografía lo suficientemente sólida como para poder hacer "olvidar" a los estadounidenses el famoso corto producido por Disney a finales de los años cuarenta. Tanto es así, que el propio Burton reconocía su filia por la historia de Irving debido al corto animado, uno de los filmes predilectos del cineasta que "fue una de las primeras razones de mi amor por la animación y me hizo decidirme a trabajar en ese campo".

'Sleepy Hollow', el sello Burton

Alterada pues la historia para convertir a Ichabod de profesor a excéntrico agente de la policía neoyorquina de finales del siglo XVIII que trae de cabeza a los magistrados de la ciudad por sus prácticas investigadoras siguiendo los patrones del método científico y por su consciente rechazo de la retrógradas actitudes de sus compañeros de profesión —brillante una de las secuencias iniciales en la comisaría de policía, donde se puede apreciar perfectamente el choque de mentalidades—, 'Sleepy Hollow' se enraiza con fuerza en los gustos y obsesiones de Tim Burton desde la propia definición del "héroe" de la cinta, un "bicho raro" rechazado de pleno por la sociedad en la que vive que, traspasado a un pequeño pueblo aun más anclado en los oscurantistas miedos del pasado, verá potenciado su carácter de elemento foráneo, de ese outsider a través del cual casi siempre ha hablado Burton en su filmografía.

Lo interesante de la definición de Crane, al que vuelve a poner rostro Johnny Depp en un papel hecho a su medida que todavía atesora grandes virtudes y queda lejos de sus recientes caricaturas, es que, en contraposición a los anteriores personajes de Burton —y me estoy acordando de Eduardo Manostijeras—, su evolución a lo largo de la cinta le permite alterar/superar su condición de "rareza" para volver a la Nueva York del cambio de centuria renovado, permitiendo así el cineasta algo que había negado a la triste figura de Edward al relegarlo de nuevo a su fantasmagórico castillo tras el frustrado intento de inserción en unos mecanismos sociales para los que se mostraba completamente disfuncional.

Rodeado de un rosario de dispares personajes, quizá sea la definición de algunos de estos los que se alcen como momentos menos sobresalientes de un filme cuasi redondo. Al frente de ellos, no cabe duda, encontramos esa luminosidad que intenta encarnar sin conseguirlo Christina Ricci. La joven actriz hija, según Tim Burton, del "imposible matrimonio entre Peter Lorre y Bette Davis", no convence en su encarnación de Katrina Van Tassel, el objeto romántico de Depp en la cinta y un personaje que no pasa de ser anodina presencia cuya relevancia se reduce a encarnar a la "dama en apuros" que en última instancia debe ser rescatada por ese héroe improvisado bajo cuyo manto se verá obligado a arroparse Ichabod Crane. También en la parte negativa, aunque quizás en menor medida, el joven Masbath, un improvisado Watson para ese Sherlock Holmes que es el personaje de Depp cuya participación en la trama, aunque algo más activa, queda también subyugada a la estrella del filme.

Compensando con creces lo que estas dos figuras —y la innecesaria adición del personaje de Brom, interpretado por un horrendo Casper Van Dien— no aportan encontramos a esos otros puntales que son Miranda Richardson y Christopher Walken y, en menor medida, unos espléndidos Michael Gambon, Jeffrey Jones, Ian McDiarmid, el gran Michael Cough o la breve pero siempre estimulante presencia de Christopher Lee. Conjugando la ayuda que prestan todos ellos con el magnífico diseño de producción de Rick Heindricks, justamente galardonado con el Oscar, Burton logra construir el enrarecido ambiente con el que se define a Sleepy Hollow, un ambiente en el que el realizador juega de forma constante a homenajear/referenciar a los filmes de la Hammer, trayendo a la memoria visual del cinéfilo el recuerdo de cintas como 'Las novias de Drácula' ('The Brides of Dracula', Terence Fisher, 1963) en esos créditos iniciales o al 'Péndulo de la muerte' ('Pit and the Pendulum', Roger Corman, 1960) o 'La máscara del demonio' ('La Maschera del Demonio', Mario Bava, 1960) con la pertubadora presencia en los sueños de Ichabod de la Dama de Hierro.

Precisamente a través de lo que supone la presencia de dicho instrumento de tortura, se configura parte de uno de los principales ejes sobre los que se articula la trama, la pluri-definición de las brujas. Elemento fundamental en la caracterización de tenebroso cuento que quiere imprimirse sobre el filme, cuatro son las mujeres con poderes que Burton y Walker van presentando a lo largo del metraje, dos en su calidad de brujas malignas, dos como una suerte de hada madrina, siendo precisamente una de éstas últimas las que mayor trasfondo aporte a la personalidad de Ichabod, a sus miedos y su extremo raciocinio y, en última instancia, a lo determinante para su evolución que resulta ser el viaje a Sleepy Hollow.

Viaje intenso, cargado de escenas asombrosas —las decapitaciones por parte del jinete son todo un logro por parte de Yagher y su equipo, visualizadas como están sin ningún tipo de brusco cambio de plano que oculte el truco— y puntualizado de forma soberbia por las sonoridades de un Danny Elfman que se adecúan sobremanera a las necesidades de la historia dejándonos momentos de enérgica presteza como el de la persecución final, 'Sleepy Hollow' se convirtió por méritos propios en un merecido éxito de taquilla y supuso el regreso de Tim Burton al listado de directores de primera fila por el que se peleaban los grandes estudios. Tanto sería así que a la "vuelta de la esquina" aguardaba la 20th Century Fox con el que terminaría saldándose como el cuarto filme más taquillero de su trayectoria; un innecesario remake que se convertiría, al mismo tiempo, en una de las producciones más prescindibles de la filmografía del cineasta.

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