'El último vikingo' toma riesgos constantes en su comedia y tiene un Mads Mikkelsen fantástico. Sin embargo, su baile de subtramas no me ha convencido

Es una película arriesgada y no recomendable para todo el mundo, pero eso no la convierte automáticamente en buenísima. ¡Ojalá!

Randy Meeks

Editor

El cine lleva más de seis décadas rindiendo tributo a Los Beatles, desde las películas que ellos mismos protagonizaron (como '¡Qué noche la de aquel día!') hasta obras totalmente derivativas como 'Yesterday' o la tetralogía que prepara Sam Mendes y se estrenará al mismo tiempo en 2028. Lo que no se comenta tanto es que el grupo de Liverpool tan solo tuvo éxito durante siete años antes de separarse. Es, en el fondo, como si un grupo de 2019 lo dejara ahora, solo que dejando un trauma colectivo que perdura hasta nuestros días. Y si te estarás preguntando qué tiene que ver todo esto con 'El último vikingo', la respuesta es... más de lo que crees.

Los escarabajos vuelven

La mejor trama de las muchas (demasiadas) que pululan por 'El último vikingo' trata sobre la reunificación de Los Beatles, pero en este caso con un grupo formado por tres personas que creen ser John, Paul, Ringo y George, dispuestos a deslumbrar con un concierto de retorno. Es una historia de identificación personal lo suficientemente tierna y divertida como para resistir todo el metraje, pero su director y guionista, Anders Thomas Jensen, está más interesado en diversificar las tramas. El potaje resultante ha gustado a muchos pero, personalmente, lo he encontrado decepcionante.

Eso no significa, en absoluto, que sea un visionado desagradable: la película tiene momentos de mucho disfrute, especialmente gracias a un humor nórdico seco que suele dar en el clavo cuando menos lo esperas. Además, el director sabe cómo mezclar todo tipo de personajes extraños y variopintos, enmascarando con purpurina que la historia principal, y especialmente su revelación final, nunca termina de funcionar. Eso no evita que tenga momentos geniales, como ese prólogo y epílogo animados o sus running gags constantes, pero por momentos parece tener miedo a hacer el ridículo y se limita ligeramente a sí misma.

Sin embargo, 'El último vikingo' es una película valiente. Fallida, sí, pero valiente al elegir su tono, su guion, lo que en el fondo quiere contar y negándose a mostrarnos una versión apta para todos los públicos más similar a 'Rain Man'. Aquí, los dos hermanos guardan un trauma compartido y un secreto a voces (que el espectador puede adivinar perfectamente antes de verlo) que nos obliga a resignificar la aparente locura. Porque uno de los grandes aciertos de la película es no hacer nunca de la enfermedad mental el chiste, sino hacer reír con las situaciones a las que lleva, enfrentándolas con la ridícula obsesión de una persona que necesita encontrar un dinero escondido años antes para librarse de una sonora paliza. Las buenas intenciones quedan, sin embargo, algo aguadas por culpa de un mal equilibrio en el guion. Y es una pena.

Cómo me mola el cartel Bebé a bordo

Es un lujo siempre ver a Mads Mikkelsen, pero más incluso de lo normal en un papel que le permite dar rienda suelta a toda su extravagancia y a una comedia física hilarante: él es la estrella absoluta de la película, eclipsando sin pretenderlo al resto de sus compañeros. De hecho, siempre que él no está en pantalla, la película pierde enteros, a pesar de los esfuerzos de Nikolaj Lie Kaas en otorgar luz a un personaje consumido por su propia vida y sus malas decisiones, pero que no puede evitar que resulte ligeramente cargante y menos interesante que su co-protagonista. No es culpa suya, en todo caso, sino de un libreto que no da más de sí.

No tengo problemas con la ultraviolencia con la que repentinamente sorprende la película, ni con el humor que trata de romper barreras morales o con los personajes que viven en el absurdo. Pero sí con el intento en vano de construir un discurso sobre la comedia, los problemas mentales y la evasión del dolor que nunca queda del todo bien matizado, diluyéndose entre subtramas que, en última instancia, no aportan gran cosa a lo que debería haber sido el núcleo de la película: la relación entre dos hermanos unidos por el pasado pero incapaces de entenderse hoy en día (literal y figuradamente). 

Aprecio, de verdad, lo que intenta hacer esta película, alejando de ella cualquier sensación de comodidad y sin miedo a resultar ofensiva para cierto tipo de público que prefiere jugar a lo seguro. Hay carcajadas escondidas donde uno menos lo espera, provocadas no solo por el shock, sino también por unos diálogos punzantes muy bien pensados que, sin embargo, no ocultan que la trama da bandazos excesivos, sin terminar de centrarse en nada. Al contrario que Los Beatles, 'El último vikingo' no dejará marca en la historia, sino, más bien, un simple pero agradable recuerdo lejano que se queda a unos pasos de la grandeza.

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