Venecia 2019: 'La verdad'. Koreeda sale de Japón con una reflexión sobre las relaciones entre sujetos enmascarados

Lumir (Juliette Binoche) hace una visita inesperada a Fabienne (Catherine Deneuve), su madre, exitosa actriz en retirada y de fortísima presencia que ha logrado que todas las personas de su vida, incluida su hija, sean secundarios que orbiten a su alrededor y la ayuden con sus dramas a alimentar su proceso creativo.

Lumir acompañará a Fabienne (en calidad de asistente personal, no puede llamarla "mamá") durante el rodaje de la que parece será su última película, una peculiar obra de ciencia ficción que despertará sentimientos soterrados en ambas.

En la historieta, una mujer con cáncer sortea a la muerte viajando al espacio, regresando sólo unos días cada siete años para ver a su hija crecer y creando la inusual escena de que la progenitora, veinteañera, verá morir a su octogenaria niña, difícil papel reservado para alguien que, como iremos viendo, es incapaz de aceptar la etapa biográfica en la que se encuentra.

Koreeda sale de Japón en su nuevo drama familiar 

Hay otros meandros argumentales en 'La verdad' ('La Verité') pero están en la misma onda que su eje vertebrador. En breve, la película se construye como una reflexión acerca de las transferencias de poder entre sujetos enmascarados (todos lo somos, tanto los actores y actrices sobre las tablas como los individuos al decidir las porciones de sinceridad que se merecen nuestros seres queridos).

Al estilo de 'Persona' de Bergman, pero con una pequeña vuelta de tuerca al introducir como tema la dimensión familiar a la que Hirokazu Koreeda nos tiene más que acostumbrados en su filmografía. Esta es, por cierto, la primera vez que el cineasta rueda fuera de Japón y con actores internacionales (Ethan Hawke acompaña a las dos estrellas francesas al frente del reparto).

Es una lástima que este juego de espejos termine volando bajo, al sobreexplicar en ocasiones sus hallazgos y por intentar que la simpleza pase por ligereza y humor cándido. Tampoco ayudan sus formas de cine de ensayo descuidado, más emuladas que alcanzadas por la naturaleza de lo filmado, una actitud que parece ser consciente y buscada por lo que se cuenta en una escena, en la que Deneuve se queja amargamente de que al cine de cámara en mano actual "le falta poesía".

Algo habrá contribuido Éric Gautier, director de fotografía de 'La Verdad' que ha trabajado con Olivier Assayas, otra referencia que sobrevuela durante todo el filme, encargado de inaugurar la Mostra de Venecia. En definitiva, tenemos otros y mejores experimentos similares en décadas previas del cine francés; que nos transmiten más verdad, aunque a nivel alquímico compartan exactamente la misma dosis de mentira.

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