'The Forest of Love': Sion Sono vuela libre en Netflix con otra película diabólica

Uno de los cineastas más libres e imprevisibles del panorama internacional, Sion Sono, llega a Netflix con 'The Forest of Love', una nueva película en la línea de sus trabajos más festivos y 100% Sion Sono. Una estupenda noticia para los seguidores de un director infatigable.

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El hiperactivo y salvaje Sono aterriza en Netflix con una película, cómo no, hiperactiva y salvaje. El creador de 'Why Don’t You Play in Hell?', 'Tokyo Tribe' o 'Love & Peace' vuelve a meter en su batidora de pasiones todas sus filias y fobias, su sentido del exceso y de la maravilla para volver a mezclar ficciones con sus habituales personajes pasados de rosca. Y ahí todas las miradas apuntan a Kippei Shîna, que compone el personaje más divertido y peligroso que hayamos visto últimamente por la plataforma.

Como viene siendo habitual, el arranque de 'The Forest of Love' es un huracán de referencias, tonos, ambientes y colores, además de espacios y tiempos diferentes, que ya te advierten de algo habitual en el cine de Sono: no sabrás por dónde irán los tiros en una historia sobre asesinos en serie, posesión y cámaras de vídeo. Todo ello con alguno de los mejores momentos humorísticos del año.

Y eso que, en realidad, Sono se ha limitado a poner el piloto automático de demencia que suele manejar sus producciones. Algo que no es nada negativo, claro, pero que tampoco muestra un cambio de rumbo o un momento de respiro en la vida de un cineasta que se encontraba recuperándose de un infarto mientras prepara una nueva película con Nicolas Cage. Siempre a tope Sion Sono.

Transformando los problemas en películas

Un par de jóvenes apasionados por el cine y un artista que pretende hacer algo con su vida intentan rodar una película independiente con la ayuda de dos mujeres torturadas llenas de secretos. Nada del otro jueves hasta la aparición de un extraño, bizarro, personaje que se apodera de la función y prácticamente de las almas de los (supuestos) protagonistas.

Su duración, a todas luces excesiva, no entorpece demasiado la función hasta un desenlace donde Sono sí parece querer provocar también a través de la sobredosis de metraje. Claro que probablemente sin esa sobredosis nos habríamos quedado sin una lección histórica de cómo deshacernos de un puñado de restos incómodos.

Cineastas gonzo, sadomasoquismo, salidas de tono, colegialas, canciones, suicidios y violencia campan a sus anchas con la libertad habitual de un cineasta que no conoce restricciones, algo que también sorprende tratándose de un estreno de Netflix, donde lo normal es encontrar un producto fácil y con una realización estándar salvo en casos muy contados.

Puede que esas excepciones, en realidad, sean las que confirman que un gran cineasta no deja de serlo dependiendo del lugar que estrene sus trabajos. Si los Coen, Soderbergh, Cuarón o Richard Shepard han mantenido la totalidad de sus señas de autenticidad, no es menos cierto que otros como J. C. Chandor, Susanne Bier o el mismo Mike Flanagan (otro hiperactivo, pero más templado) en algunos momentos no han sabido aguantar el tipo.

Para todos los fans del director japonés será motivo de celebración contar con un nuevo trabajo que poder ver en la comodidad del salón, y puede ser una buena primera ocasión para los que aún no se han adentrado en su estilizado universo de locura. Sea cual sea el caso, qué bueno tenerte por aquí, Sion Sono.

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