Uno de los mejores cineastas de todos los tiempos vuelve a entregar una comedia con estrellas, pero sin carisma ni gracia, y creo que ya está bien

Es hora de que este divorcio deje de causar estragos

Pedro Gallego

Editor

El cine es un arte que sobresale más cuando está involucrado el acto de la colaboración, aunque atribuyamos los méritos a una única figura que controla y en principio establece una visión que es el director. Dada la responsabilidad de unir las diferentes aportaciones hacia un objetivo concreto, tiende a ser una única persona la que ejerce las funciones de dirección.

De ahí que sea raro encontrarse parejas de directores, o que se realice la labor de manera colectiva. Pero algunos han conseguido que la sociedad funciones, e incluso logran sacar lo mejor de sí mismos a través de establecer una mente creativa compartida. Sólo hay que ver cómo ha funcionado la separación de los hermanos Coen en películas como ‘Honey Don’t’.

No le llames nena

Ethan Coen sigue en sus trece en elaborar una colección de películas cómicas, criminales y sexuales con protagonistas LGTBIQ+ en compañía de su esposa, editora y co-guionista Tricia Cooke. Aquí elaboran una versión recalentada de un noir rural protagonizada por estrellas como Margaret Qualley, Aubrey Plaza y Chris Evans que se ha estrenado directamente en plataformas de alquiler como Amazon o Filmin.

En un pequeño pueblo de la zona californiana de Bakersfield se encuentra un cuerpo muerto tras un accidente de coche en un cañón. Lo que podría parecer un infortunio cualquiera despierta las alarmas de la investigadora privada Honey O'Donahue, que quiere tirar de unos hilos que podrían conectar con una influyente iglesia local liderada por un predicador carismático.

Coen y Cooke vuelven a optar aquí por darle un turbulento, paródico y lésbico giro a los noir que han compuesto buena parte de la carrera del primero. En principio, ninguno de los ingredientes escogidos se aleja de lo que podemos entender por una película Coen, aunque sí que la manera de cocinarlos difiere notablemente.

‘Honey Don’t’: despiezada y perdida

Lo alocado y casi propio de episodio de dibujos animados ya estaban en algunas de las comedias de Ethan, pero ‘Honey Don’t’ sigue la estela más chabacana y hasta peligrosamente autocongratulatoria de ‘Dos chicas a la fuga’. Aquí, al menos, parece haber un poco más de restricción en el montaje e intriga en la historia, pero tampoco en exceso.

A pesar de la buena voluntad, todo ejemplifica cómo de bien los Coen se entendían juntos para sacar adelante la combinación de absurdo, cuchillazo político y pasión por los géneros cinematográficos. Porque por separado se ve cómo todo hace aguas, y a Ethan le está tocando las peores papeletas tras el “divorcio”. Urge que vuelvan juntos, a falta de ver la nueva obra de su hermano.

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