¿Qué ha pasado en la saga 'Saw'? Guía para no perderse entre los juegos macabros de Jigsaw

Llega a nuestras pantalla 'Saw VIII', o 'Jigsaw' -en su menos referencial y más rebooteador título original, película que sitúa su acción casi una década después de los asesinatos que centraron las películas originales y que conformaron una de las franquicias de terror más sangrientas y enrevesadas de principios de década. La cuestión que nos planteamos es: ¿hace falta revisarlas para enfrentarnos a 'Saw VIII'?

Respuesta corta: no.

Respuesta larga: Pues depende de las ganas que tengas. 'Saw VIII' no es un reboot, sino una secuela, así que hay inevitables referencias a las anteriores películas de la serie, pero solo con que tengas leves nociones de lo que pasaba en ellas podrás enfrentarte a sus enigmas. Por supuesto, cuanto más recuerdes mejor, pero no es condición imprescindible para no perderte.

El objetivo de este artículo es recordarte (o presentarte, si se da el improbable caso de que no hayas visto ninguna de las anteriores; un consejo: no) las constantes más características de la franquicia. Te recordaremos en qué quedó la cosa con la séptima entrega y cómo se llegó hasta allí. Y sí, por supuesto, desde aquí todo es un sensacional campo sembrado de spoilers. De siete películas. Sin freno.

Antes de que se nos haga más tarde, el correspondiente disclaimer: sí, nos gusta la serie 'Saw'. Hay alguna peor, como la flojísima sexta entrega, alguna deliciosa, como las cuatro primeras en distintos grados y bastante la última, pero en general todas tienen una serie de señas de identidad emblemáticas que nos resultan muy atractivas. Primero, su devoción por la violencia gratuíta; las 'Saw' no tienen ningún problema en presentar explosiones de gore surreales y demoledoras, lo que llevó a alguna entrega incluso a ser clasificada X en nuestro país.

Segundo, su narrativa serial. Profundamente serial. Ya no es que detalles de una se continúen en otra: es que se continúan linealmente y se da por sentado que el espectador tiene frescas las entregas anteriores. Tercero, su juguetona desvergüenza narrativa, que permite que la serie se entregue a cabriolas argumentales como las que veremos a continuación sin despeinarse y que, si conecta con el espectador, le sumerge en un mundo pesadillesco de torturas, muertes, resurrecciones, persecuciones y moral grotesca.

Primero, las malas noticias: Jigsaw está muerto

Jigsaw (o Puzle) es el nombre con el que se conoce a John Kramer (Tobin Bell), un asesino en serie que organiza sus crímenes de una manera altamente teatrera: dispone a sus víctimas en macabros retablos con sofisticados inventos llenos de palancas, pulsadores y botones. Y siempre, una grabación -a menudo una televisiva en la que sale un siniestro monchito- que dice "Quiero jugar a un juego" y explica las reglas de la trampa.

El juego suele ser una prueba moral. La víctima potencial ha hecho algo malo en su vida (desde algún delito a, directamente, ser perezoso; Jigsaw es un verdugo algo tiquismiquis) y ahora tiene que redimirse sacrificando una extremidad, o la piel de la rabadilla, para que otra persona sobreviva, o bien para poder sobrevivir él mismo, demostrando que sí que tenía ganas de vivir. Un lío moral que se resume a menudo en: la víctima tiene que poder escapar, aunque eso suponga salir sin uñas, sin pestañas y sin cuero cabelludo de la sala.

La primera 'Saw' planteaba esto en una sola habitación, un icónico baño hecho mistos donde varias personas tenían que contarse sus penurias y solucionar una serie de acertijos para sobrevivir. La película en sí tenía una estructura de "¿quién es el asesino?" que hacía sospechar tanto de los policías que estaban tras la pista del caso como de los propios prisioneros de Jigsaw, pero todo se solventaba con sorpresa final y la revelación de la motivación de John Kramer.

Kramer padece un devastador cáncer que le ha llevado a reconsiderar su vida y a convertirse en una especie de guardián moral que, con sus máquinas, sus trampas y demás inventos, planea poner a prueba a gente que ha tenido una relación más o menos cercana con él. Pronto descubriremos que el círculo de amistades de Jigsaw era ridículamente grande, porque desde la segunda entrega (que, por cierto, no iba a ser una película de 'Saw', pero se reformuló para adaptarla a las necesidades de la serie), la franquicia se centra en trampas puestas, ya abiertamente, por un asesino cuya identidad conocemos. O no.

El caso es que, a diferencia de otras sagas que se habrían acomodado en una enfermedad inagotable, secuela tras secuela, el cáncer de Kramer es gravísimo. Y exige cirugía cerebral en la tercera entrega. El resultado (después de una serie de muertes, traiciones, trampas, mentiras y revelaciones) es que Kramer muere. Del todo. Esto no es Viernes 13: Jigsaw está muerto de verdad desde la tercera entrega.

De hecho, la cuarta parte comienza con una detallada disección de Kramer, que concluye cuando el forense encuentra en el estómago de Jigsaw una cinta de cassette protegida con cera, y que acaba en manos del policía encargado del caso, Mark Hoffmann (Costas Mandylor, con exactamente el mismo corte de pelo que Billy el Muñeco Siniestro en Triciclo). Los juegos no han acabado. De hecho, ahora es cuando realmente se complican.

Los súbditos de Jigsaw

Todos estamos de acuerdo en que John Kramer tiene una voz alucinante. Y además, debe poseer alguna propiedad hipnótica extra, porque para continuar con su legado, ha encontrado a una serie de seguidores considerable. Todos ellos le ayudaron en vida a preparar las trampas y le asistieron cuando estaba enfermo, y continúan con su misión, en algún caso de aquella manera, tras su muerte.

Amanda Young (Shawnee Smith) se presenta en la primera entrega de la serie como la única superviviente conocida de Jigsaw. Su personaje evolucionará de forma fascinante, y sabremos que con ella funcionó (quizás fue la única) el enrevesado plan de Jigsaw. Era una adicta a las drogas que encontró una nueva vida como colaboradora del asesino, portando la famosa careta de cerdo. Su obsesión con las trampas de su maestro le llevan a encapricharse del propio Kramer y a cometer asesinatos para proteger su auténtica identidad.

Esto es: Amanda fue cómplice en el asesinato involuntario del hijo nonato de Kramer y Jill Tuck (Betsy Russell), doctora de una clínica a la que acude Jigsaw. Después de la muerte del niño en el vientre de su madre, Kramer y Tuck se distancian, pero eso no impide que, después de muerto, y a través de mensajes grabados y cajas en notarios, Tuck continúe el legado de su marido, enfrentándose a Amanda.

Pero sobre todo chocando con Mark Hoffmann, el policía que encuentra la cinta en el estómago de Kramer, pero a quien ya conocía desde el principio de sus andanzas, ya que Jigsaw le había dado la oportunidad de vengarse del asesino de su hermana. Aunque conociendo la férrea moral de Kramer, esa motivación para matar no le va a gustar un pelo.

Pero entonces... ¿qué veo antes de la octava?

Casi desde la muerte de Jigsaw comienza una guerra/pacto entre Jill y Hoffmann que implica a medio FBI, y que no solo marca el punto menos interesante de la serie (aunque la séptima es una brutalidad y un disparate), sino que no influye nada en lo que sucede en la octava parte. Si vas pillado de tiempo, claramente las cuatro últimas son las que puedes obviar.

Es decir, que si quieres llegar con algo aprendido sobre la serie, con las tres primeras tienes bastante, aunque nosotros añadiríamos la cuarta porque es estupenda y tiene todos los elementos que han convertido a la saga en un éxito. Lo que sí aportan las películas de la cuarta en adelante es una serie de recursos narrativos para que la obra de Jigsaw continúe aunque este haya muerto.

Así que cuando 'Saw VIII' arranca y se nos plantea cómo es posible que los crímenes continúen, haber visto la serie entera da algunas pistas sobre la respuesta a ese enigma. Los continuadores de su legado son un recurso de la franquicia desde antes de la muerte de John Kramer. ¿O será que en esta ocasión, de algún modo, Jigsaw está vivo? Ese spoiler sí que nos lo vamos a guardar. Que comiencen (otra vez) los juegos.

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