Ciclo: Gran Cine de Aventuras

Hace muy poco comentaba yo lo flojita y poco afortunada que me parece (a pesar de la excelente música del genio Polidouris, al que no creo que haga falta volver a llenar de elogios), la primera adaptación al cine del personaje por excelencia del subgénero de aventuras llamado “de espada y brujería”, que de espada tenía muy poco y de brujería menos aún, por no decir de aventura. Desde hoy, y hasta el día que se estrene la nueva ‘Conan, el bárbaro’ (‘Conan the Barbarian’, Marcus Nispel, 2011), por puro gusto personal, y porque así me sirve para hacer un repaso de algunas de las mejores constantes de este género desde los años treinta hasta la actualidad, vamos a hacer un ciclo de algunas películas de aventuras ejemplares, tanto en su fondo como, sobre todo, en su forma, que me reconcilian a mí casi todos los días con el hombre y con el cine, que me hacen aguantar un poco más de tiempo este mar grisáceo que es la vida, y que me llenan de energía, pasión y pura felicidad mezclada con pura melancolía.

Va a ser una docena larga de películas (salvo alteraciones de última hora, que pueden alargar o acortar la lista) con las que espero demostrar que el cine de aventuras (el bueno, el grande, el de verdad…) no es un género menor para distraerse los fines de semana. Mucho más que eso: es una droga sin la que no es posible vivir. Un opiáceo audiovisual, y al mismo tiempo una combustión que nos quema por dentro porque habla del hombre como no puede hacerlo ningún otro género. Desde la conciencia de que somos mucho más que seres que reptan por ciudades para ganarse el sustento perdiendo la dignidad, y que en cualquier momento podemos volver a echar mano de nuestro instinto de supervivencia, de nuestra sabiduría animal, de la piedra, la tierra, el fuego y los mares, del matar para sobrevivir, de la dignidad del ser por encima del tener. De la mortalidad como dignidad frente a Dios o los dioses (o lo que haya, como si es la Nada Eterna…casi mejor). De monstruos (como decíamos de pequeños), de piratas, de capitanes de navío, de cazadores, de pistoleros, de vagabundos, de reyes y príncipes, de locos, de solitarios guerreros, de hombres corrientes enfrentados a la naturaleza, de espadachines…

Y como ya hemos hablado (y no me gusta repetirme, ni puedo…) de grandes películas de aventuras como ‘Ninja Scroll’ (‘Jûbê ninpûchô’, Yoshiaki Kawajiri, 1993), ‘La momia’ (‘The Mummy’, Stephen Sommers, 1999), ‘El guerrero Nº 13’ (‘The 13th Warrior’, John McTiernan, 1999), ‘Toy Story 3’ (id, Lee Unkrich, 2010), ‘Robin de los bosques’ (‘The Adventurs of Robin Hood’, Michael Curtiz, 1938), ‘Depredador’ (‘Predator’, McTiernan, 1987), ‘Lawrence de Arabia’ (‘Lawrence of Arabia’, David Lean, 1962), ‘La casa de las dagas voladoras’ (‘Shi mian mai fu’, Zhang Yimou, 2004), ‘Harry Potter y el prisionero de Azkabán’ (‘Harry Potter and the Prisoner of Azkaban’, Alfonso Cuarón, 2004), ‘Mad Max 2, el guerrero de la carretera’ (‘Mad Max 2’, George Miller, 1981), ‘Le llaman Bodhi’ (‘Point Break’, Kathryn Bigelow, 1991), ‘Supermán’ (‘Superman, the Movie’, Richard Donner, 1978), ‘Hulk’ (id, Ang Lee, 2003), ‘Acorralado’ (‘First Blood’, Ted Kotcheff, 1982), ‘La gran evasión’ (‘The Great Escape’, John Sturges, 1963), además de la obra completa de directores de cine de aventuras tan importantes como Steven Spielberg, John Carpenter o James Cameron, y de un repaso a la saga ‘Star Wars’ (sin dejar de contar con un futuro especial de Kurosawa por parte de Juan Luis, o de John Ford por parte de Alberto…), pareciera que no hay películas de aventuras de las que aún no hayamos hablado, o que no vayan a ser comentadas pronto. Y nada más lejos de la verdad.

No hay nada más físico, y en el fondo más abstracto, que la aventura cinematográfica. Dos amigos perdidos en un paisaje helado, como en ‘Dersu Uzala’ (‘Deruzu uzâra’, Akira Kurosawa, 1975), un núcleo de viriles luchadores en el que se instaura un fuerte elemento femenino (como en casi toda la obra de Hawks), un guerrero y una guerrera que se encuentran en un punto especialmente delicado y solitario de sus vidas, como en ‘Ninja Scroll’, la lucha inquebrantable contra las fuerzas despiadadas de la naturaleza, como en tantas y tantas películas que cualquiera puede nombrar, son para mí la aventura pura. Contada de manera directa, descarnada, pues en lo físico se dibuja y se esculpe lo metafísico, el cuerpo y la muerte como reflejo de un estado interior de combate infinito, pues el universo y nuestra fragilidad e inevitable degradación física es un espejo del alma.

He aquí el grupito de películas de las que voy a hablar en orden cronológico, cada una muy hija de su tiempo, cada una representante de un estilo y de una forma pura de hacer aventuras:

‘King Kong’ (id, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack no acreditados, 1933)

‘El ladrón de Bagdad’ (‘The Thief of Bagdad’, Ludwig Berger, Michael Powell, Tim Whelan y Alexander Korda, Zoltan Korda y William Cameron Menzies no acreditados, 1940)

‘El halcón y la flecha’ (‘The Flame and the Arrow’, Jacques Tourneur, 1950)

‘El hidalgo de los mares’ (‘Captain Horatio Hornblower R.N.’, Raoul Walsh, 1951)

‘La evasión’ (‘Le Trou’, Jacques Becker, 1960)

‘El tiempo en sus manos’ (The Time Machine’, George Pal, 1960)

‘¡Hatari!’ (‘Hatari!’, Howard Hawks, 1961)

‘Un hombre’ (‘Hombre’, Martin Ritt, 1967)

‘El viento y el león’ (‘The Wind and the Lion’, John Milius, 1975)

‘Excalibur’ (id, John Boorman, 1981)

‘Fitzcarraldo’ (id, Werner Herzog, 1982)

‘El fugitivo’ (‘The Fugitive’, Andrew Davis, 1993)

‘Waterworld’ (Kevin Reynolds, 1995)

‘El desafío’ (‘The Edge’, Lee Tamahori, 1997)

‘Hero’ (‘Ying xiong’, Zhang Yimou, 2002)

‘Kill Bill: Volumen 2’ (‘Kill Bill: Vol. 2’, Quentin Tarantino, 2004)

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