
David Broncano y los suyos han querido ir más allá y parecer un programa de televisión serio. El problema es que no lo es
Hace ocho años y medio, cuando 'La Resistencia' se estrenó en Movistar+, lo hizo con una esencia heredada de Ignatius Farray y 'La vida moderna': Keep it cutre. Como parodia de un clásico programa de entrevistas, estaba despojado de toda la parafernalia que en aquel entonces tenía su predecesor, Andreu Buenafuente. En vez de una banda de música, dos tipos con guitarra y pianillo. En vez de un skyline, la trastienda de un teatro. En vez de un cómodo sofá, un banco industrial. Era visualmente desagradable, y el lodazal donde David Broncano y los suyos se sentían cómodos. Hasta ahora.
Desde las entrañas de Madrid
El plató de 'La Revuelta', en su paso a TVE, siempre se sintió como algo vivo y en continuo estado de evolución: el tobogán, el tubo, las pegatinas, los peluches crecientes... Como programa creado por cómicos profesionales, daban rienda suelta a todas las tonterías posibles, con el público siempre al lado del pírrico escenario. Lejos del lujo medido al dedillo de 'El Hormiguero', 'La Revuelta' parecía una función escolar donde todo podía pasar, creando un gigantesco lore que crecía con el programa.
Y sin embargo, el inicio de su tercera temporada no ha sido, como suelen decir ellos, la misma mierda. Hay algo que esta vez se nota distinto: entiendo que con el escenario pretendidamente lujoso lo que han intentado es crear una disonancia entre la crudeza del programa y el sitio donde sucede, como crear un espectáculo de petanca en prime time, pero no funciona. Falta un Ignatius que, como ya hizo en 'La Resistencia', apuñale ese sofá y deje salir su interior. Falta una estatua de perros follando. Falta un dispensador de aceite, un tubo industrial, un graffiti aquí y allá, una ventana rota donde tirar el balón: es un plató impoluto que nadie parece querer osar romper, transgredir y destrozar: es lo contrario al espíritu de 'La Revuelta'.
Mientras 'El Hormiguero' no ha dudado en enseñar todas sus cartas en un inicio de temporada donde han doblado su apuesta política en lugar de hacer caso a las críticas, Broncano y los suyos sí han escuchado a los que se quejaban de que el show parecía un patio de colegio, disfrazando de calidad y clase lo que debería ser cutre, sarnoso... y de patio de colegio.
El programa sigue siendo el mismo, pero el distanciamiento con el público es evidente (esto no es, ojo, necesariamente malo, pero sí se echa de menos el suelo cubierto con bocadillos y camisetas), las novedades parecen avergonzarse del programa que eran y, simplemente, no funcionan, haciendo evidente que cuando hacían "la misma mierda" era por algo: porque ya les iba bien.
Bronca no, por favor
Aunque la mona se vista de seda, mona se queda, y 'La Revuelta' no puede evitar, por mucho que se disfrace de un aparente lujo y oropel, ser el programa que es. En solo dos programas ya han tenido dos cancelaciones de invitados (y, por tanto, invitados de emergencia: Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla y Carmen Lomana) y, aún peor, una emergencia con las cámaras, que se rompieron en mitad de grabación, llevando a uno de los momentos más surrealistas jamás vistos en TVE: cinco minutos de una imagen fija donde solo escuchábamos el audio. "Tu nuevo podcast de RTVE", como decía Grison.
Por primera vez desde que empezaron, no entiendo lo que están haciendo. Están marcando distancia con el público (han abandonado el bidé y la piscina de bolas, símbolos visuales desde su inicio), dignificando lo indignificable, tratando de marcar la diferencia con ellos mismos. Dejando el "keep it cutre" a un lado en la estética y la base, pero no en el programa en sí mismo, que no tiene novedades ni en los colaboradores, ni en el tono, ni en las preguntas o las chorradas habituales. Tienen margen de mejora, pero necesitan soltarse el pelo pronto. Que no se les note la edad.
Si esta es la última temporada en TVE (tiene pinta, la verdad, por motivos extra-televisivos), lo que deberían hacer no es apocarse y tratar de marcar distancia con ellos mismos, aparentando ser un programa de televisión serio. 'La Revuelta' debería ser el programa de los payasos, los estudiantes de audiovisuales, los cómicos underground, el público garrulo, el slapstick y la tontería por bandera: que se maquillen de prestigio es como coger al gañán del pueblo y ponerle un traje y una corbata. Simplemente no tiene sentido porque le van a pillar a la primera. Si tu esencia es el "keep it cutre", no intentes que queramos ver otra cosa.
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