'Ozark' toca techo: la tercera temporada de la serie de Netflix es la mejor hasta ahora

Durante las dos primeras temporadas de ‘Ozark’ siempre me daba la sensación de que era una serie muy solvente que hacía todo bien o muy bien. El problema es que ni siquiera de forma ocasional llegaba esa brillantez necesaria para poder sobresalir en una época en la que se hacen más series de televisión que nunca. Eso ha cambiado en su tercera tanda de episodios, la mejor hasta ahora con diferencia.

Tras un arranque de temporada en el que se prestó especial atención al distanciamiento dentro del matrimonio Byrde, la serie de Netflix ha optado por elevar la sensación de peligro para llevar al límite a la pareja protagonista. Y vaya si lo consiguen, pues una de las tramas que proponen te atrapa sin remedio por mucho que sepas que lo inevitable va a acabar llegando más temprano que tarde.

A partir de aquí he evitado los spoilers directos en la medida de lo posible, pero quizá no queráis seguir leyendo hasta después de verla.

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Rompiendo la “tranquilidad” de los Byrde

Es innegable que ha habido varios golpes de efecto a lo largo del camino, pero hasta ahora ‘Ozark’ siempre ha primado que todo se cuece a fuego lento y transite por el camino que podríamos esperar. De esta forma sus responsables tenían la oportunidad de medir bien las tramas y los actores de captar las emociones de sus personajes y trasladarlas al espectador.

Un cóctel a priori envidiable que a la hora de la verdad dejaba cierto sabor agridulce, en parte por previsible, pero sobre todo porque la serie no terminaba nunca de alcanzar el grado de intensidad necesario para que es otro aspecto diera igual. Y es que de forma inconsciente sabíamos que Marty y Wendy son intocables para el futuro de la serie, por lo que nunca terminamos de asumir las amenazas a las que se enfrentan como verdaderos peligros.

Eso también sucede en la tercera temporada cuando Marty se enfrenta a una situación a vida o muerte, pero ya entonces se nota que Chris Mundy, showrunner de la serie, está elevando el listón y que un paso en falso podría resultar definitivo. Sin embargo, ya sabíamos que tanto Marty como Wendy saben cómo enfrentarse a las cosas desde la precaución, por lo que la llegada de un factor inestable es lo que dispara la serie a otro nivel.

Esto es lo que cambia tanto la dinámica de la serie como de los propios personajes, ya que tiene ramificaciones que van más allá del matrimonio protagonista y en todo momento nos queda claro que no hay nada que puedan hacerla para tenerlo bajo control. De esta forma, ‘Ozark’ realmente consigue transmitir esa sensación de peligro que hasta ahora siempre quedaba en un segundo plano en el mejor de los casos, pero es que además lleva el impacto emocional de la serie hasta límites nunca vistos hasta ahora.

El paso adelante que necesitaba ‘Ozark’

Es verdad que en la segunda temporada hubo situaciones muy impactantes -ojo con los spoilers- como las muertes de Jacob y varios miembros de la familia Langmore, pero eran decisiones que se sentían más como puntos en la evolución de personajes concretos en lugar de tener una importancia mucho más global como lo que sucede en esta tercera temporada.

Tanto es así, que ‘Ozark’ se permite quizá no deleitarse en lo que está por llegar, pero sí dejar bien claro lo que va a suceder y luego ir hurgando en la herida a todos los niveles -las interpretaciones son especialmente esenciales en este caso, eso sí- para que poco menos que asumamos la posición de cierto personaje en la serie. Ya la serie nos había recordado antes qué sucede con los cabos sueltos y en la forma de alargar la agonía es donde la serie encuentra esa grandeza tan esquiva hasta ahora.

Hasta entonces, la tercera temporada de ‘Ozark’ se sentía como una prolongación a un nivel similar a sus predecesoras, quizá algo mejor -como ya sucedía en la segunda respecto a la primera- y prestando más atención a lo femenino pero tampoco tanto como para afirmarlo con rotundidad. Se introducen tramas estimulantes pero no memorables como la dinámica que se establece entre Marty y una agente del FBI o cómo progresa la relación entre Darlene y Wyatt, mientras en paralelo vamos viendo cómo la posición de los Byrde dentro del cártel de los Navarro va oscilando.

Ahí ‘Ozark’ podría haber tenido la precisión de un reloj suizo, algo que iría en plena consonancia con lo visto hasta ahora en ella, pero una pieza de la maquinaria falla y la forma de lidiar con el colapso nos lleva a que la serie llegue a un potente final, de esos que te harán odiar a Netflix si no acaba siendo renovada.

En resumidas cuentas

‘Ozark’ ha dado en esta tercera temporada ese paso adelante que le venía reclamando desde hace ya un tiempo y lo hace de forma brillante, convirtiéndose así en la mejor temporada de la serie hasta ahora. Habrá que ver si este punto de inflexión se mantiene en el caso de que la cosa siga adelante -según Mundy espera que sean cinco temporadas- o si acaba siendo algo aislado, pero lo que tengo claro es que ahora no me queda otra que aplaudir a sus responsables.

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