'Parenthood', y si no tengo problemas, me los invento

Resulta curioso, pero en un mismo año podríamos perder de una tacada los dos grandes dramas familiares de la televisión estadounidense; por un lado, ‘Brothers & Sisters‘, que después de cinco años en antena acumula un desgaste considerable; y por el otro, ‘Parenthood‘, que aun a pesar de llevar sólo un año escaso en antena, no ha cumplido por completo las expectativas que la NBC tenía puestas en ella. La familia Braverman volvió este año con una temporada completa bajo el brazo, y aunque en ocasiones ha resultado ser absolutamente desquiciante (sobre todo por culpa de Adam Braverman), para mí ha tenido ese punto definitivo que la ha consolidado en mi calendario de series.

En su segunda temporada, ‘Parenthood‘ ha conseguido establecer un equilibrio más o menos uniforme entre los cuatro hermanos (quizá Julia sí que ha estado un poco más abandonada), sin renunciar a la interacción entre ellos y dándole el protagonismo justo a los personajes adolescentes, sin sobrecargar demasiado como hicieron al final de la primera temporada entre Haddie y Amber. Muchas cosas les han pasado este año, y aunque en algunas ocasiones nos han entrado ganas de ahorcarlos con nuestras propias manos, también hemos podido disfrutar mucho con los buenos momentos. Vamos, como en toda familia que se precie.

Un vistazo a…
ENFOQUE PROFUNDO Y LENTES PARTIDAS

Adam el lunático y Kristina la lunática

Comienzo con la que probablemente sea la pareja más odiada de la serie, la de Adam y Kristina. Comprendo que Adam pueda sentirse frustrado por la situación en su trabajo, su nuevo jefe hippie, el Asperger de Max y demás historias, pero este año ha parecido que toda su frustración la ha volcado en Haddie. En ningún momento ha aceptado que la niña ya no es tan niña, y que ya le toca tener novios, hacer el amor, darse de ostias y aprender a recuperarse por sí sola.

La situación con Adam ha llegado a tal extremo que es, oficialmente, mi personaje más odiado de toda la serie. No le veo chicha por ninguna parte, y su absurda pelea con Crosby terminó de confirmar que es el mayor capullo creado en mucho tiempo. Y el problema es que Kristina le sigue la corriente, y entre ambos forman un núcleo de odio del que es difícil desprenderse. Siempre he pensado que de no ser por él, Kristina sería una madre mucho más moderna y comprensiva; en la recta final de temporada nos lo ha demostrado.

Pero con ellos también hemos vivido la evolución de la condición de Max, que ya se ha enterado de que padece Asperger. De nuevo, un drama en torno a esta historia, que se agravó después de que Crosby se acostara con la terapeuta del niño (la gran Minka Kelly); pero su historia también nos ha permitido tener como actor invitado a Michael Emerson, algo así como una versión adulta de Max que nos trasladó por un capítulo a los grandes momentos vividos con él en la isla de ‘Perdidos’. Igual de enigmático y sorprendente.

El pasado y futuro de Sarah Braverman

Y del hermano que más odio a la hermana que más aprecio: Sarah Braverman. Lauren Graham es, junto a Peter Krause, la gran estrella de la serie, y esta temporada le han dedicado muchos minutos a su historia. Primero, por su relación con Gordon (William Baldwin), el jefe de la empresa de zapatería en la que empezó a trabajar junto a Adam; segundo, por el regreso de su ex-marido; tercero, por su incursión en el mundo de la literatura, en plan J. K. Rowling; y finalmente, por el accidente de Amber, que ha tocado fondo en los últimos capítulos.

De todo esto, probablemente la mejor parte fue la llegada de Seth (John Corbett), el padre de Amber y Drew. Ahí regresaron los fantasmas del pasado a las mentes de Sarah y Amber, no así a la de Drew que vio por fin la oportunidad de tener una figura masculina en la que apoyarse. Tengo que decir que me sorprendí gratamente con la forma en que Sarah reaccionó ante el regreso de su ex-marido, y los tres capítulos que duró esa trama disfruté como un enano. Y por cierto, vaya cambio del actor entre ‘Parenthood’ y ‘United States of Tara’.

La parte en la que Sarah se convierte en escritora no dio demasiado de sí, y probablemente fue su trama más aburrida; no sabíamos muy bien sobre qué estaba escribiendo, pero en el último capítulo, al poner las líneas en boca de los actores, ‘Parenthood’ nos regaló un precioso final de temporada (y quizá también de serie) en el que Sarah ponía la historia de su familia encima del escenario. En caso de continuar, parece que Sarah por fin tiene un trabajo asentado sobre el que desarrollar su talento.

Crosby, Julia, y las opciones de renovación

Crosby paso de calzonazos a adúltero casi sin darse cuenta, y para cuando quiso arreglarlo ya era tarde. Sinceramente, no le culpo; Yasmin es otro de esos personajes que no aguanto más de 30 segundos en pantalla, y si por mí fuera la mandaba de nuevo a Europa a trabajar dejando al niño con Crosby. Pero entonces se acabaría la gracia, por eso no soy guionista. El caso de Julia es el de la gran ignorada en la serie; parece que los matrimonios que van bien no pueden tener minutos en pantalla, pero los pocos momentos en que ella, Joel y Sidney conversan han sido para enmarcar. A la “hora del té” en el último capítulo me remito.

Finalmente, Zeek y Camille han sido meros figurantes en esta segunda temporada. Salvando los primeros capítulos, en los que trataron sus problemas de pareja, y esa escena de amor en la lavandería en la que mostraron más de lo que cualquiera de nosotros hubiera querido ver, ambos se han dedicado a dar la frase de ánimo cuando ha hecho falta y el discursito paternal en el momento adecuado. Ahora bien, como anfitriones de las reuniones familiares no les gana nadie.

Y es ahí donde yo me enamoro de ‘Parenthood’, en el momento en que todos se reúnen y empiezan a interactuar unos con otros. La cena de Acción de Gracias con el posterior partido de fútbol americano o la reunión en el bar para ver actuar a Amber son dos motivos, entre muchos, para volver a traer ‘Parenthood’ de nuevo el próximo año. Probablemente seguiremos odiando a algunos, amando a otros y sufriendo de impotencia al ver lo absurdo de sus actuaciones, pero ¿no es esa la base de la mayoría de familias? ¿No se merece un lugar en la parrilla una serie capaz de despertar todos esos sentimientos en el espectador? Yo voto sí a la renovación. ¡Y viva los Braverman!

En ¡Vaya Tele! | ‘Parenthood’ vuelve sin muchos cambios

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