'Policías de Nueva York'. Nostalgia TV

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Hemos visto tantas comisarías en televisión que casi parece que tendemos a menospreciar inconscientemente las ficciones centradas allí. Para ser más estrictos, lo que hacemos es poner la vara de medir a la altura de lo excepcional (y, por tanto, de lo que es difícil repetir). 'The Wire', por ejemplo, ensombrece en no pocas ocasiones la trayectoria de otras series. y 'Policías de Nueva York' no es 'The Wire', pero es una serie demasiado notable como para pasar por alto que estuvo en antena doce temporadas ampliando los límites del policíaco en plena televisión generalista.

En plena ABC, un veterano y casi siempre acertado productor televisivo, Steven Bochco, y uno de los nombres más atípicos del negocio, David Milch, parieron una ficción en la que las comisarias ya no eran lo blanco y las calles lo negro, en la que los héroes (si es que los había) eran de todo excepto puros y en la que el espectador tenía que aceptar que lo que no se veía llevaba una carga brutal de realidad. Esta vez, por cómo estaba tejido todo el hilo de relaciones, los crímenes importaban de verdad… porque todo estaba contado como si la ficción no existiese.

De Manhattan a Deadwood: La ley es la ley y quienes la aplican

Milch y Bochco ya habían trabajado juntos en 'Canción Triste de Hill Street', y aunque aquella comisaría redefinió muchos de los estándares televisivos del género policíaco, haciendolo menos maniqueo de lo habitual, no es comparable a la ambigüedad moral que destila 'NYPD Blue' (que, a su vez, tampoco es comparable a la podredumbre absoluta y tristemente cierta de 'The Wire').

La culpa es de Milch, que necesitaba una serie en la que predominaran los personajes complejos y víctimas del declive cultural y moral de toda una sociedad. Más tarde, Milch volvería sobre sus pasos para recuperar muchos de los temas que aparecen en 'Policías de Nueva York' en 'Deadwood', donde ya apenas queda optimismo y el pasado actúa de reflejo oscuro de nuestra sociedad actual.

Pero mientras en el Oeste del imponente Al Swearengen el caos impone que la aplicación de la ley sea ambigua (porque aún está por hacer), en la noventera comisaría de Manhattan la ley está establecida desde hace años, pero quienes la aplican son los que se deslizan, poco a poco, hacia los rincones oscuros. Y esos, los dilemas internos de los personajes y los externos de la sociedad al cumplir la ley, están presentes en el día a día de la comisaría de Manhattan en la que se desarrolla la serie.

Andy Sipowicz: de cómo el acompañante del héroe toma el timón

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De hecho, no hay más que ver cómo Andy Sipowicz, interpretado por un glorioso Dennis Franz, se hace con el papel estelar de la función en la primera temporada, cuando éste le correspondería a John Kelly (David Caruso mucho antes de hacer frases lapidarias desde una gafas de sol como Horatio Cane). Kelly es el héroe clásico, el policía al que años de crímenes aún no han quemado. Sipowicz parece su complemento, un tipo borrachuzo, misógino (o más bien misántropo), incapaz de tener una relación sexual o sentimental sana y siempre mal encarado.

No es rebelde porque el mundo le haya hecho así, sino que, básicamente, tantos años de tragar violencia a paletadas y de intentar que la ley sea real le han destrozado del todo y, si hay que tomar atajos, puede que lo haga, pero no sin sufrimiento. En el inicio de la serie, Kelly tiene más protagonismo que Sipowicz, pero David Milch no tardó en darse cuenta de que lo que le interesaba era precisamente explorar el lado oscuro.

Hay quien dice que Caruso no aceptó del todo bien al robaescenas de Dennis Franz y que por eso sus colaboraciones cada vez son más escasas en la primera temporada. Pero es una lástima que John Kelly desapareciera de la serie tan pronto y que Caruso saltara del barco para dedicarse al cine, porque en los contrastes entre ambos personajes es donde 'Policías de Nueva York' empieza a crecer y a alejarse de otros modelos.

El resto de compañeros que se unen a lo largo de las temporadas a Sipowicz (Bobby Simone, Danny Sorensen, John Clark Jr.) ejerzan más de contrapunto que suaviza al siempre complicado Franz que de choque frontal entre policías.

Policías de Nueva York: Doce temporadas de polémica

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A lo largo de doce temporadas, una serie brillante como 'Policías de Nueva York' dejó muchos episodios para el recuerdo. También muchos interrogatorios de violencia sugerida o que permanece siempre en segundo plano, y un buen puñado de líneas de guión salvajes, donde entre palabras malsonantes caben temas incómodos como el racismo, la violencia sexual, las drogas y cómo la raíz del crimen puede estar en la sociedad que creamos cada día, y no en cada criminal (aunque esta última opción sea mucho más aceptable para todos, porque nos quita culpas).

En EEUU esto ya era más que suficiente para que se alzaran numerosas voces que la consideraron una serie vulgar, perjudicial, que se emitía en una cadena familiar. Como Milch, además, no quería atarse las manos por casi nada, la FCC impuso numerosas multas a la ABC a costa de las denuncias que por lenguaje o desnudos le llegaban de todo tipo de asociaciones.

Eso no hizo mella precisamente en la serie, que debutó con buenas cifras en 1993 (13 millones de espectadores) y se mantuvo por encima de los diez millones en casi toda su vida, con picos por encima de los 16 millones en su octava temporada. Fueron muchos años de éxito a lo largo de de 265 episodios de un procedimental policíaco que tuvo ideas claras y supo llevarlas a buen puerto, además de un protagonista excepcional.

Ficha Técnica: Policías de Nueva York


Hemos visto tantas comisarías en televisión que casi parece que tendemos a menospreciar inconscientemente las ficciones centradas allí. Para ser más estrictos, lo que hacemos es poner la vara de medir a la altura de lo excepcional (y, por tanto, de lo que es difícil repetir). 'The Wire', por ejemplo, ensombrece en no pocas ocasiones la trayectoria de otras series. y 'Policías de Nueva York' no es 'The Wire', pero es una serie demasiado notable como para pasar por alto que estuvo en antena doce temporadas ampliando los límites del policíaco en plena televisión generalista.

En plena ABC, un veterano y casi siempre acertado productor televisivo, Steven Bochco, y uno de los nombres más atípicos del negocio, David Milch, parieron una ficción en la que las comisarias ya no eran lo blanco y las calles lo negro, en la que los héroes (si es que los había) eran de todo excepto puros y en la que el espectador tenía que aceptar que lo que no se veía llevaba una carga brutal de realidad. Esta vez, por cómo estaba tejido todo el hilo de relaciones, los crímenes importaban de verdad… porque todo estaba contado como si la ficción no existiese.

De Manhattan a Deadwood: La ley es la ley y quienes la aplican

Milch y Bochco ya habían trabajado juntos en 'Canción Triste de Hill Street', y aunque aquella comisaría redefinió muchos de los estándares televisivos del género policíaco, haciendolo menos maniqueo de lo habitual, no es comparable a la ambigüedad moral que destila 'NYPD Blue' (que, a su vez, tampoco es comparable a la podredumbre absoluta y tristemente cierta de 'The Wire').

La culpa es de Milch, que necesitaba una serie en la que predominaran los personajes complejos y víctimas del declive cultural y moral de toda una sociedad. Más tarde, Milch volvería sobre sus pasos para recuperar muchos de los temas que aparecen en 'Policías de Nueva York' en 'Deadwood', donde ya apenas queda optimismo y el pasado actúa de reflejo oscuro de nuestra sociedad actual.

Pero mientras en el Oeste del imponente Al Swearengen el caos impone que la aplicación de la ley sea ambigua (porque aún está por hacer), en la noventera comisaría de Manhattan la ley está establecida desde hace años, pero quienes la aplican son los que se deslizan, poco a poco, hacia los rincones oscuros. Y esos, los dilemas internos de los personajes y los externos de la sociedad al cumplir la ley, están presentes en el día a día de la comisaría de Manhattan en la que se desarrolla la serie.

Andy Sipowicz: de cómo el acompañante del héroe toma el timón

De hecho, no hay más que ver cómo Andy Sipowicz, interpretado por un glorioso Dennis Franz, se hace con el papel estelar de la función en la primera temporada, cuando éste le correspondería a John Kelly (David Caruso mucho antes de hacer frases lapidarias desde una gafas de sol como Horatio Cane). Kelly es el héroe clásico, el policía al que años de crímenes aún no han quemado. Sipowicz parece su complemento, un tipo borrachuzo, misógino (o más bien misántropo), incapaz de tener una relación sexual o sentimental sana y siempre mal encarado.

No es rebelde porque el mundo le haya hecho así, sino que, básicamente, tantos años de tragar violencia a paletadas y de intentar que la ley sea real le han destrozado del todo y, si hay que tomar atajos, puede que lo haga, pero no sin sufrimiento. En el inicio de la serie, Kelly tiene más protagonismo que Sipowicz, pero David Milch no tardó en darse cuenta de que lo que le interesaba era precisamente explorar el lado oscuro.

Hay quien dice que Caruso no aceptó del todo bien al robaescenas de Dennis Franz y que por eso sus colaboraciones cada vez son más escasas en la primera temporada. Pero es una lástima que John Kelly desapareciera de la serie tan pronto y que Caruso saltara del barco para dedicarse al cine, porque en los contrastes entre ambos personajes es donde 'Policías de Nueva York' empieza a crecer y a alejarse de otros modelos.

El resto de compañeros que se unen a lo largo de las temporadas a Sipowicz (Bobby Simone, Danny Sorensen, John Clark Jr.) ejerzan más de contrapunto que suaviza al siempre complicado Franz que de choque frontal entre policías.

Policías de Nueva York: Doce temporadas de polémica

A lo largo de doce temporadas, una serie brillante como 'Policías de Nueva York' dejó muchos episodios para el recuerdo. También muchos interrogatorios de violencia sugerida o que permanece siempre en segundo plano, y un buen puñado de líneas de guión salvajes, donde entre palabras malsonantes caben temas incómodos como el racismo, la violencia sexual, las drogas y cómo la raíz del crimen puede estar en la sociedad que creamos cada día, y no en cada criminal (aunque esta última opción sea mucho más aceptable para todos, porque nos quita culpas).

En EEUU esto ya era más que suficiente para que se alzaran numerosas voces que la consideraron una serie vulgar, perjudicial, que se emitía en una cadena familiar. Como Milch, además, no quería atarse las manos por casi nada, la FCC impuso numerosas multas a la ABC a costa de las denuncias que por lenguaje o desnudos le llegaban de todo tipo de asociaciones.

Eso no hizo mella precisamente en la serie, que debutó con buenas cifras en 1993 (13 millones de espectadores) y se mantuvo por encima de los diez millones en casi toda su vida, con picos por encima de los 16 millones en su octava temporada. Fueron muchos años de éxito a lo largo de de 265 episodios de un procedimental policíaco que tuvo ideas claras y supo llevarlas a buen puerto, además de un protagonista excepcional.

De Manhattan a Deadwood: La ley es la ley y quienes la aplican

  • Título Original: NYPD Blue
  • Género: Drama Policíaco
  • Cadena: ABC (1993-2005)
  • Disponibilidad DVD: Completa

Ficha Técnica: Policías de Nueva York


  • Título Original: NYPD Blue

  • Género: Drama Policíaco

  • Cadena: ABC (1993-2005)

  • Disponibilidad DVD: Completa


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