'Velvet', al calor del romanticismo

Ayer concluyó en Antena 3 la segunda temporada de 'Velvet', la serie de Bambú Producciones para Atresmedia. Y lo hizo por todo lo alto, con unas cifras de escándalo: más de cuatro millones y medio de espectadores y un share de los que no se ven todos los días, un 24,7% que no hace más que dar la razón a todos lo que, en primer lugar, confiaron en esta serie de época.

Renovada desde noviembre del año pasado, esta producción parece llevar camino de convertirse en un clásico de la televisión y en un producto de referencia para su canal madre. ¿Cómo consigue llegar de una manera tan contundente al corazón de la audiencia? Muchos son los ingredientes que hablan del buen hacer de una de las series españolas más exitosas del momento.

Piedra a piedra

Una de las virtudes de la serie creada por Ramón Campós y Gema R. Neira es la manera en la que ha aprendido a contar sus vicisitudes. 'Velvet' es una serie tremendamente agradable de ver, que consigue que sus capítulos se pasen en un suspiro. Su cadencia narrativa se sustenta en tramas ligeras y positivas, con momentos dulces y entrañables.

Incluso las tramas empresariales, que pueden resultar más áridas, se solventan de una manera sencilla. Sentarse a ver un nuevo capítulo de esta serie parece darnos la certeza de que vamos a pasar un rato muy entretenido, con unos personajes a los que ya hemos aprendido a querer y que rezuman alegría y buenos sentimientos.

'Velvet, amor por los cuatro costados

El tema principal de la serie es, por supuesto, el amor. Las tramas amorosas son tantas como personajes hay en la serie. De tal forma que ningún personaje parece completo si no tiene una media naranja a la que echar el lazo. La historia de Alberto y Ana, la pareja protagonista, ofrece, sin embargo, algunos claroscuros.

Está claro que compramos esa historia de amor que fructifica desde la niñez, y que supone un final feliz el hecho de que la temporada cierre con el reencuentro entre los dos personajes principales. Pero, ¿es bonito que en el velatorio de Isabel, mientras Cristina atiende a los invitados, Ana y Alberto se hagan arrumacos? Es difícil lidiar con este tipo de asuntos. Hemos de querer que los personajes estén juntos, pero ¿dónde queda la abnegada esposa que no puede sufrir más vejaciones emocionales?, ¿es justo para un Carlos que ha sido un primor durante toda la temporada?, ¿por qué Ana no ha sido clara desde el primer momento?, ¿no ha jugado con los sentimientos del chico? ¿La audiencia lo perdona todo por una bonita cara compungida?

Menos mal que existen Margarita y el Verbenas. El protagonismo que ha obtenido el personaje de Cecilia Freire es más que evidente: el último capítulo está dedicado a su boda. No es ninguna sorpresa si digo que estos dos son los favoritos de una gran parte de la audiencia. Su vis cómica los convierte en entrañables. Y, lo que es mejor, son personajes que se equivocan y asumen las consecuencias, dan la cara por sus errores y pagan por ello, algo que da verismo a cualquier historia.

En general, las tramas secundarias de 'Velvet' funcionan muy bien. Clara y Mateo, Luisa y Jonás, Blanca y Esteban... sus historias no son secundarias, sino que crecen en interés en una serie en la que el protagonismo coral, como ya pasaba también en 'Gran Hotel' es todo un acierto. El colectivo de personajes que se apoya y se ayuda, con ese positivismo solidario, puede pecar en ocasiones de irreal pero nos gusta igualmente porque se nota que es el tono que la serie pretende y uno de los ingredientes que hace que esta producción sea tan apetecible.

El futuro de la serie

La segunda temporada ha terminado con muchos finales felices que, en la secuencia siguiente, se transformarán en nuevos conflictos. El matrimonio entre Alberto y Cristina no se va a deshacer con un chasquido de dedos, precisamente. Al final del capítulo, pudimos ver un avance de lo que la nueva temporada nos deparará. El recurso empleado para anunciarlo, el de un noticiero de la época, en blanco y negro, me ha parecido muy acertado, es un toque distinto, sencillo pero creativo, que ayuda a mantener la expectación.

Por último, no puedo dejar de hablar de la estética de 'Velvet', otra de las piezas claves para entender el éxito de la serie. Los vestidos de las chicas despiden una sentimental añoranza de una época que, en realidad, no funcionaba de esa manera pero que, en la pequeña pantalla, parece encajar. Incluso podemos perdonar que la boda entre Pedro y Rita pareciera más un baile de instituto americano que una boda de pueblo de la España de la época.

En ¡Vaya Tele! | 'Velvet': verbenas, alfileres y mucho amor

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