'Algunas bestias', un perverso drama que se retuerce hacia el género más terrorífico

Pocos debuts consiguen una prominencia propia de directores veteranos tras años de experimentación formal, ensayo y error o simplemente mejor apoyo produccional como consecuencia de muchos trabajos en los que haberse probado talentosos. El Festival de San Sebastián siempre ha sabido encontrar potencial en miradas que, con el tiempo, han logrado acabar en lo más alto de las competiciones internacionales.

Otras veces con desacierto, pero a buen seguro dejándonos premiadas operas primas de gran magnitud, como la fantástica 'Of Horses and Men', del director islandés Benedikt Erlingsson, laureado en su debut en 2013 y en adelante con una fulgurante carrera.

En esta edición, el chileno Jorque Riquelme, productor de sus propios trabajos, conseguía este fin de semana la mayor distinción de la competición de Nuevos Directores con 'Algunas bestias'. Una segunda película que rezuma talento, y desde luego al nivel del mejor cine de autor del año, con una obra rodada con precisión y mucha inteligencia.

Protagonizado de forma coral entre otros por la siempre espléndida Paulina García y un escalofriantemente camaleónico Alfredo Castro, el film nos encierra de forma asfixiante en una isla desierta chilena en la que la hija de éstos y su marido desean emprender un negocio turístico para visitantes en busca de paz y desconexión con el pretexto de volver a las raíces naturales. Un concepto de exclusividad ecológica bajo la etiqueta de bioturismo, muy a la orden del día y que estos elitistas suegros no terminan de comprender.

Lo que inicialmente se esperaba un fin de semana paradisíaco, de paseos bajo los árboles a la orilla del mar y charlas a la luz de la hoguera, poco a poco se retuerce para ir transformándose en un dramático encuentro que desencadena las peores pulsiones de todos los miembros de una familia mucho más perversa de lo que su refinada apariencia intenta transmitir. Un drama familiar que silenciosamente empieza a girar sobre sí mismo, en una transformación monstruosa que bien podría tener tintes del género más sutil y a la vez oscuro y moralmente terrorífico.

Un guión brillante y una fotografía de gran precisión dejan secuencias que son oro puro

Un trabajo excelente en su construcción del suspense, en el que el realizador recurre con mucho acierto a los elementos más desapercibidos, como el diseño de sonido, para calladamente elevar una tensión que acaba siendo atronadora. Una intuición siniestra que acompaña a cada uno de los personajes desde los primeros segundos de metraje se une a la asfixia de una localización sin escapatoria con la amarga percepción de que algo muy perverso se esconde detrás de unos humanos que finalmente acaban degradados a la categoría de bestias.

Una magnífica obra en buena parte apoyada en un guión estupendo con unos diálogos brillantes, muy ligados a su puesta en escena, tan planificada como de resultado hipernaturalista que nos deja secuencias que son puro oro. Oro interpretativo, desde luego, en la piel de todos y cada uno de los 7 personajes que componen este retorcido thriller, pero también en su escritura cruda y realista, que fluye de forma tan creíble que resulta espantosamente apabullante.

A un casting excelente y una localización muy bien escogida 'Algunas bestias' añade una fantástica dirección de fotografía, de una precisión y un lirismo extraordinarios. Cada encuadre tiene un sentido a ojos de Riquelme, que no por ello recurre al subrayado, sino que permite que la acción transcurra ante una mirada fija y directa que en ocasiones duele. Aunque nada tendiente al virtuosismo y sin embargo puramente técnica, el realizador consigue aumentar el impacto de esta historia desgarradora a través de una fotografía discreta y nada evidente, al tiempo que espectacularmente fotogénica.

Con un movimiento verdaderamente hipnótico, Riquelme distribuye a sus protagonistas dentro del cuadro, como parte de una puesta en escena de destreza casi coreográfica. Conversaciones punzantes que vienen acompañadas de decisiones escenográficas que demuestran una concepción maestra de un director del que sólo queda esperar maravillas en sus próximos trabajos. En definitiva, un feliz descubrimiento tan atractivo como espeluznante al que cabe desearle un largo recorrido.

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