'Baby Driver' arranca genial pero va perdiendo gas y le cuesta llegar a meta

La televisiva ‘Spaced’ hizo que algunos empezasen a interesarse por su obra, pero fue ‘Zombies Party’ (‘Shaun of the Dead’), su primer largometraje profesional -antes ya había hecho 'A Fistful of Fingers'- y también el inicio de la celebrada trilogía del Cornetto, la cinta que puso en el radar de la mayoría el nombre de Edgar Wright. Desde entonces solamente había estrenado otras tres películas, las dos entregas restantes de la mencionada trilogía y ‘Scott Pilgrim contra el mundo’ (‘Scott Pilgrim vs. The World’).

Lo cierto es que deberían haber sido cuatro, pero diferencias creativas con Marvel impidieron que su visión de ‘Ant-Man’ llegase a la gran pantalla. Esa decepción hizo que se centrara en el guion de ‘Baby Driver’, un proyecto en el que había empezado a trabajar tiempo atrás y que este viernes 7 de julio llega a los cines de toda España. Lo hace además a toda velocidad, tanta que el motor empieza a fallar tras su primer acto y nunca llega a recuperar el magnífico nivel de su primera media hora.

Un magnífico inicio sin la continuidad deseada

A estas alturas ya todos sabréis que la música juega un papel esencial en ‘Baby Driver’. Tanto es así que muchas escenas están concebidas alrededor de la canción que suena en ese momento. Una idea con la que Wright ya había experimentado previamente y que aquí lleva hasta sus últimas consecuencias, convirtiéndolo en un musical rítmico sin tener la necesidad de que los propios personajes se pongan a cantar para justificarlo.

Sobre el papel es un recurso muy estimulante y no hace falta más que ver sus primeros cinco minutos para darse cuenta del increíble dinamismo que puede aportar a la película: unos ladrones se dan a la fuga tras cometer un atraco y el conductor tiene en sincronía su forma de manejar el coche con el tema que está escuchando. La ejecución por parte de Wright es además brillante, logrando transmitir la emoción de la persecución con una impecable puesta en escena que además deja claro que esto es algo diferente, original.

Imagino que habrá quien haya reaccionado con incredulidad ante esto último, pues el propio Wright ha señalado varios de los muchos referentes que ha manejado para ‘Baby Driver’ y si sumas un poco de varios sitios, es verdad que puedes dar con una combinación que más o menos te cuadre. No obstante, sería muy perezoso por mi parte hacerlo cuando realmente creo que la película quiere ser algo diferente y lo consigue.

El problema es su inconsistencia a partir de cierto punto, que curiosamente coincide con el hecho de empezar a descubrir más cosas sobre el pasado del protagonista -lo de su padre de acogida sí funciona bien, sobre todo porque le permite seguir siendo parco en palabras, y también su primer encuentro con Debora, pero a partir de ahí la cosa empieza a resquebrajarse-, porque también es una cinta que quiere molar por encima de todo y llega un punto en el que o conectas sin ataduras a cualquier cosa que te proponga o empiezas a detectar sus problemas.

‘Baby Driver’ pierde fuerza cuando se vuelve más seria

Esto es algo que ya le había sucedido a Wright, aunque en un nivel diferente, con su adaptación del estupendo cómic de Bryan Lee O’Malley. En el caso de ‘Baby Driver’ lo que sucede es que llega un punto en el que ya no todo puede ser fiesta y desenfreno, por lo que las cosas se complican. El dramatismo gana intensidad superando incluso a la adrenalina y Wright no termina de saber cómo manejarlo bien para que todo cuaje con la misma frescura que su arranque.

Empezando por alguna decisión de guion cuestionable, desde el tratamiento del pasado del protagonista, que carece de la fuerza adecuada, hasta, y es cierto que se define a cierto personaje como impredecible, una decisión que toma otro que resulta clave para el devenir del relato resulta demasiado conveniente para las necesidades narrativas de Wright, por no hablar de otros detalles con la película ya demasiado avanzada como para entrar en ellos.

‘Baby Driver’ va dando tumbos, combinando momentos que te recuerda lo mucho que te había enganchado al principio -la ejecución de las persecuciones sigue conservando toda su fuerza- con otros que no terminan de encajar, causando un desequilibrio que rompe el hechizo al que nos había sometido Wright con la misma rapidez con la que lo había logrado. La magia desaparece.

La cuestión es que está claro que la película estaba condenada a ir por esa vía si no quería agotarse antes de llegar a la meta, eso es innegable. Además, la transición de la vida profesional a la privada está bien llevada, con Ansel Elgort mostrando el suficiente carisma y talento para sostener tanto a su personaje como el hecho de tener a su lado actores mucho más experimentados. Y no me olvido tampoco de su excelente química con Lily James, ¿qué es entonces lo que sucede?

Pues curiosamente quizá sea resultado de lo que convierte a ‘Baby Driver’ en una película única. Y es que la apuesta de Wright requería que supiera manejar a la perfección el ritmo de la acción, algo que la ecléctica selección musical sí consigue, pero su manejo en la película va cuadrando menos. Por un lado está el inevitable desgaste, ya que una vez perdida la sorpresa inicial, es algo que más o menos asimilamos como parte del ADN de la película, pero la clave es el tono, algo esquizofrénico en su intento de manejar demasiados frentes.

No me entendáis mal, sigue habiendo momentos que harán morirse de envidia a varios de los blockbusters que se estrenarán este verano, pero Wright quiere que toda la película llegue a un nivel que es incapaz de mantener. Por un lado agradezco esa ambición, pero también hay que saber cuáles son tus límites. Es cierto que por norma general, su cine sufre un poco en sus tramos finales, pero aquí esa sensación de relativo agotamiento llega mucho antes y nunca te abandona.

En definitiva, ‘Baby Driver’ es una maravilla durante sus primeros 30 minutos, pero luego no sabe cómo manejar la llegada de nuevos ingredientes. Es como si Edgar Wright hubiese pisado el acelerador demasiado pronto y luego simplemente no tiene la gasolina suficiente para mantener el ritmo. Lo peor de todo es que eso sucede más pronto de lo esperado, dejándonos a partir de entonces grandes maniobras concretas que la mayoría de las veces quedan en nada por lo que viene a continuación. Con todo, sigue siendo entretenida, pero es una pena.

Otra crítica en Espinof: 'Baby Driver': una orgía fílmico-musical irrepetible

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