Cómic en cine: 'Ant-Man', de Peyton Reed

Idas y venidas. Dimes y diretes. Un director y guionista de enorme talento y personalidad que se marcha por las inefables "diferencias creativas". Otro que tiene muy poco talento y nula personalidad que es contratado in extremis para sacar adelante como sea el proyecto. El guión, ya rematado, reescrito y revisado para cambiarlo hasta términos que quizás nunca serán aclarados pero que, a la luz de lo que se puede ver en pantalla, indican a que nimio o inexistente es lo que quedó de lo que había previamente. Bajo este panorama, ¿qué podía esperarse de 'Ant-Man' (id, Peyton Reed, 2015)? La respuesta es evidente: POCO.

La salida de Edgar Wright y Joe Cornish del filme que pondría punto y final a la Fase 2 del Universo Marvel Cinematográfico y, al mismo tiempo, serviría de prólogo para la tercera etapa que se iniciara el próximo año con la Guerra Civil, hacía que mucha de la confianza que tenía depositada en la traslación del personaje creado por Stan Lee y Jack Kirby y que había servido a los padres de La Casa de las Ideas como miembro fundador de Los Vengadores, se fuera a tomar viento fresco. Y por si ello no era suficiente, la poca que quedaba era obliterada por la entrada de un Peyton Reed que se antojaba como un pequeño parche para un gigantesco descosido.

Desafortunadamente, así ha sido, y lo que depara 'Ant-Man' al fiel seguidor de las producciones que los estudios han ido poniendo en pie desde que en 2008 nos llegara 'Iron Man' (id, Jon Favreau) es una cinta claramente bipolar que, en un intento de posicionarse como un objeto único en la trayectoria de las películas vistas hasta el momento, potencia sobremanera el tono de comedia existente con mayor o menor intensidad en la práctica totalidad de los once títulos que la han precedido —a excepción hecha de la segunda y soberbia entrega de las aventuras del Capi— para, por mor de dicha voluntad, situarse sólo unos pocos enteros por delante de lo peor que Marvel ha estrenado.

'Ant-Man', entre la comedia del montón...

Dos sendas diferentes concurren pues en las aventuras de Scott Lang como el hombre hormiga que da título al filme. De una parte, la citada comedia ligera de cascos y plagada de referencias a la historia del personaje en los cómics —no vaya a ser que se nos moleste algún fan recalcitrante de los mismos— que, responsabilidad de Paul Rudd y Adam McKay, hace que nos preguntemos constantemente en qué demonios estaban pensando los capitostes de la productora cuando depositaron en manos tan incompetentes la tarea de alterar lo que probablemente, dado quiénes eran los nombres que lo firmaban, tenía que ser brillante.

A fin de cuentas, si miramos atrás en la trayectoria conjunta de Wright y Cornish lo que encontraremos son un pequeño grupo de cintas —y supongo que a estas alturas no hará falta recordar cuáles son, ¿no?— que se cuentan entre las mejores comedias estrenadas en los diez últimos años. Un grupo que hace gala de un humor que no insulta al espectador, que lo trata como un ente dotado de inteligencia y no como un chaval imberbe dispuesto a reírse con las mismas idioteces de siempre ataviadas de un envoltorio espectacular que intente ocultar sin conseguirlo las graves deficiencias que lo lastran de partida.

Deficiencias que se podrían haber previsto si alguien hubiera atendido a los execrables antecedentes que había perpretado el sr. McKay con, por poner los dos peores ejemplos de una trayectoria plagada de mediocridades sin gracia, esos infumables filmes que son 'Hermanos por pelotas' ('Step Brothers', 2008) y 'Los otros dos' (The Other Guys', 2010). Un par de títulos que acumulan muchos de los peores momentos que servidor ha pasado en una sala de cine en la última década y que nadie en su sano juicio hubiera utilizado como justificante para traer a 'Ant-Man' a semejante cineasta y guionista.

Con él y Rudd a bordo, toda la vertiente cómica de 'Ant-Man' queda expuesta de manera más que hiriente en la terna de personajes interpretados —es un decir— por Michael Peña, David Dastmalchian y T.I, tres actores cuya presencia deviene en lo peor que pueden ofrecer las casi dos horas de metraje del filme y que ejemplifican, con sus estupideces, sus caras de alelados y lo metido con calzador de su protagonismo, el irreversible daño que las reescrituras, adiciones y extracciones han hecho al guión que Reed rueda con su habitual nadería.

Y es que, cuando el filme abandona su mejor cara —y ahora veremos cuál es—, es cuando la dirección de Peyton Reed muestra lo peor de que es capaz: sólo hay que fijarse en la convencionalidad que rodea a todas y cada una de las conversaciones —ejecutadas a base de plano medio y contraplano medio una tras otra— para comenzar a vislumbrar eso que apuntaba más arriba acerca de que la elección a última hora de tan poco personal cineasta parece deberse más a la desesperación de Marvel por encontrar a alguien que poder controlar sin problemas que a la voluntad de los estudios por dotar a 'Ant-Man' de aquello que habría encontrado en cualquier otro nombre.

...y el correcto filme de acción

Paradójicamente, y volviendo a retomar el discurso de los dos senderos por los que avanza el filme, la bipolaridad que este ostenta es más que palpable cuando hemos de atender a lo que de positivo hay en él: las secuencias de acción. En ellas, Reed parece manejarse con mucha más soltura que en lo encorsetado de los patrones a los que ciñe el resto de su trabajo, y aunque sea evidente que en ellas tienen mucho que decir los equipos de efectos visuales, es de agradecer que la lógica y claridad narrativa se imponga en unas escenas que roban la función de calle.

Cada vez que Paul Rudd —que está simpático y poco más— se enfunda el traje y entra en acción Ant-Man, la cinta gana mucho enteros, siendo el clímax final que arranca en los laboratorios Pym y finaliza en la casa de la ex-esposa del protagonista la mejor muestra de lo muy logradas que están las transiciones de tamaño de pequeño a grande y de grande a pequeño del héroe y el que, cuando se aleja de las chorradas cómicas que hunden la función irremisiblemente, es cuando ésta se torna más interesante.

Habría aquí que citar, también en la parte positiva, a dos de los otros tres protagonistas del filme: Michael Douglas y Evangeline Lilly, unos Henry Pym y Hope Van Dyne que aportan a sus personajes el carisma y la veteranía del primero y la impresionante belleza y determinación de la segunda. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de un Corey Stoll al que, con su calvicie natural y no con el horrible peluquín que le hemos visto en 'The Strain' (id, 2014- ), le toca lidiar con un villano muy poco convincente en la paupérrima definición que de él se hace desde el libreto.

Lo decía antes, y lo reafirmo ahora, aún contando con que no es el desastre que si fueron la segunda y tercera entregas de las aventuras de Iron-Man o la segunda de las correspondientes de Thor, 'Ant-Man' se queda a la cola del Universo Cinematográfico Marvel por no haber sabido rebajar a tiempo el exacerbado nivel de comedia de la cinta. Un nivel que casi convierte en anecdótico el que esta sea una pieza más en el devenir en la gran pantalla de los superhéroes de La Casa de las Ideas y que, esperamos, sea solucionado con la inserción del personaje en el futuro de los estudios empezando por la "inminente" 'Capitán América: Guerra Civil' ('Captain America: Civil War', Joe & Anthony Russo, 2016).

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