Un retrato compasivo del amor, la enfermedad y la muerte con aroma de canción de indie folk
Cuando se anuncian las nominaciones de los Oscars tendemos tendencias a identificar los patrones que nos pueden dar una imagen de qué prioriza la Academia como ente todavía ligado a Hollywood (aunque sus pretensiones sean ya más internacionales). Aunque resulta más fácil identificar ciertas querencias en categorías más pequeñas.
En estas las nominaciones todavía están designadas principalmente por gente de los gremios, en un intento de hacer una criba con aparente rigor. Resulta interesante comprobar en documental como determinadas historias acaban siendo recurrentes año a año, entre ellas la exploración de la enfermedad y el peligro de muerte en una persona que suele estar ligada a lo creativo. Un modelo recurrente representado este año con ‘Come See Me in the Good Light’.
Una luz que se apaga
Otro de esos documentales que tienen su primer momento para destacar en el Festival de Sundance y luego acabar llegando hasta los Oscars tras un paso por plataformas que lo estrenan. En este caso, la película de Ryan White se estrenó hace unos meses en streaming a través de Apple TV.
En este caso, sigue la historia de le poeta Andrea Gibson, que recibe un diagnóstico de cáncer incurable, a pesar de tener que pasar años de tratamiento quimioterapéutico y debilitante. Su vida, ligada al activismo y a volver la poesía casi un espectáculo de rock para un público entregado, recibe su reflexión así como su relación con su esposa recibe compasión.
Con estas circunstancias, casi se podría esperar una película que retoce más en el dolor y la pérdida que ‘Hamnet’, que no es poco decir precisamente. Pero no es todo tristeza en ‘Come See Me in the Good Light’, ya que tanto el amor como la enfermedad y la inevitable pérdida se presentan en un torbellino emocional que incluye también el sentido del humor.
‘Come See Me in the Good Light’: torbellino emocinal
Hay una cercanía tan profunda a las protagonistas que casi da la impresión de que White está haciendo un intenso favor a une amigue con su película. No por ello deja de tener cierto toque entrañable su manera de tocar las emociones del duelo de una manera accesible, con cierto autoconvencimiento de espíritu punk en lo que no deja de ser una íntima canción de indie folk.
Es una película entrañable, que pone también su foco en los refugios que se construyen con una relación y sirven para sanar determinadas heridas. Puro espíritu de boygenius que, por otro lado, también está limitado por seguir determinados patrones y también por no querer faltar al legado y memoria de su protagonista. Termina quedándose en una superficie estimable, pero peligrosamente intercambiable.
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