Especial Star Trek: 'Star Trek: Némesis', de Stuart Baird

Si bien 'Star Trek: Insurrección' ('Star Trek: Insurrection', Jonathan Frakes, 1998) había funcionado aceptablemente bien en taquilla, recaudando 70 millones en Estados Unidos sobre los 58 de presupuesto con los que había contado, el filme había distado mucho de ser apreciado por los trekkies y, por supuesto, por una crítica que poco se remilgó a la hora de calificarla como la segunda peor entrega de la saga después de 'Star Trek V: la última frontera' ('Star Trek V: the Last Frontier', William Shatner, 1989).

Lejos de querer dar por finalizada su constante apuesta por la saga galáctica, Paramount había de hecho comenzado en 2001 la emisión a través de la CBS de 'Star Trek: Enterprise' (id, 2001-2006) enésima serie que, en esta ocasión, dedicaba sus esfuerzos a servir como precuela de todo lo que la franquicia había ofrecido hasta entonces, situándonos en el s.XXII con la primera de las naves Enterprise. Animados por el inicial éxito de la misma, los ejecutivos de la major decidieron a finales de 2001 que era el momento para dar luz verde a la décima secuela de 'Star Trek, la película' ('Star Trek: the Motion Picture', Robert Wise, 1979).

(Desde aquí, spoilers) A partir de una idea desarrollada por Rick Berman, John Logan y Brent Spiner —el actor que encarna al androide Data—, el segundo escribió un guión en el que, tras muchos años hablándose de dicha posibilidad, por fin veríamos a los romulanos en toda su gloria como los villanos del filme. Algo que a priori llamó mucho la atención de los aficionados pero que después quedaría matizado cuando, al ver la cinta, resultara que el antagonista de Picard y su tripulación era en realidad originario de Remo, el planeta gemelo de Rómulo habitado por una raza que, al igual que los romulanos, desciende de Vulcano.

Un detalle sin importancia si se le compara con el desarrollo de una trama que, tras un prólogo que promete bastante, se para en una nueva escena llamada a provocar la vergüenza ajena en el respetable como ya hiciera también al inicio la anterior entrega de la saga, centrando aquí su atención la historia en la de la boda de Riker y Troi, un esperpento que nada aporta al filme y que, al menos a título personal, casi provocó que me saliera del cine cuando acudí a ver la cinta en 2002.

Afortunadamente, o no, nunca se sabe, la cinta se olvida pronto del innecesario humor —lo de Data cantando es imperdonable— que refleja dicha escena y pasa a temas más "serios y dramáticos" cuando Picard descubre que su enemigo no es sino un clon suyo que planea acabar con la vida en la Tierra gracias a un arma devastadora (sic). Interpretado por un enclenque Tom Hardy que lejos está aún de ser el hipermusculado Bane de 'El caballero oscuro, la leyenda renace' ('Dark Knight Rises', Christopher Nolan, 2012), el personaje de Shinzon es de lo poco que se puede rescatar del filme.

Avanzando a trompicones, con escenas innecesariamente largas como la del hallazgo de B-4, el androide con el mismo aspecto de Data, o metidas con calzador como la de cama de Riker y Troi cuya única utilidad es de un endeble que asusta, llama poderosamente la atención que, con sus 116 minutos de duración, 'Star Trek: Némesis' (id, Stuart Baird, 2002) se dejara en la mesa de montaje casi 50 minutos de metraje entre los que se contaban la primera aparición en la gran pantalla de Wesley Crusher, el personaje interpretado por Will Wheaton que tanto juego ha dado a los creadores de 'Big bang theory' (id, 2007- ).

Sinceramente, no puedo empezar a imaginarme el daño que la adición del material eliminado le habría hecho a un filme al que le siguen sobrando escenas por doquier y del que sólo cabe destacar, desde el punto de vista cinematográfico, la energía que ese eterno montador de Donner que fue Stuart Baird aporta a la mejor secuencia de la cinta, la de la batalla entre el Enterprise y el Scimitar, la impresionante nave remana, una secuencia que se alza, por méritos propios como la más brillante que se había visto hasta ese momento en la saga trekker en lo que a enfrentamientos estelares se refiere.

Pero, como decía, el resto del filme se mueve entre lo inane y lo inservible, no destacando nada de la dirección de Baird más allá de lo arriba expuesto y haciendo gala la enérgica partitura de Goldsmith —la penúltima que compondría el maestro antes de su fallecimiento en 2004— de un agotamiento de formas similar al que vemos en las imágenes, por más que siempre resulte grato escuchar el mítico tema que compusiera para la primera entrega de la saga cinematográfica.

Todo lo anterior, unido a las poco efectivas interpretaciones del elenco, terminará provocando que 'Star Trek: Némesis' se convierta, tras su estreno en diciembre de 2002 en el filme menos rentable de toda la saga, recaudando 67 millones sobre los 60 de presupuesto y precipitando, sin que nadie pudiera esperarlo, el final de un largo capítulo en el universo de 'Star Trek' y la última vez que se verá en la gran pantalla a la tripulación de la Nueva generación.

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