Ya era hora de hablar sobre Judit Polgár
Durante décadas, el ajedrez siempre ha sido un territorio prohibido para las mujeres. O al menos era así hasta que llegó Judit Polgár, una niña húngara entrenada desde la cuna para convertirse en genio que terminó desafiando no solo a los mejores jugadores del mundo, sino también a una estructura profundamente misógina.
Así lo cuenta el documental 'La reina del ajedrez', dirigido por Rory Kennedy y disponible en Netflix, que reconstruye su trayectoria desde sus primeras victorias infantiles hasta su histórica irrupción en la élite masculina, pasando por el férreo experimento educativo diseñado por su padre.
Una niña prodigio contra el sistema
Desde muy pequeña, Polgár fue entrenada junto a sus hermanas bajo un régimen estricto: nada de escuela tradicional, nada de fines de semana, todo giraba en torno al ajedrez. Su padre, László Polgár, convirtió la casa familiar en un laboratorio pedagógico con un objetivo claro, el de crear genios. Y el experimento funcionó. Judit no solo ganó su primer torneo con seis años, sino que pronto empezó a derrotar a hombres adultos en un circuito que no estaba dispuesto a aceptarla.
A las dificultades familiares se sumaron las políticas y sociales. Hungría, todavía bajo un régimen comunista, llegó a confiscar los pasaportes de la familia por querer competir en Occidente. Y cuando finalmente pudieron hacerlo, la hostilidad fue evidente, viendo cómo había rivales que se negaban a estrecharle la mano y declaraciones públicas que sostenían que las mujeres no tenían la capacidad mental para el ajedrez de élite.
Lo que no se dice
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En el centro emocional del documental está la rivalidad con Garry Kasparov, considerado uno de los mejores ajedrecistas de la historia. Tras una polémica partida en 1994 -marcada por una jugada ilegal que nunca se reconoció del todo-, Polgár tardó años en derrotarlo definitivamente. Cuando lo logró, a los 26 años, el triunfo fue histórico y décadas después, ambos siguen ofreciendo versiones distintas del enfrentamiento, una tensión que la película aprovecha como uno de sus momentos más potentes.
Sin embargo, el documental apenas roza las zonas más incómodas, como la presión psicológica ejercida por su padre, la ambigüedad de haber sido parte de un experimento y las posibles heridas invisibles de una infancia sacrificada. En los minutos finales, cuando se le pregunta a Judit cómo fue crecer como conejillo de indias, su silencio y sus ojos húmedos sugieren una profundidad que la película no termina de explorar. Porque aunque 'La reina del ajedrez' celebra con justicia una trayectoria extraordinaria, también deja la sensación de que, detrás de esta campeona, aún queda una historia más compleja por contar.
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