La historia real de Judit Polgár como campeona de ajedrez es tan fascinante que cuesta creer que hayamos tenido que esperar tanto para ver su documental en Netflix

La historia real de Judit Polgár como campeona de ajedrez es tan fascinante que cuesta creer que hayamos tenido que esperar tanto para ver su documental en Netflix

Se convirtió en la mejor mucho antes de que 'Gambito de dama' fuera una obsesión

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'La reina del ajedrez'
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Belén Prieto

Editora

En 1989, mucho antes de que 'Innocent Moves (En busca de Bobby Fischer)' llegara a los cines y décadas antes de que 'Gambito de dama' hiciera del ajedrez un fenómeno global, una niña húngara de 12 años llamada Judit Polgár se convirtió en un fenómeno de este deporte. Su objetivo no era ganar un campeonato femenino ni convertirse en un icono mediático, sino algo mucho más ambicioso: ser la mejor ajedrecista de su generación, y punto. 

Incluso aunque eso implicara enfrentarse a una élite masculina que sostenía -sin ningún tipo de vergüenza- que las mujeres, y mucho menos una adolescente, jamás podrían alcanzar la grandeza en el tablero. En el horizonte brillaba un nombre propio, el del número uno mundial, Garry Kasparov, considerado por muchos el mejor jugador de todos los tiempos. Y lo que vino después fue una travesía de más de una década marcada por victorias electrizantes, desplantes públicos, duelos de alto voltaje y alianzas inesperadas. Su historia se cuenta en el estupendo documental de Netflix 'La reina del ajedrez'.

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Casillas blancas y negras

A los 15 años, Judit se convirtió en la gran maestra más joven de la historia hasta ese momento, superando el récord que ostentaba Bobby Fischer. No fue un gesto simbólico, sino la confirmación de que podía competir de igual a igual con la élite masculina en torneos abiertos, sin protección ni concesiones.

Durante 26 años fue la número uno del ranking femenino, pero su verdadera batalla estuvo en el circuito absoluto. Derrotó a campeones del mundo y aspirantes al título como Anatoly Karpov, Viswanathan Anand y Veselin Topalov, acumulando triunfos que desmontaban, uno a uno, los argumentos de quienes cuestionaban su presencia.

Sin embargo, fue el enfrentamiento con Kasparov el que marcó su carrera. En 1994, en Linares, el ruso realizó un movimiento irregular que desató la polémica y nunca terminó de admitirlo. Años después, en Moscú 2002, Judit logró derrotarlo en una partida rápida, una victoria con enorme carga simbólica frente al hombre que había llegado a afirmar que las mujeres no podían sostener combates prolongados.

'La reina del ajedrez'

Más allá de los tableros, también soportó desplantes y comentarios abiertamente machistas. Algunos grandes maestros se negaron a estrecharle la mano tras perder contra ella. Tuvo que escuchar que las mujeres eran espantosas jugando al ajedrez y todo tipo de menosprecios. Pero su respuesta fue mejor que todo eso: compitiendo y ganando más partidas.

Nada de eso fue casual. Junto a sus hermanas Susan y Sofia, Judit creció bajo el método pedagógico de sus padres, convencidos de que el genio no nace, se hace. Educadas en casa, rodeadas de libros, idiomas y maestros que pasaban por su apartamento de Budapest, las tres se convirtieron en prodigios. Pero fue Judit quien llevó el experimento hasta sus últimas consecuencias: no solo quiso entrar en la historia del ajedrez femenino, sino reescribir la historia del ajedrez, así en general. Y vaya si lo consiguió. 

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