La vida en los pueblos no es tan maravillosa como algunos se han empeñado en pintarla. Sí, todo el mundo se conoce, se hace favores y se ayuda entre sí cuando las cosas vienen mal dadas, pero en toda cara hay una cruz: la de los rumores, las puñaladas por la espalda y los secretos a voces que pueden convertir cualquier existencia en un martirio. En 'La boda', alejándose de la visión bucólica que muchos nos han hecho creer sobre el retorno a lo rural, se nos muestra un ecosistema envidioso y triste que solo acaba funcionando a medias.
No os caséis, vámonos a tomar algo
Los primeros compases de 'La boda' son, sin duda, los más interesantes de la película. A lo largo del primer acto nos introduce en el misterio entre sus dos protagonistas, una pareja recién casada que, al llegar a la luna de miel, se marchan a dormir a habitaciones diferentes: ella sale de fiesta mientras que él se queda dormido, y acaban reencontrándose por la mañana en la playa, sin broncas ni grandes aspavientos de amor. El problema es que el guion no puede aguantar más la tensión y el misterio, y desvela lo que ocurre entre bambalinas mucho antes de lo que debería, desplomando (tristemente) el interés en el resto del metraje.
Hay elementos que funcionan de manera increíble en 'La boda', como la percepción que los dos protagonistas dan al resto de los lugareños, la maternidad que se desea pero nunca se quiso, la soledad rural que lleva a creer en un amor inexistente o los anhelos de afincarse en una gran ciudad donde, quizá, dejar de ser "el simple", "la puta", "el terrateniente" o "la que dio el braguetazo" y tener, de alguna manera, la oportunidad de volver a nacer. Tristemente, ninguno de ellos termina de asentarse lo suficiente y acaban aquejados de un dolor mayor: la química entre Elena Furiase y Daniel Chamorro nunca termina de funcionar o ser creíble, y daña al resto de la cinta.
A este traspiés se le suma que, como sus estereotipos pueblerinos, la mayoría de sus personajes no dejan de ser meros esbozos que nunca terminan de estar bien desarrollados, con una personalidad que puede resumirse en una simple línea. Salva la papeleta Felisa, su protagonista, una mujer que quiere ser libre a toda costa, pero encerrada a su pesar en un pueblo pequeño donde cada movimiento es juzgado por el resto de sus vecinos. Es ella quien otorga sentido y brújula a 'La boda', que claramente se pierde sin un camino claro cuando ella no está en escena, algo que resiente especialmente el tramo final de la película, donde uno mira el reloj con impaciencia antes de su satisfactoria última escena.
No os caséis, si total os da lo mismo
Como drama, 'La boda' es sólido y coherente, pero le falta garra, algo para hacer que, como espectadores, queramos quedarnos a ver el desenlace de este entuerto que, en el fondo, es tan simple como su protagonista masculino. Sin embargo, a medida que va pasando el metraje y la pareja se asienta, la película gana en sinceridad todo lo que pierde en atrevimiento inicial. Lamentablemente, su falta de definición hace que la atención se diluya rápidamente, y tan solo queden pequeños hallazgos honestos y firmes que acaban salvando al título de lo rutinario.
Por otro lado, tiene sentido puesto que esta no deja de ser una película que habla de la vida de personas sin objetivos ni alicientes, que están en el mundo porque no les queda otra, siempre subyugados a otras personas, ya sea una madre dominante o un pueblo que te juzga constantemente. Es un buen material de salida, pero le falta mala baba y un punto de melodrama, algo que la haga destacar por sí misma en lugar de adoptar la posición de sus personajes y navegar, con calma chicha y sin sorpresas, hasta un buen final de telenovela del que nos bajamos como de un trayecto rural en autobús: sin grandes emociones ni nada especial que contar a nuestras amistades.
'La boda' se queda a medio gas desde el final de su primer acto, donde también se muestran los planos más eficaces. A partir de ahí, no para de renquear, tanto en intenciones fílmicas como del relato en sí mismo, en un manantial de previsibilidad en el que se encuentra cómoda: una vez planteada la trama, solo nos queda ver cómo se desenvuelve hasta llegar a su final lógico. Tiene momentos donde ella misma parece rebelarse contra su propia condición hasta llegar a un final con más esperanza de lo que suponemos, pero al final se echa de menos ese impacto emocional al que parece que aspira, pero que nunca acaba por llegar. Y, como la vida en un pueblo, corre el peligro de pasar inadvertida, sin pena ni gloria.
En Espinof | Las 15 mejores películas españolas de 2025
En Espinof | Las películas más esperadas de 2026
Ver 1 comentarios