'La maldición de Bly Manor': Netflix ofrece una estimulante serie de terror a fuego lento, del creador de 'La maldición de Hill House'

Netflix lleva tiempo siendo una máquina imparable a la hora de hacer series, pero da la sensación de que muy pocas dejan realmente huella. ‘La maldición de Hill House’ es uno de los pocos casos en los que realmente no se puede decir eso y es lógico que las expectativas de muchos hacia ‘La maldición de Bly Manor’ estén por las nubes como consecuencia de ello. A fin de cuentas, es la segunda entrega de esta terrorífica antología creada por Mike Flanagan y además repite buena parte del reparto.

Será el 9 de octubre cuando ‘La maldición de Bly Manor’ llegue de forma íntegra a Netflix, pero por el momento ya he tenido la ocasión de ver sus cinco primeros episodios y me he encontrado una estimulante propuesta de terror a fuego lento que va construyendo todo con pausa, prestando especial interés a crear un universo propio y mimar a sus personajes, aunque eso suponga dosificar de forma innegable su lado más escalofriante.

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Una maldición sosegada

Desde hace tiempo sabíamos que ‘La maldición de Bly Manor’ iba a beber de la obra de Henry James en general y de ‘Otra vuelta de tuerca’ en particular. Nadie puede culpar a Flanagan por tener un referente que ya dio pie a un clásico indiscutible del cine de terror como ‘¡Suspense!’, contando con otras adaptaciones y siendo una influencia indiscutible en otros títulos como ‘Los otros’, pero el primer acierto de la serie de Netflix es integrar elementos de esa historia para construir un universo propio.

Eso no quita para que el espectador esté desde el primer momento pensando qué personaje podría ser un fantasma, pero el verdadero eje de ‘La maldición de Bly Manor’ no es tanto eso como dibujar un clima muy particular en la mansión (y alrededor de la misma) en la que suceden los hechos. Es cierto que la propia estructura de la serie redunda en el hecho de que es algo que sucedió hace tiempo, pero realmente consigue dar la sensación de estar en un mundo aparte y además sabe cómo ir jugando con lo que eso transmite al espectador.

Y es que es cierto que situando los hechos en un lugar remoto eso es algo que ya se daba por descontado, pero Flanagan, que en esta ocasión solamente dirige algunos de los episodios, muestra un especial interés en que eso no sea algo estático, transmitiendo a veces un clima más cercano a una ensoñación o, en momentos concretos, una luminosidad que casi parece acercarlo a un cuento de hadas, pero claro, casi desde la llegada del personaje interpretado con soltura y convicción por Victoria Pedretti queda claro que hay algo raro allí.

Una historia de personajes

Su personaje es la primera en sufrirlo en sus carnes, ya sea a través de una actitud impropia de un niño o por un aparente accidente que le hace pasarlo realmente mal durante una noche. Los cimientos de la serie se van construyendo sobre esa base para luego indagar en el pasado de Bly Manor y sus habitantes. Ahí la serie opta por un ritmo sosegado que recuerda más a un tipo de cine de terror poco habitual en la actualidad pero sin una pretensión de darle un toque más moderno.

Por ello, no me sorprendería que algunos espectadores más impacientes se pongan nerviosos al ver el tempo real de la serie, ya sea optando por acelerarlo de forma antinatural o simplemente echando la toalla y pasando a otra cosa. Vivimos una época marcada por el exceso de estímulos y esa no es la política de ‘La maldición de Bly Manor’, ni siquiera llegado el momento de empezar a solucionar incógnitas. Es cierto que entonces hay una mayor sensación de importancia en lo que sucede, pero es que en realidad no lo es más que lo visto con anterioridad.

Y es que, al menos por ahora, ese lado más terrorífico de los fantasmas es algo a lo que se recurre más para entender mejor las motivaciones de los personajes que para cualquier otra cosa. Ahí hay que reconocer que puede que haya ciertos pasajes de corte más dramático que se sienten un poco redundantes, pero la serie transmite en todo momento cierta elegancia y una confianza en su forma de proceder que lleva a uno a nunca desconectar. Eso sí, ahí es donde seguramente se note más que hay más de un director detrás, ya que no es lo mismo lleva tu visión hasta sus últimas consecuencias que intentar mantenerla y no desentonar.

Por lo demás, el reparto cumple con nota, sorprendiendo especialmente los dos actores infantiles, ya que los personajes de Miles y Flora podrían acabar siendo irritantes con facilidad, pero Amelie Bea Smith y Benjamin Evan Ainsworth están estupendos. Especial mérito tiene el caso del segundo, ya que su personaje era el que más fácilmente podría haber descarrillado y nunca llega a suceder.

En resumidas cuentas

'La maldición de Bly Manor' no es la impactante serie de terror que quizá algunos desearían, ya que Flanagan apuesta por un clasicismo en lo formal hasta cierto punto renovador en el contenido habitual de los relatos de fantasmas. El resultado no es, al menos por ahora, memorable, pero sí que merece la pena echarle un ojo.

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