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Aménabar | 'Los otros', magistral cuento de terror
Críticas

Aménabar | 'Los otros', magistral cuento de terror

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Con la perspectiva que da el tiempo, y el poder que se deriva de observar las cosas con cierta distancia, he de confesar que a la hora de cualificar cuál de los cinco filmes que Alejandro Amenábar ha estrenado hasta la fecha se sitúa por encima de los otros cuatro, no tendría reparos en señalar a 'Los otros' ('The Others', 2001) como la OBRA MAESTRA del cineasta hispano-chileno, aquella que mejor expone las fortalezas de su cine, a la que más complicado resultó poder sacarle los "colores" cuando se estrenó hace catorce años y a la que, al menos a priori —otra cosa será que algo se me ocurra en el transcurso de la disertación—, no puedo poner pegas hoy.

Es 'Los otros' además la cinta de Amenábar que más evidencia la influencia en el cineasta del cine de Hitchcock, ya no sólo en su puesta en escena y en la elegancia de tintes británicos —y victoriana— que luce la totalidad del metraje, sino en la esencia misma del maestro del suspense, colocando el director a una rubia como protagonista casi absoluta de un relato que le sirve para atacar los miedos que tanto le acecharon de pequeño y entregárselos al público para que éste quede aterrorizado. A fe mía que lo consigue y que, en lo que a terror se refiere, estamos ante un filme modélico que más es capaz de asustar cuanto más se revisa.

Destilar el terror

Los Otros 1

La ironía presente en tal afirmación, a la que cualquier título del género sería incapaz de escapar, es evadida una y otra vez por un relato perfectamente cosido con el que Amenábar —en solitario, sin Mateo Gildepura sus formas escritas hasta rozar la perfección. De acuerdo, hay una clara vocación de que todo se dirija de forma vertiginosa hacia la sorpresa final, pero una vez conocida ésta y reflexionado el filme en todo el trayecto por el que se discurre hasta alcanzarla, quedan expuestas con concisión y sin remisión la astucia y elocuencia con la que el cineasta trata el terrorífico cuento que aquí se nos traslada.

Trascendidos esos créditos iniciales que, puntualizados de forma brillante con el bucólico tema musical compuesto a la sazón por Amenábar —siempre me sorprenderá cómo, sin ningún tipo de formación musical, el director ha entendido en todos sus filmes lo que éstos necesitaban desde un punto de vista sonoro— sirven de introducción al cuento, ya el primer plano de acción deja claro que el terror al que aquí vamos a asistir se va a hacer descansar, y hasta qué punto, en la asustadiza mirada de una inconmensurable Nicole Kidman.

Los Otros 2

No siendo la elección inicial de Amenábar para el personaje de Grace —hasta el nombre evoca en cierto modo a Hitchock—, que la actriz australiana fuera finalmente la elegida para dar vida a esa madre que vive aislada en una inmensa mansión con la sola compañía de sus enfermizos hijos fue una de esas decisiones de las que, creo, el cineasta aún debe estar agradeciendo. Nunca sabremos lo que Emily Watson hubiera hecho con el papel, claro está, pero el terror puro que se observa en el pálido rostro de Kidman, la tensión que dimana de sus gestos y de su forma de hablar y el contraste con sus modos más dulces hacen de su intervención uno de los pilares más sólidos de la cinta.

De hecho, es gracias a la soberbia mezcla entre fragilidad y determinación que encontramos en la actriz que, como público, podemos sentir tan de cerca el terror que va generando Amenábar conforme la acción avanza y no obtenemos respuesta —más allá de la obvia, hay fantasmas— acerca de lo que sucede entre las paredes de ese caserón fotografiado de forma sublime en sus puntuales luces, en sus fantasmagóricas sombras y la abundancia de sus tonalidades apagadas y térreas por un asombroso Javier Aguirresarobe en el que es uno de sus más notables trabajos.

'Los otros', el sexto sentido

Los Otros 3

Evitando en la medida de lo posible los golpes de efecto —esos que tanto daño han hecho al género y a los que quedan reducidos los peores ejemplos del cine de terror que hemos podido ver en las dos últimas décadas— pero sin dejarlos por completo de lado en el entendimiento de que forman parte inherente de la transmisión del miedo, Amenábar va creando el mismo a través de la muy enrarecida atmósfera que habita en la casa que es telón de fondo de toda la narración y en los precisos diálogos que intercambian los tres citados personajes —la madre, los dos hijos— con los otros cuatro que conforman el cuerpo central del reparto.

Quizás de poca relevancia más allá de las lecturas que aporta a la exploración sobre la vida y la muerte que hace aquí el director y guionista, el personaje interpretado por Christopher Eccleston es acaso —ya decía arriba que algo podría salir en "la parte negativa"— lo único que cabría apuntar como irrelevante dentro del perfecto conjunto que es 'Los otros'. Una irrelevancia que no se puede trasladar a los tres sirvientes encabezados por una asombrosa Fionula Flannagan, deliciosa en su constante ambigüedad y en la permanente sospecha que ésta levanta en el espectador.

No cabe duda de que, por más que sea el mayor éxito comercial que ha conocido la carrera de Alejandro Amenábar —algo en lo que incidió, y cómo, el que se estrenara antes en Estados Unidos y allí recaudara más de doscientos millones de dólares—, que la valoración que pudo hacerse en su momento sobre 'Los otros' se vio influida sobremanera por las nada desdeñables similitudes que guarda la cinta para con 'El sexto sentido' ('The Sixth Sense', M.Night Shyamalan, 1999) no hace sino hablar de aquello que Pedro Almodóvar apuntaba cuando aseveraba que la cinta era "española para los españoles y americana para los americanos".

Los Otros 4

Dicha sentencia pone de relieve, a mi parecer, tanto lo único de la personalidad de Amenábar —que aquí vuelve a departir a placer en su trabajo tras el objetivo controlando hasta el más mínimo detalle de todo lo que se nos muestra en plano— como la universalidad de una historia que no conoce fronteras y que, de la misma manera que sus dos filmes anteriores, huye de esos localismos que hacen que una muy importante parte de nuestro cine sólo pueda ser entendido dentro de los confines de la península ibérica.

Dicho atributo no es más que un valor añadido a la validez de un cine que encuentra aquí, en la sabia combinación de todos los factores que se implican en la puesta en escena —asombroso, por ejemplo, el diseño de producción—, la cota más alta de cuántas ha explorado Alejandro Amenábar: de soberbias cualidades, las dos horas en las que asistimos al despliegue de habilidades narrativas del director contienen innumerables ejemplos de cómo imprimir el miedo resulta más efectivo cuanto más cercano es aquello que lo provoca. Los mejores ejemplos del género así lo entendieron y 'Los otros', como parte imprescindible de ellos, no es menos.

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