'El Otro Chiquito' cuenta un delirio pop de manera sobria e inexacta. No acierta en su narrativa de true crime, pero tampoco en el homenaje a nuestro fistro de la pradera

Fistro

Que un par de "fistros" y un "agramenauer" no te engañen: aunque Diego San José esté detrás, al documental le falta empaque y tono

Randy Meeks

Editor

Reconozco que cuando vi a Chiquito de la Calzada por primera vez ya iba precedido de cierta fama y, como pre-adolescente, 'Genio y figura' no me hizo ni maldita la gracia. Pero poco tardó en convertirse en un gusto adquirido y en breves estaba, como todo el país, poniendo poses y diciendo "no puedor", "fistro duodenarl", "jarl", "Ese caballo que viene de Bonanza" y demás chiquitadas. Coleccioné, como buen millennial, los Chiquitazos que venían en las bolsas de Fistros (unos Boca-bits cortados por la mitad) y me obsesioné con ese pecador de la pradera. Quizá por eso 'El otro Chiquito' me ha decepcionado tanto.

Ese fistro que nació después de los dolores

Para cualquier aficionado a la cultura pop española, lo que 'El otro Chiquito' propone es brutal: un análisis del juicio entre el humorista y Florentino Fernández, que basó su personaje Lucas Grijander, de 'Esta noche cruzamos el Mississippi', claramente en él. ¿Era plagio o construyó un personaje en base a la cultura popular española? ¿Eran conscientes de lo que estaban haciendo al utilizar al personaje para vender todo tipo de cosas e incluso hacer giras por España con el grupo 'Lucas y sus janders'? 

Es un debate apasionante (y probablemente la idea original de Diego San José, que aparece acreditado con la misma)... que el documental apenas toca. De hecho, se pasa su primer y segundo acto, simplemente, contando la historia de la propia subida a la fama de Chiquito, sus manerismos, su humor y su evolución. Sirve como aproximación inicial que tampoco indaga demasiado, y se queda corta para el público objetivo de este documental, que con toda probabilidad ya le conoce (y probablemente le idolatre). Raro será que no sepa cantar el 'Toreador' de 'Brácula'. 

Es más: tras poner en contexto a Chiquito y a Lucas Grijander, el meollo, la parte del juicio, apenas dura unos minutos, casi como si fuera una molestia y no el motivo de su existencia. No ayuda una banda sonora ominosa que constantemente martillea con drama, como si estuviéramos viendo un terrible true crime y no a un señor diciendo "fistro pecador, por la gloria de tu madre" enfrentado a otro que le ha copiado. Paradójicamente, a un documental sobre Chiquito le falta humor y le sobra tanto dramatismo como, sobre todo, personas entrevistadas que le conocían de manera tangencial.

A guan, a peich, a gromenauer

A lo largo del documental tenemos un baile de cabezas, algunas de ellas interesantes bien por su capacidad de análisis (como Manuel Jabois), bien por su conocimiento del medio (Ramón García), por su amistad con Chiquito (Juan Y Medio) o porque estuvieron allí en los hechos acontecidos (Florentino Fernández, Pepe Navarro). Sin embargo, el proyecto es tan innecesariamente gigante que también aparecen por ahí Celia Villalobos o Mario Conde, en cuya historia con el humorista la película se para casi tanto como en el juicio en sí mismo. Y no es ni remotamente tan interesante.

El resultado es un batiburrillo que dejará insatisfechos tanto a los fans como a los novatos en Chiquito. De hecho, da la sensación de que habría sido una gran temporada de 'Delirios de España', pero no funciona como documental de formato largo... porque no hay tanto que contar. No hay revelaciones, momentos inéditos o sorpresas: Flo ha contado su versión de la historia tantísimas veces que, a poco interesado que estés, ya sabes exactamente todo lo que ocurrió. El resto son repeticiones constantes de lo que acabamos de ver y recreaciones hechas con cierto mimo pero carentes de interés.

Chiquito merece un buen documental, pero no es este, que puedes ver en Movistar+. Como acercamiento a su figura es pobre y falto de detalle, y como delirio pop no ahonda lo suficiente. La historia del juicio entre 'Esta noche cruzamos el Mississippi' y el humorista es tan increíble y fascinante, con tantas aristas y preguntas sin resolver, que contarla a medias es casi como no contarla. Y por la gloria de mi madre, fistro duodenal, acertando en el tono esto no se habría hecho tanta pupitarl.

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