'Primate' devuelve el jolgorio del gore al cine con una película con la que da gusto engorilarse en la butaca

El director de 'A 47 metros' cambia los tiburones por los monos, pero mantiene su crudeza, su realidad y, por supuesto, sus ansias de sangre

Randy Meeks

Editor

Estoy bastante seguro de que hay que devolver el jolgorio al cine de terror. Necesitamos urgentemente menos personas afligidas con un supuesto terror elevado y más caras arrancadas celebradas por un público sediento de diversión y sanísimo gore. Quizá por eso he disfrutado tantísimo de 'Primate', una película que en los años 90 podría haber sido un clásico del videoclub pero hoy se celebra con la alegría de un buen baño de sangre y violencia animal repleto de divertidísimos tópicos. Da gusto hacer el mono, vaya.

Qué mono más mono

El argumento de 'Primate' puede resumirse en una sola línea: un mono coge la rabia y empieza a cargarse a un grupo de adolescentes. No hace falta mucho más, realmente: es 'Cujo' pero con un mono, en una película bien resuelta, con personajes destinados a la muerte, situaciones calculadamente grotescas, tensión bien llevada y un festival de mandíbulas arrancadas, caras sin piel y puñetazos de mono que hace décadas era el pan de cada día pero aquí y ahora resulta sorprendentemente refrescante. Si estás pensando que es de esas películas donde uno acaba animando al mono más que a los héroes, estás en lo cierto. 

Sin embargo, entre esta jarana repleta de hemoglobina, se esconde cierto corazón que lo aleja del saja-raja sin sentido más puro. Ben (el chimpancé) guarda aún un poco de su adorable personalidad escondida entre la enfermedad, y nos ofrece algunos de los mejores momentos de la cinta. En el lado opuesto tenemos la relación entre la familia o las amigas, que apenas llega a funcionar. De hecho, lo único que nos lleva a avanzar por un algo tedioso primer acto repleto de lugares comunes y con una fotografía plana es la promesa de que, como se nos mostró en la primera escena, llegaremos pronto a la diversión sin complejos. Y las caras despojadas de piel, eso también.

Todo el metraje de 'Primate' ocurre o bien en una piscina al lado de un gigantesco barranco, o bien en una casa repleta de cristales. Puedes imaginar lo que pasará a continuación, pero eso no lo hace menos divertido (o, dependiendo de tu aversión a la sangre, terrorífico): las piezas del puzzle caen tal y como tienen que hacerlo, sin que eso signifique que aburra en ningún momento. Desde el minuto uno puedes telegrafiar cada uno de los pasos que van a dar los personajes, pero no importa cuando estás en una jocosa tensión constante, contando los minutos hasta ver la siguiente cara destrozada a golpes. 

Leña al mono

El mayor problema de hacer una película sobre un animal que se vuelve asesino no es caer en los lugares comunes habituales, sino tratar de innovar y que te salga mal de manera inevitable. 'Primate' te tiene al borde del asiento, dándote la mejor versión de "lo de siempre" y cortando en el momento apropiado, sin alargarse más de la cuenta. Además, ofrece un puñado de efectos prácticos muy agradecidos: hay una caterva de miembros y pieles arrancados, y en todo momento se siente tangible, alejado de ese CGI excesivamente digital al que nos hemos acostumbrado a lo largo de los años. 

Lo mismo pasa con Ben, el chimpancé: el director, Johaness Roberts (le conoces por 'A 47 metros'), decidió resucitar la tradición de los actores con disfraz de mono y mezclarlo con efectos prácticos, animatronics y solo una pizca de CGI, lo justo para que nuestro protagonista, que al fin y al cabo es el motivo por el que pagarás tu entrada, no parezca falso. En el mismo momento que los ataques de ira no nos parezcan más que efectos creados por un ordenador, todo lo que 'Primate' construye se iría por la borda. Ben tiene que ser real si quiere mantener la ilusión, casi mágica. Sin embargo, no se desvía en ningún momento: es visceral, divertida, violenta y algo grotesca, el punto justo para querer seguir sin caer en la fantochada.

¿Vas a salir del cine pensando que nunca has visto algo tan original? Desde luego que no. ¿Vas a recordar sus escenas violentas incluso semanas después? Por supuesto. De hecho, la propia película es tan consciente de que necesitamos más carnaza que a mitad de película se preocupa en traer dos nuevos cuerpos que serán despedazados justo cuando parece que la cosa está llegando a su inevitable final: llevados ya por la inercia y el juego, ni siquiera nos importan sus "agujeros de guion" (que, obviamente y como imaginarás, no tiene ningún sentido). 'Primate' es jocosa, festiva, pringosa y jovial, llevando al extremo todo lo bien que se pueden cumplir los tópicos del subgénero. Una auténtica monada con la que engorilarse en la butaca.

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