'Swamp Thing': terror y superhéroes en una serie extraordinaria y sentenciada antes de nacer

Posiblemente pase a la historia como una de las grandes frustraciones del año pasado en materia televisiva: la reducción de episodios de la primera temporada de 'Swamp Thing' y posterior cancelación (con solo un episodio emitido, con excelentes críticas) certificaba que el experimento de DC Universe cojea en su totalidad al no terminar de encontrar series que abanderen la plataforma. Y es una pena, porque esta adaptación del mítico monstruo / superhéroe de DC no solo es tremendamente fiel a los cómics que la inspiran. Además, es toda una lección acerca de cómo afrontar un material de partida inadaptable.

Ha sido un buen año en esos términos, de hecho, y lo ha corroborado otra serie de mucha mejor fortuna crítica, y que significativamente parte de comics del mismo -y con fama de inadaptable- guionista: Alan Moore. Se trata, claro, de 'Watchmen' de HBO, toda una lección acerca de cómo afrontar la traducción de un original que solo tiene sentido en un contexto específico y complicado de actualizar.

En este caso hablamos de unos comics, los de la Cosa del Pantano, algo más sencillos de versionear, pero que sin embargo, en su etapa Moore (desde 1982) no van cortos de iconicidad y de abstracción invisualizable. Su mítica historia 'Lección de anatomía', ilustrada por Stephen Bisette, es un auténtico delirio de alucinaciones, horror lovecraftniano, nueva carne ochentera y buena parte de las obsesiones que vertebran la zona más oscura de los tebeos de Moore, de los horrores ignominiosos al lado oscuro de los iconos de la cultura pop.

Pero aunque esta etapa de Alan Moore es la más conocida e icónica del personaje, debido sobre todo a su extraordinaria calidad, no es la única. Antes de ella, 'Swamp Thing' era un cómic de terror, monstruos y excesos grotescos en la línea de las macabras historias de horror DC que tan bien retomó más adelante Neil Gaiman en 'Sandman'. Y después de Moore, el personaje de Swamp Thing ha sufrido múltiples evoluciones, muchas veces aprovechando la línea instaurada por el guionista inglés, entre trascendente y metafísica, y de genuino cuento de fantasmas gótico. La serie de DC Universe, que ahora nos llega a través de Sky, tiene algo de todas esas caras del personaje.

'Swamp Thing': Peripecias de un hombre florero

Sin embargo, pese a que todas estas encarnaciones del monstruo confluyen en la serie, ésta consigue tener una línea y un tono común envidiable. No hay episodios que desentonen con el resto, no hay personajes que parezcan venidos de otra serie: el imposible tono de comic-book está pilladísimo, y en la serie tienen perfecta coherencia interna la historia de amor a lo Bella y Bestia, el tronchante acento sureño de Will Patton o la magnífica encarnación de villano superheroico trágico, muy estilo bat-verso, del infravalorado Kevin Durand en la génesis del Hombre Florónico.

Aunque los recortes que llevaron los proyectados 13 episodios originales a 10 afectan a algunos personajes, cuyos arcos finales se intuyen algo apresurados por este motivo (por ejemplo, el precipitado destino de los personajes de Virginia Madsen, Jennifer Beals o Ian Ziering), la serie salva esas tres horas que faltan con dignidad. Por desgracia, lo que no puede evitar es la sensación de obra inconclusa: la experiencia es tan positiva que el espectador quiere seguir sabiendo más de Alec Holland, Abby Arcane y la Cosa del Pantano.

En general, la sensación de obra imperfecta, vapuleada por una mala decisión de el canal DC Universe es constante, pero los hallazgos también son continuos: 'Swamp Thing' se las arregla para plantear una historia fundamentada en los preceptos del body horror pero en clave verde (pese a que hay estallidos de violencia vegetal que harán las delicias de los aficionados más hardcore). Su cima en ese sentido son secuencias como la de la autopsia de la Cosa del Pantano, posiblemente la escena más sangrienta que verás jamás... sin que se derrame ni una gota de sangre.

Una auténtica pena, porque la famosa revelación de los últimos episodios, donde la Cosa del Pantano descubre su auténtica relación con el cientítico Alec Holland (Derek Mears demuestra aquí que es posible transmitir emociones complejas sepultado en un armatoste de látex vegetaloide), vibran en una sintonía poco habitual en el terror televisivo. Tan poco habitual como el resultado de esta serie, enésima refutación tras la también accidentada trayectoria de John Constantine -Hellblazer- en televisión, de que por mucho que se empeñe DC, la Liga de la Justicia Oscura lo tiene complicado para ganarse una adaptación como merece.

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