
El diseño de sonido es simplemente espectacular. El problema es que está al servicio de una película que ya has visto antes
Aunque no lo parezca a priori, el piano es un instrumento que pide gran precisión, porque un simple error en una nota puede llevar al desastre, destruyendo una perfecta armonía tocada hasta ese momento con perfecta sutileza. Y lo peor es que, a diferencia de otros instrumentos que dan más margen al error, en el piano cada error se nota aunque no seas un erudito en la materia. Es lo que me temía que le iba a ocurrir a 'Un talento único' ('Tuner') de un momento a otro si se hubiera dejado llevar mínimamente por el histrionismo. Por suerte, la sinfonía termina con un ritmo perfecto... aunque su melodía no sea muy memorable.
Cuéntame al oído
'Un talento único' es ese tipo de película que no te deja huella, pero de la que sales innegablemente satisfecho. Su mezcla de géneros, que podría haber sido un auténtico guirigay narrativo, funciona a la perfección durante todo el metraje gracias a un guion inteligente que sabe cómo delinear la personalidad de sus personajes sin, por ello, perder un ápice de acción. Por supuesto, como buena película de robos, no puede evitar su desfile de tópicos del género, pero están lo suficientemente removidos como para no suspirar de hastío esde la butaca.
Todo lo que la película pierde en escenas que ya hemos visto (aperturas de cajas fuertes, hombres inocentes que se meten en una trama criminal, fiestas de mafiosos) queda en segundo plano gracias a su exquisito diseño de sonido, un vals que va más allá de la música. Los efectos sonoros de la película, entre ruedas dando vueltas, bocinas, pitidos, roces, melodías al piano y silencios que dicen más que cualquier ruido, hacen que 'Un talento único' traspase la mediocridad a la que, de otra manera, podría haberse visto abocada.
Por suerte, la película está más que dispuesta a desembarazarse de todos los prejuicios que tengamos sobre ella, utilizando para ello el carisma innegable de un Leo Woodall espectacular y el cariño entrañable de un Dustin Hoffman que, a sus 88 años, no deja de trabajar (por suerte para nosotros como espectadores). Los personajes de ambos serán lo que nos llevemos tras la proyección, pero no sería posible sin la labor de dirección de un Daniel Roher consciente de que tiene que demostrar que es algo más que un oscarizado autor de documentales. Lo consigue gracias a unos planos fantásticos y un atrevimiento formal de lo más inesperado. No llega a ser brillante, pero sí apreciable. Algo es algo.
Da en la tecla correcta
Tristemente, la película no está afinada del todo: aunque no descarrila, la historia de amor entre sus dos protagonistas, aunque encantadora en sus inicios, termina por ser un estorbo para el propio guion, que la despacha en un tercer acto excesivamente enrevesado con el único propósito de llegar a un final que, ahora sí, es adorable. 'Un talento único' habría funcionado igual de bien sin el romance, tan solo con la relación paterno-filial entre los dos compañeros, pero parece temer constantemente saber a poco e introduce elementos de manera continua.
Esta sobreestimulación constante, con personajes y tramas entrando y saliendo de manera poco natural (a golpe de guion, por entendernos), daña un poco la percepción de la película, que se transforma por momentos en el artificio que quiere evitar ser. Pese a todo, como digo, es difícil no salir con una sonrisa de medio lado al verla, porque toca las teclas adecuadas y ofrece un poco para todo el mundo, con una medición precisa: acción, thriller, amor, comedia, drama, atracos, amistad y música. Una película a la vieja usanza, vaya.
Con total honestidad, aunque todos los engranajes funcionen, continuamente me quedé con ganas de saber más sobre sus protagonistas. Poder entender un poco mejor sus decisiones para que, así, los vaivenes emocionales realmente me importaran más allá de la mera progresión dramática. Sin embargo, 'Un talento único' no confía en su propio argumento o en pausar el ritmo, cayendo en un guion rutinario que consigue salirse de lo normal gracias al departamento visual y, sobre todo, sonoro. Por muchos robos que hagan, no han conseguido robarnos el corazón.
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