Christopher Nolan: virtudes y defectos de su cine a propósito de ‘Dunkerque’

El estreno de la última película del director británico ha vuelto a levantar pasiones entre la crítica y el público, generando mucho menos debate que otras ocasiones. Ese debate “Nolanero” de toda la vida, el que nos mete en una caja de matrioska de opiniones condenadas a repetirse, como si viviéramos en una pesadilla de su ‘Origen’ (Inception, 2010), parece que ha cesado, por fin en el reconocimiento de su última película ‘Dunkerque’.

Guste más o menos, no hay cuestión sobre si Nolan es un mal director. Incluso por su capacidad de influencia desde su hit de culto ‘Memento’ (2000) a su reimaginación de Batman, no puede obviarse su impacto en el cine comercial del nuevo milenio. Rabia, llora, escupe. Todas las reacciones desde la bilis no pueden cambiar su capacidad de dotar a sus films de lo que quiera que les eche para hacerlos atractivos y relevantes para crítica y público.

Hay cierto misterio sobre su figura, su cinefilia militante, y ha ido alcanzando un aura mística de deidad cinematográfica que, por otra parte, llega a nublar la perspectiva crítica, tanto para sus fans como para sus detractores. Si unos llegan al punto de la defensa irracional a través de una contención que desmonta su alabanza, a otros les escuece su estatus y tratan perpetuamente de mostrar al mundo lo equivocados que están juzgando poco menos que a un farsante.

Con ‘Dunkerque’ en las pantallas, no es mal momento utilizar la película para analizar, qué puntos positivos y no tan positivos de su estilo se evidencian en estado más puro, echando también la vista atrás a su filmografía para comprobar que su nueva obra no es tan diferente de sus anteriores trabajos.

Consistencia y regularidad

Dunkerque’ demuestra que Nolan no es capaz de hacer una mala película. Puede hacerlas más olvidables o justitas, como ‘Insomnio’ (Insomnia, 2002), tramposas y endebles como ‘The Prestige’ (2006), pero no hay un trabajo suyo que moleste, que no sea profesional en todos sus apartados. No todos los grandes directores tienen una capacidad de consistencia y eficiencia tan envidiable.

Narración no lineal

Aunque pueda parecer una ventaja, su marca de fábrica de disociar la narración en bloques, ya sea por perspectiva o como por posición temporal no siempre es necesaria. Está claro que dada la misma razón de ser de ‘Memento’ tiene una justificación extrema pero en el resto de su carrera se revela como una redirección de los espectadores hacia el punto de vista que él desea. A veces, una complicación gratuita de un argumento bastante simple. En el peor de los casos, un ejercicio sin más intención que el simple hecho de hacerlo. Como es el caso de ‘Dunkerque’.

Pura estructura

Para Nolan es importante que sus guiones sean como una valla de ladrillo. Su colocación se superpone a cualquier otro aspecto de la narración, por lo que sus películas suelen gozar de un buen resultado en sus revisionados. Las dudas iniciales se colocan mejor conforme su ve con claridad que todo está minuciosamente pensado desde un principio. En ‘Dunkerque’ resulta edificante al descubrir cuáles son las intenciones finales conforme van cerrándose los cabos sueltos.

Los juegos crípticos no esconden nada

Su obsesión con atar cabos, a veces dejan la evidencia clara de que la base que realmente esconde su juego de confusión aparente. Su afinidad por la narrativa disruptiva esconde, a menudo, un material de partida no tan interesante, por lo que a veces diseccionar sus films se hace como ejercicio fútil. Una idea tan vaga como “es más importante el truco que el resultado” en 'The Prestige’ se aplica a toda su carrera, pero cuando ese leit motiv se convierte en un patrón, es difícil no darse cuenta del escaparate.

Eficiencia industrial

Uno de sus mayores valores es conseguir hacer productos que alberguen espacio para la creatividad cinematográfica y, al mismo tiempo, resultar tremendamente atractivos para el gran público. Debate de autoría o no, entre los directores de estudio, su nombre es un seguro de vida que atrae tanto a los cinéfilos más exigentes y reaccionarios como a los interesados casuales en la sala de cine, creando una factura que atañe a estos como garantía de que esa película que van a ver este mes “seguro que es buena”. Por supuesto ‘Dunkerque’ no falla en ese aspecto.

Diálogos cuestionables

Tanto que se puede apreciar los guiones de los hermanos Nolan por su férrea arquitectura, a la hora de dialogar tienden a sobreexplicar hasta lo estúpido. Especialmente aficionados a los one liners pobretones, les cuesta evitar lo explícito y suelen ser temáticamente densos. En ‘Dunkerque’, hay relativamente pocos, (no es tan muda e impresionista) pero los que hay no dan ejemplos de sutilidad. Subrayados como los de Kenneth Branagh en la parte final evidencia el miedo al vacío de la página del guion, rompiendo la lírica del silencio de las poderosas imágenes.

Antihéroes y santos villanos

Si algo es apreciable en la mayoría de sus películas es el esfuerzo de crear personajes complejos éticamente. Tanto los protagonistas, como esos magos enfrentados, o ese Bruce Wayne repelente y merecedor de un guantazo, como los villanos, con una buena cama de motivaciones relativamente entendibles o justas. En ‘Dunkerque' muestra esta dualidad en algunos soldados ingleses y su deplorable actitud para con sus compañeros aliados y franceses.

El misterio como truco de trilero

Algunas de sus obras se cimentan sobre un misterio. Algunos de esos misterios llevan a un final con giro de guion y otros sólo conexiones extrañas. ‘El caballero oscuro’ (the Dark Knight, 2008) tenía dos revelaciones pedestres con ese personaje infiltrado completamente gratuito o, en la siguiente entrega, la revelación de la hija de Ra's al Ghul, que aberró hasta el más devoto a su cine. Por otra parte, el truco de ‘The Prestige’ de Christian Bale, se ve venir desde el principio. En ‘Dunkerque’ no hay misterio pero sí está montada para que haya cierto suspense.

Poderío visual

En cada película mejora. Puede que no hace falta decirlo, pero la fotografía de ‘Dunkerque’ tiene una escala gloriosa, gran uso de la profundidad de campo, un juego de colores que crean una pregnancia especial y una composición que aprovecha el dramatismo que desprenden las instantáneas existentes sobre el rescate. El juego con el grano y las texturas dan un aspecto de cine clásico y moderno al mismo tiempo que ponen al director en la vanguardia estética del blockbuster.

Forzando la emoción

La idea del director cerebral tipo Kubrick produce cierta solemnidad ante su trabajo. La frialdad no está mal si la templanza con la cámara provoca reacciones espontáneas ante lo que esta muestra. Nolan es calculador, sus personajes analíticos e inteligentes. Sobrios. Y su cine, por lo general, es particularmente nulo llegando al corazón. Con ‘Intellestelar’ consiguió que el conflicto del personaje principal emocionara.

Aunque esos frígidos discursos sobre el poder del amor eran el perfecto ejemplo de la desconexión emocional, el conjunto corregía ese aspecto particular de su cine. Lamentablemente ‘Dunkerque’ es un paso atrás en ese ámbito. Es un impecable espectáculo visual, pero todos los movimientos para crear empatía con el espectador resultan tan falsos como las lágrimas de colirio de Branagh.

Sublimación de la técnica

Si algo queda patente con la sucesiva presión sobre el apellido Nolan es su esfuerzo por alcanzar la excelencia en todos los aspectos técnicos. Reflejo total del concepto de cine como espectáculo y virtuosismo, muy mamado en escuela de cine, deja en ‘Dunkerque’ toda una exhibición para el estudio de aspirantes y el disfrute estético del aficionado. Su paulatina exploración de las panorámicas y formatos imax nos acercan al verdadero interés del director.

Personajes monigote

En su afán por modelar las tramas, por saber qué les pasa a los personajes y cómo les pasa, hay personajes en sus películas que tan sólo sirven como ## escaparate de información. Como si hubieran sido creados específicamente para dar explicaciones. Ariadne en ‘Origen’, Tom en ‘Interstellar’, o las contrapartes femeninas de los protagonistas de ‘Memento’ o ‘The Prestige’ son vehículos para el argumento y contraplano de diálogos o personajes matizados. En 'Dunkerque’, nuestro hilo conductor de la historia es poco más que eso.

Contención

Algo positivo de su inmaculada aspereza sentimental hacia sus creaciones de carne y hueso es que rara vez se da el histrionismo, y la dirección de los actores suele ser económica. No hay oportunidad de romper ninguna barrera para alcanzar lo extraordinario pero el resultado suele ser armónico y elegante, lo que se puede aplicar a su narrativa de concreción clasicista. Esto, en ‘Dunkerque’ crea la ilusión de la verosimilitud y el tono respetuoso por el hecho histórico que se narra.

Autoconsciencia de multisala

Dunkerque’ deja entrever el carácter valiente y experimental de Nolan, pero en no pocas ocasiones se le abren las costuras y descubren ciertas concesiones al cine espectáculo que no se plantean en la tradición del cine bélico más poético. La voluntad de exhibición deja algúnos planos de videoclip fuera de tono como ese avión ardiendo, perfectamente encuadrado, que parecen más Michael Bay que Terence Malik.

El tono de tragedia está también convenientemente rebajado en cuanto a su descripción de la violencia. La profilaxis tan evidente en una tragedia como la que narra deja ver cierta falta de compromiso. No hace falta un ‘Masacre: ven y mira' (Idi i Smotri, 1985), pero hasta Spielberg arriesgó y rompió su molde en sus visitas a la Segunda Guerra Mundial.

Gran montador

Vuelve a demostrar que es un maestro de la acción y el movimiento cinematográfico. Desde la icónica persecución en ‘El caballero oscuro’ a las múltiples capas de cebolla alternas de ‘Origen’ Nolan deja claro que su ‘Memento’ tenía un arma infalible con su instinto para editar el material. ‘Dunkerque’ da otra lección de articular escenas de acción con resultado arrollador.

No tan gran narrador visual

Si su coreografía dela acción está íntimamente relacionada con su capacidad de ensamblaje, su posición de la cámara a nivel del ojo del actor choca con la lógica tradicional del film narrado en tercera persona, dando impresión de ciertos saltos fortuitos de punto de vista, por ejemplo en sus panorámicas, que no responden necesariamente a una lógica geográfica para el espectador, sino que se revelan como tomas de valor plástico pero no útiles para la cinemática.

Purista

Aunque algunas de sus declaraciones contra Netflix resultes especialmente controvertidas, el hecho de que Nolan ame el cine y sus técnicas clásicas es, cuanto poco, encomiable. Su uso de** CGI suele estar bien integrado** y es insistente en la construcción de sets, rodajes en exteriores, uso de vehículos y maquinaria real, minimizar las pantallas verdes y utilizar formatos panorámicos que le dibuja como un defensor de la grandeza del cine a través de la manera en la que se hace el cine. No se me ocurre un ejemplo mejor de esa pasión que ‘Dunkerque’.

Zona de confort

El cine de Nolan tiene giros de guion, finales sorpresa y una intención lúdica presente hasta en sus obras más indies. Pero rara vez hay pinceladas políticas, su mensaje queda supeditado a la experiencia, evita la violencia, rara vez en su cine se aprecia algo ofensivo o desagradable. A veces se confunde su elegancia con la falta de riesgo y al final, como en ‘Dunkerque’, incluso una historia real se aprecia como un ejercicio de Hollywood, con afinidad por el impacto de la imagen pero no de los temas que está tratando.

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