Mel Gibson nos contó la historia de un héroe de guerra real que parecía demasiado bueno para ser verdad. Lo cierto es que tuvo que cortarse

'Hasta el último hombre' se estrenó en 2016

Miguel Solo

Editor

Si algo sabemos de Mel Gibson es que no tiene problemas en mostrarnos lo lejos que un personaje puede llegar gracias a la fe. En 2016, tras un hiato de diez años de Hollywood y su reputación en tela de juicio, Gibson presentaba muy emocionado 'Hasta el último hombre'. Protagonizada por un sensacional Andrew Garfield, contaba la muy real historia de Desmond Doss, un veterano de la Segunda Guerra Mundial y objetor de conciencia que se metió al campo de batalla como médico, negándose a quitar vidas.

Lo de que la historia era real era algo que Gibson no podía parar de mencionar durante toda la fase de promoción. Para él era el retrato de un verdadero héroe, alguien guiado por la convicción, su negativa total a la violencia, y su fe a Dios, que había logrado salvar 75 vidas durante la batalla de Okinawa en 1945. Es algo que se aprecia perfectamente durante el desarrollo de la película en grandes escenas de heroísmo. En una de las más emblemáticas, Desmond, tumbado mirando al cielo y rodeado de caídos en batalla, pide poder encontrar a alguien más que ayudar.

Cuando el héroe es demasiado peliculero

Es una historia tan (literalmente) increíble que el propio Gibson le avisó a Desmond Doss Jr., hijo del veterano, que debían ser cuidadosos con qué añadían y qué no para no arruinar la verosimilitud. Doss Jr. contaba en entrevistas por ejemplo cómo la granada que hirió a su padre se lanzó a un agujero con ellos dentro antes de que la pateara, pero eso era más difícil de creer que que estuviese en campo abierto como muestra la película.

El momento donde esto queda más claro es al final. La película nos muestra a Desmond herido siendo transportado en camilla fuera del campo de batalla, y lo único que pide en este momento es su biblia. La realidad fue desde luego más increíble. También la perdió y también la encontraron, pero mientras lo transportaban, Desmond vio a otro hombre más herido que él, bajó de la camilla, se arrastró a vendarlo y le cedió la camilla al herido. Fue entonces cuando recibió otro disparo de un francotirador japonés, se curó como pudo y siguió arrastrándose durante 200 metros hasta ponerse a salvo.

Es un caso de manual de efecto Tiffany, con el cineasta prefiriendo priorizar el canon de lo que está aceptado por la audiencia antes que desafiarlo. Sin duda representar aquella escena tal y como ocurrió y reflejan los registros históricos habría resultado en un final mucho más pomposo y romantizado incluso para los estándares de Hollywood. Narrativamente además habría resultado inverosímil, viendo al protagonista sobrevivir no una sino dos graves heridas de guerra y aun así seguir vivo.

La verosimilitud siempre ha sido algo que ha preocupado mucho a Gibson. En su próxima producción, la secuela de 'La pasión de Cristo', se ha visto obligado a prescindir de Jim Caviezel en el papel protagonista pese a asegurar con anterioridad que iba a ser él. Una elección que ha tomado tras preferir no utilizar el rejuvenecimiento CGI para darle vida.

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