Timothée Chalamet hace que 'Marty Supreme' sea fascinante, pero el hombre real en el que está basado no se queda atrás

La vida de Marty Reissman fue de ver para creer

Supreme
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Miguel Solo

Editor

El año pasado no estaba en las quinielas de nadie que hablásemos de candidata al Oscar o incluso de posible futuro clásico a un biopic sobre ping pong. La jugada maestra de 'Marty Supreme' es un esfuerzo conjunto entre un Timothée Chalamet que se come la pantalla, la energía caótica característica de Josh Safdie y un equipo de marketing que ha creado una campaña delirante (y completamente efectiva) alrededor de ella.

También ayuda que la historia en la que se basa sea de por sí alucinante. Tras Marty Mauser se encuentran las vivencias de Marty Reissman, un jugador real de tenis de mesa que llegó a ganar hasta 22 grandes campeonatos entre 1946 y 2002. El último de ellos compitiendo con 72 años y ganando a deportistas mucho más jóvenes.

Deporte y espectáculo

Si bien lo que vemos en la cinta no es una traslación directa de su vida y el equipo habla de ella más como una inspiración que una adaptación, hay mucho del espíritu de Reissman que se ha trasladado a la contrapartida ficticia. Reissman era conocido por su estilo burlón y su extravagante forma de vestir. Se le llamaba "la aguja" no solo por su figura delgada, sino porque disfrutaba pinchando a sus oponentes con comentarios constantes sobre su forma de jugar o sus vidas.

En su biografía 'The Money Player' demostraba ser un apasionado del deporte que jugaba, pero que jugar nunca fue el fin. Su objetivo siempre fue ganar dinero y aquella era la forma en la que sabía hacerlo. Según él un gran jugador de ping pong tenía que ser o bien ludópata o contrabandista, y lo puso constantemente a prueba a lo largo de su vida. Parte de su etapa como jugador en Asia la pasó también vendiendo oro y relojes Rolex, y llegó a apostar por sí mismo en campeonatos. En una ocasión y con tan solo 15 años le pasó 500 dólares a un corredor de apuestas con su nombre, solo para descubrir que era en realidad el líder de la asociación de ping pong, e hizo que lo echaran del campeonato.

"El tenis de mesa es como el mundo del espectáculo. Tienes que saber presentarte", le decía a The New York Times. Y era este gusto por el espectáculo lo que a menudo se comía gran parte de su persona. Medía el tamaño de la red con billetes de 100 dólares. Iba a la mayoría de partidos con sombrero y ropa chillona. Se fue de gira por Europa con el equipo de baloncesto Harlem Globetrotters y se la pasó haciendo shows como golpear pelotas con sartenes. En el programa de David Letterman, intentó sin éxito un truco con el que afirmaba poder partir un cigarro puesto en la mesa por la mitad al golpearlo con la bola.

Igual que a la versión de Chalamet, al Marty real a menudo le perdía su propia boca, pero fue gracias a ella como consiguió convertirse en una figura mediática como ninguna antes había existido en el tenis de mesa. En 2012 Reissman falleció dejando atrás un legado en forma de su inigualable autobiografía, de haber impactado para siempre el deporte que practicaba y probablemente también de haber cabreado a mucha gente por el camino.

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