Una inquietante lectura disparó la imaginación del cineasta
Durante décadas uno de los maestros norteamericanos del terror se encargó de que sufriésemos imaginando todo tipo de monstruos posibles. Los peores terrores de Wes Craven eran los que se acercaba a la realidad, y en los años 70, él mismo quedó aterrorizado con un artículo que leyó. Hablaba de una carretera en Escocia que se creía encantada, ya que todos los que entraban allí acababan desapareciendo.
Aquello acabó inspirando 'Las colinas tienen ojos', la película sobre una familia de clase americana que sufre brutales ataques de caníbales cuando se quedan atascados en un viaje de carretera. Había muchas conexiones entre esto y lo que Craven había leído. Tras la misteriosa carretera escocesa estaba la familia de Sawney Bean y Agnes Douglas. Una leyenda local sobre más de una decena de bocas que alimentar que seguían una dieta estricta de carne humana.
La Escocia salvaje
Los orígenes de la leyenda no son claros, como tampoco lo son cuánto de real hay en sus hechos. Se sitúan entre el siglo XIV y el siglo XVI en Galloway. Hijo del panadero local y viviendo dentro de una humilde población agrícola, Sawney Bean nunca se sintió cómodo en su entorno. Fue entonces cuando conoció a Agnes Douglas, una mujer acusada de brujería con la que huyó en busca de una vida juntos. Sin recursos, no les quedó otra que recurrir al pillaje de transeúntes para poder subsistir.
Fue en uno de estos robos cuando, famélicos y sin posibilidad de cambiar por comida lo que habían saqueado, Bean decidió probar la carne humana. Agnes estaba convencida de que mejor eso que morir de inanición, pero con el tiempo se acabó convirtiendo en una costumbre. Asentados en una cueva con vistas al mar, la pareja dejó de preocuparse por el dinero o las posesiones. Tenían todo lo que necesitaban alimentándose de los viajeros de la zona. Acabaron procreando hasta llegar a tener una familia de ocho niños y seis niñas, un clan caníbal que aterrorizaba a lugareños hasta siglos más tarde, cuando la historia empezó a expandirse en el folclore.
Americanizando el relato
En una entrevista de 2006 a propósito del remake, Craven parecía desconocer el verdadero alcance de la historia que le inspiraba. Aquella semilla que le plantó el artículo sirvió para crear su propia mitología. Cambió la carretera recóndita escocesa por el árido y rocoso desierto de Nevada, y centró la historia en un terrorífico relato de superviviencia. Para el director se trataba de un metacomentario sobre la evolución cultural humana. Su familia de salvajes no hacía nada que no hubiese hecho una familia primitiva siglos atrás, pero chocaba frontalmente con la perspectiva moderna.
Tuvo que llegar el fabuloso remake de Alexandre Aja para terminar de forjar a la película de Craven de su propio mito y alejarlo de la historia original de Bean. En aquella versión la tragedia de la familia caníbal era consecuencia de pruebas nucleares estadounidenses. Aja basó el look de los salvajes en víctimas reales de Chernóbil e Hiroshima, creando una pesadilla aún más tangible y anclada en la historia oscura del país.
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