Conexión con el pasado y memoria histórica se dan cita en uno de los mejores documentales estrenados por Netflix

En el año 1808 se firmó en Estados Unidos la ley federal que prohibía la importación de esclavos procedentes de África después años y años haciéndolo de manera habitual para tener mano de obra o gente explotable sin gastar demasiado. Eso no impidió que años después, en 1860, dos hombres con buena fortuna decidieron que podían burlar la ley sin ser descubiertos.

Ese año navegaron a África, capturaron a varias personas y las trataron de convertir en esclavos. Acto seguido realizaron el trayecto de regreso a casa de manera clandestina para no ser pillados in fraganti. 100 personas apresadas a bordo de un barco, el Clotilda, que volvió meses después y fue quemado y hundido casi inmediatamente para evitar que hubiese pruebas del crimen cometido. Pero no todo se queda hundido para siempre, como nos muestra 'Descendientes'.

El pasado siempre sale a flote

El documental estrenado en Netflix el pasado octubre es la clase de gema escondida que no tiene mucha relevancia en su estreno porque, bueno, es un documental que no va sobre crímenes escabrosos, no tiene enfoque morboso y su gran estallido se espera en temporada de premios (si es que llega). Sólo un pequeño boca oreja entre verdaderos interesados han intentado darle relevancia como uno de los mejores estrenos de la plataforma este año.

Celebrada en el Festival de Sundance de este año con un premio especial del jurado, 'Descendientes' nos muestra la historia que he comentado en la introducción sobre el Clotilda y la pequeña localidad de Africatown que se formó con las personas esclavizadas que se trajeron en la ilegal empresa. La sigue desde la perspectiva de sus descendientes, que tratan de que esa historia se dé a conocer tras años de quedar enterrada para evitar la deshonra que supuso realizarla en primer lugar.

La directora Margaret Brown sigue con especial cuidado los actos realizados por la comunidad en su búsqueda de la justicia, de conectar con su propio pasado y de que la historia sea conocida, no oculta. Un grito contundente, aunque no estridente, ante el silencio por una crueldad, dando matices puramente americanos a una historia de memoria histórica.

'Descendientes': el poder de contar una historia

'Descendientes' no se queda en la denuncia, sino que se acerca desde la empatía a sus protagonistas. Sus testimonios permiten acercarnos al poder que tiene conectar con tu propio pasado, la reparación que tiene saber de dónde vienes y lo sanador que resulta que tu historia sea escuchada. Brown es consciente del poder que tiene lo que dice y deja que se desarrolle de manera orgánica, con un mimo que se aproxima a la excelente 'El silencio de otros', un documental de aquí que trata una injusticia similar.

La realización a veces no resulta tan distinguible de otros documentales modernos, pero son los pequeños detalles en las decisiones que toman los que terminan de engrandecer lo que vemos. La fotografía de Zac Manuel y Justin Zweifach usa con mucha inteligencia los colores azulados y los paisajes para ir introduciendo pequeños tonos diferenciables que suman a la narración. La decisión de elegir quién ofrece y cómo testimonios externos al círculo de protagonistas es otro aspecto que amplifica lo que se busca contar.

Lo mejor de 'Descendientes' es que no es conformista. Sabe que tiene una historia poderosa, pero no se conforma sólo con plantarla ante nosotros para una reacción simple que cae rápidamente al olvido. Sus detalles visuales y sonoros acompañan al mensaje, no están ahí como trámite, y hacen que la obra de Margaret Brown tenga un calado emocional superior, ya que realza el mensaje del poder de contar la historia. Una pieza fílmica que merece ya ser apreciada y no esperar a que las categorías de documentales decidan celebrarla.

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