'Blonde' y el arte de la experimentación: así ha creado el director de fotografía Chayse Irvin la experiencia visual más arrolladora del año en Netflix

Desde que comenzaron a perfilarse las últimas fases de su proceso de posproducción, el camino hasta el estreno oficial de la soberbia 'Blonde' de Andrew Dominik ha estado cargado de promesas. Augurios que situaban la adaptación de las falsas memorias de Marilyn Monroe escritas por Joyce Carol Oates como uno de los mejores y más controvertidos títulos del año, impulsado por su calificación NC-17 y por un runrún festivalero tan polarizado como esperanzador.

Era harto complicado que la producción de Plan B Entertainment distribuida por Netflix terminase ya no sólo decepcionando, sino dejando indiferente; y el motivo no es otro que un equipo técnico y creativo encabezado por el propio Dominik —cuya 'El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford' sigue siendo una de las cumbres fílmicas del siglo XXI— y coronado por una Ana de Armas ya afianzada como gran estrella de Hollywood.

Finalmente, la amada y odiada a partes iguales 'Blonde' ha terminado trascendiendo a su condición de largometraje para ganarse a pulso la etiqueta de "experiencia"; acompañándonos durante casi tres horas a través de una asfixiante pesadilla audiovisual que, proyectada a través del prisma del director de fotografía Chayse Irvin, se revela como la antítesis perfecta a lo que entendemos como "cuento de hadas".

Experimentar sin miedo

Podrían escribirse ríos de tinta sobre las muchas virtudes que han llevado a 'Blonde' a ocupar buena parte de la conversación cinematográfica de los últimos meses. Desde su desacomplejada apuesta tonal que abraza la sordidez más incómoda y explícita hasta su inteligente deconstrucción del mito, pasando por el lúcido retrato de la dualidad psicológica de la celebridad fabricada por la industria, la película hace gala de un tiento discursivo envidiable.

No obstante, si hay algo que ha elevado la voluntad reflexiva —que la hay, más allá del simple morbo— de Andrew Dominik, retorciéndola hasta convertirla en un brillante delirio febril que se introduce bajo la piel, eso es el trabajo de Irvin tas las cámaras; un DOP tremendamente experimentado que ha coqueteado con el videoclip, la publicidad y que ha firmado largometrajes como 'Infiltrado en el KKKlan'.

Puede que si hay algo realmente definitorio dentro del tratamiento visual de 'Blonde', eso sea, sin duda, su cariz experimental. Algo impulsado por la percepción de la novela que tuvo el director de fotografía después de leerla en varias ocasiones mientras se documentaba para el proyecto. Así lo explicó para el medio IndieWire.

"Leí la novela tres veces y tuve la interpretación de que era una representación de toda su vida, pero como si la estuviese reviviendo en el momento de su muerte. Fue como una alucinación ocurriendo en una secuencia. Así que llevamos las cosas al punto de la hipérbole, porque sus sentimientos eran la guía. Se trataba menos de recrear hechos reales y más sobre, '¿Cómo distorsionamos esto de un modo que refleje realmente cómo se debió sentir en aquél momento?'".

Para lograr ese objetivo, Dominik, Irvin y su equipo exprimieron al máximo las posibilidades del material de rodaje y las toneladas de documentos —unas 700 páginas de fotografías y material gráfico de Monroe recopiladas por el cineasta durante una década—, jugando sin cortapisas con ello y moldeando un collage poco menos que sobrecogedor.

Además de transportarnos a la década de los 50 mediante el uso de lentes Panavision PVintage, diseñadas en los 70 y que destierran cualquier tipo de atisbo digital de las cámaras empleadas en lo que respecta a suavidad y color; director y DOP no dudaron en tomar decisiones arriesgadas como el uso de las lentes Petzval —de las que os hablé haciendo referencia a 'El hombre del norte'— o, incluso, de metraje infrarrojo, para sumergirse en los cánones del terror más puro.

Retorciendo la realidad

Si esta suerte de descenso a los infiernos visual logra impactar más allá del puro artificio, es gracias a una conexión con la realidad mucho más estrecha de lo que podría parecer a simple vista, y que conecta con el espectador a través del imaginario popular y de una colección de instantáneas grabadas a fuego en la memoria colectiva que se funden con la ficción una vez integradas en la grotesca narrativa de 'Blonde'.

Muchas de las escenas de la cinta están rodadas en localizaciones reales en las que estuvo Monroe o en sets reconstruidos para la ocasión, e Irvin se sirvió de los referentes fotográficos para volver a captar esa realidad y, después, llevarla a su terreno para generar una suerte de déjà-vu pesadillesco.

"Usaba las mismas focales. No sabía cuáles eran exactamente, pero imaginaba cuáles podrían haber sido. Y rodamos en muchas de las localizaciones reales donde se capturaron esas imágenes. Así que tenía la fotografía frente a mi impresa en una tarjeta, la miraba y después colocaba la cámara e intentaba crear la misma geometría dentro del encuadre".

Pero el aspecto factual de 'Blonde' no se limita a la simple fidelidad geográfica, sino que es una pieza clave para desarrollar uno de los elementos más sorprendentes de su tratamiento visual. Este no es otro que la variación constante de relaciones de aspecto —hay pasajes en 1.00:1, 1.37:1, 1.85:1 y 2.39:1— y del metraje rodado en color y en blanco y negro. Andrew Dominik explicó esta atípica decisión, no basada de ningún modo en la historia o la narrativa, de este modo:

"Todo se basa en imágenes preexistentes, y algunas son en color y otras en blanco y negro. Así que si basamos una escena en una fotografía en blanco y negro que está en un formato concreto, la hacemos en ese formato; si es en color, la hacemos en color. Si la escena no tiene ningún tipo de referencia, acabamos haciéndola en widescreen".

El material óptimo

Para conseguir los resultados óptimos en ambas escenas —las monocromáticas y las rodadas en color—, Irvin se decantó por cámaras digitales. La primera de ellas fue la Arri Alexa Monochrome, que captura imágenes única y exclusivamente en blanco y negro capturando sólo datos de luminancia—e infrarrojas mediante un filtro óptico de paso bajo—, y cuyo uso justificó así a Netflix.

"El modo en que tenéis que pensar sobre la cámara en blanco y negro es que la Alexa Monochrome es la cámara en blanco y negro de mayor resolución que existe ahora mismo, porque sólo captura toda la información de rojo, verde y azul a la mayor resolución que puede".

En lo que respecta a los pasajes en color, la cámara elegida fue la cada vez más popular Sony Venice equipada con un dispositivo conocido como Cinefade; una suerte de, simplificando, filtro ND variable motorizado —que sirve para cortar la entrada de luz al sensor, como si fuesen unas "gafas de sol"— que, además de permitir al DOP exponer los planos como si estuviese rodando en fotoquímico, permite hacer transiciones entre interior y exterior sin usar el diafragma e, incluso, hacer transiciones graduales entre profundidades de campo radicalmente diferentes en una misma toma.

Eso sí. Tecnicismos aparte, si algo ha hecho de 'Blonde' una experiencia de tamaño calibre, eso es su naturaleza intuitiva diametralmente opuesta a la aproximación estructurada con la que suele trabajarse en un largometraje.

"No intentaba emplear una estructura específica. De hecho, estaba haciendo lo contrario. Intentaba hacer que pareciese desestructurada porque Marilyn siempre tuvo una necesidad por la estabilidad y el amor en su vida, pero nunca la pudo encontrar. Siempre se le negó. Sentía que, si creaba una estructura, generaría esa estabilidad y quería transgredir eso".

Si la temporada de premios hace justicia a su trabajo, es más que probable que veamos a Chayse Irvin nominado y, por qué no, alzándose justo vencedor, en las grandes citas del año. Independientemente de si lo logra o no, su espléndida labor en 'Blonde' siempre estará ahí para ser disfrutada y estudiada como bien merece.

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