'American Horror Story: Cult' arranca demostrando ser capaz de lo mejor y de lo peor en un mismo episodio

Hay espectadores que prefieren las series procedimentales, es decir aquellas de las que poder un capítulo sin estar más perdido que un pulpo en un garaje, mientras que otros tienen alergia a todas aquellas que no incluyen una trama continuada y en la que se avance algo en cada episodio. El punto intermedio perfecto entre ambas son las antologías que cada temporada te cuentan un relato diferente.

‘American Horror Story’ fue la serie que realmente inició la moda de ese tipo de ficciones al que luego se han apuntado otros títulos tan interesantes como ‘True Detective’ o ‘Fargo’, pero también ha sido la única que no ha faltado a su cita anual de terrorífica locura salida de la mente de Ryan Murphy y Brad Falchuck. Hoy es el turno de ‘Cult’ con la promesa de explorar la coulrofobia durante la era de Donald Trump y para empezar nos propone un episodio de lo más irregular.

Los payasos de Donald Trump

Spoilers mínimos a partir de aquí del primer episodio. He procurado dejar fuera todas las referencias concretas.

Son tantas las obras audiovisuales que han explorado la fobia a los payasos que hace falta algo especial para diferenciarse. Además, dentro de apenas unos días llegará ‘It’, la esperada nueva adaptación de la popular novela de Stephen King, por lo que ‘American Horror Story: Cult’ ha optado por echar raíces en un caso real para optar, al menos por ahora, por el camino del exceso para volver a reunirse con parte del elenco habitual de la serie uniendo nuevos rostros.

De hecho, el primer episodio tampoco tiene miedo en jugar a la autorreferencia con una escena que hasta cierto punto parece metida con calzador pero que seguro que alegra a más de una fan de este universo. La cuestión es que en sí misma funciona, sabe jugar con el toque siniestro de la situación para que su naturaleza terrorífica vaya a más, pero lo que sucede justo después rompe el hechizo logrado y te lleva a replantearte por completo lo que acabas de ver.

En cierto modo eso es lo que le sucede a todo el episodio, algo en parte buscado por el despertar de todas las fobias del personaje interpretado por Sarah Paulson y la necesidad de jugar con la idea de hasta qué punto lo que ve es cierto o fruto de su imaginación. La cuestión es que incluso ahí se opta por unas soluciones propias de una película de terror al uso y lo hace además manteniendo una aproximación tonal a la historia un tanto caótica, equilibrando de forma discutible el drama, el terror y los pequeños apuntes de humor que no me cabe duda de que irán a más.

Más allá de eso nos quedan unos primeros minutos que realmente atrapan tu atención y que usan la victoria de Trump en las pasadas elecciones como detonante de la crisis de Paulson, mostrando además una reacción muy diferente por parte de Evan Peters. El propio episodio vuelve sobre eso de forma directa más adelante, siendo la única base sólida pero que tendrá que vigilar mucho no acabar cayendo en el lado menos interesante de la caricatura, algo con lo que ya se coquetea aquí.

Un arranque estimulante pero muy irregular

Como era de esperar, el acabado estético cumple con holgura pero sin excederse, ya que la idea es plantar las semillas de lo que está por venir en lugar de quemarse antes de tiempo. Hay detalles macabros estimulantes y se plantean una serie de cuestiones, en algunos casos a través de flashbacks que da la sensación de que tendrán una presencia recurrente de aquí en adelante, que crean curiosidad por ver cuál va a ser su desarrollo.

Lo que sí parece claro es que durante los próximos episodios nos espera una mayor presencia de los payasos y del trastorno de Paulson, el cual habrá que ver hasta qué punto daña su vida personal de forma irreparable. A su alrededor hay personajes que en algunos casos han hecho poco más que acto de presencia -pienso sobre todo en Alison Pill- y otros dado las primeras muestras de que podrían aportar mucho -aquí me viene a la cabeza Billie Lourd-.

El problema es que este primer capítulo tan pronto te engancha como te pierde por completo, estando de forma constante balanceándose entre ambas opciones. También deja la duda de hasta qué punto su elemento político irá más allá de sus notables primeros minutos -está claro que todo ello motiva a Peters, pero no tanto que realmente vayan a ir más allá con eso- o si realmente irán apareciendo nuevos personajes para que eso aporte más riqueza -de no ser así podría acabar condenada a ser una variante más o menos loca de una simple película de terror con payasos homicidas- en lugar de ser el punto de arranque.

Dicho esto, el primer episodio muestra que tiene la capacidad para ser fascinante, pero lo hace de forma muy intermitente. Habrá que ver si es porque aún no ha entrado a saco en lo que quiere contarnos o si por el contrario simplemente nos espera una nueva entrega de ‘American Horror Story’ en la que los altibajos van a ser la nota reinante. Toca seguir viéndola para descubrirlo.

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