'Posesión Infernal: El despertar' ofrece una experiencia tan violenta y cruda como rabiosamente divertida
Estoy totalmente seguro de que, cuando Sam Raimi estrenó su modestísima —y no por ello menos brillante— 'Posesión infernal' ('Evil Dead') en 1981, nadie imaginó, probablemente ni tan siquiera él mismo, que 45 años después continuaríamos disfrutando de sus demonios y sus toneladas de gore en una saga cinematográfica —y también televisiva— a la que aún le queda muchísima gasolina visual y narrativa.
Poco después de que la cinta original cumpliese la treintena, Hollywood, en una de sus maniobras habituales, decidió inyectar nueva sangre —nunca mejor dicho— en la propiedad intelectual a través de una suerte de reinicio que marcaría su futuro tonal y estilístico bajo las órdenes de Fede Álvarez. Un porvenir mucho más seco, sobrio, desasosegante y crudo en el tratamiento de la violencia que, por otro lado, mantendría las premisas narrativas del original.
100 % marca de la casa
El éxito del reboot, como no podría ser de otro modo en la Meca del cine, condujo a una inevitable continuación que, bajo el título de 'Posesión infernal: El despertar' ('Evil Dead Rise'), transformó la saga en una antología sin aparente conexión entre sus entregas mientras, al mismo tiempo, ofreció una experiencia 100 % marca de la casa. El resultado, fue una película de medianoche salvaje, tremendamente divertida y digna heredera de sus predecesoras.
Si hay un elemento concreto en 'El despertar' que consigue enamorar a los parroquianos, ese es el modo en que su director y guionista Lee Cronin —que acaba de estrenar su versión de 'La Momia'—, abraza la premisa de atrapar a sus personajes en una cabaña de la primera 'Posesión infernal' y su "recuela" —que ni es remake, ni es secuela—y la traslada a un entorno urbano coronado por un edificio destartalado cuyos cimientos encierran algún que otro secreto.
En tan solo 90 minutos, Cronin exprime este escenario a través de una narrativa precisa, concisa y que no toma desvíos ni da rodeos sin, al mismo tiempo, dar a sus personajes un tratamiento adecuado durante un primer acto que destaca por su sencillez y efectividad. Un tramo inicial en el que el realizador construye las bases de una atmósfera en constante crescendo de intensidad hasta su explosión en un fin de fiesta tan grotesco como apetecible.
Y es que 'Posesión infernal: El despertar' culmina con un clímax tan brutal y sanguinolento como el de su inmediata predecesora —con una esencia más ligera y, hasta cierto punto, cómica— que supone la guinda en una orgía de hemoglobina y vísceras que hará las delicias tanto de los aficionados al splatter de los 80 y los 90 como de los neófitos en un cine de terror moderno que sigue dándonos alegrías fuera de sus variantes más dirigidas al gran público.
Si quieres gozar en casa de esta animalada, ideal para una sesión golfa, tienes hasta el día 14 de mayo, cuando abandonará el catálogo de Amazon Prime Video.
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