Annecy 2018: así están siendo las películas más importantes del gran festival del cine animado

Un resquicio de un dibujo sin acabar, un trazo que muere sin conectar con otro. Una marioneta que se mueve artificialmente, plastilina cambiando de aspecto y posición fotograma a fotograma. Arena que forma figuras, óleo que se desliza de forma mágica. Sombras en movimiento, imágenes superpuestas. Texturas imposibles que se hacen reales con un ordenador, diseños improbables y movimientos que se saben falsos pero parecen verdaderos.

La animación es el dominio de la fantasía y el sueño, de las posibilidades infinitas. Y su fiesta indiscutible y más celebrada está en un pequeño y precioso pueblo francés, cercano a la frontera suiza y con un bello lago. Un paraje de ensueño que acoge el sueño animado: hablamos de Annecy-le-Vieux y su festival de animación. Es el evento internacional más importante de este ámbito.

El Festival Internacional de Animación de Annecy, que se viene celebrando desde 1960, es una de las fechas señaladas en el calendario cinematográfico mundial por profesionales, periodistas, estudiantes, aficionados y público. Su extenso programa homenajea este año a la animación brasileña, que en el último lustro ha conseguido dos cristales al largometraje (el premio más importante del año) con 'El niño y el mundo' (su director, Ale Abreu, es parte del jurado de esta edición) y 'Rio 2096', con el fallecimiento del legendario Isao Takahata muy presente.

Respecto a la sección oficial, hay espacio para inmensas películas, como 'Mirai' de Mamoru Hosoda (ya pasó por la Quincena de Realizadores de Cannes), 'El pan de la guerra' de Nora Twomey (nominada al Óscar), animación sudamericana como 'Tito e os pássaros' o 'La casa lobo' (destacada en la pasada Berlinale), la italiana 'Gatta cenerentola', el debut de Denis Do en la dirección con 'Funan' o la japonesa 'Okko’s Inn' que firma Kitaro Kosaka, director de animación de 'El viento se levanta'.

El estreno mundial de 'Hotel Transylvania 3', la proyección de 'Los increíbles 2', adelantos de 'Cómo entrenar a tu dragón 3', 'Ralph rompe Internet', la española 'Buñuel en el laberinto de las tortugas' o las proyecciones de 'Dilili à Paris', nueva película de Michel Ocelot, e 'Insects', del extravagante Jan Svankmajer, así como otras propuestas fuera de competición ('Liz and the blue bird', 'Hoffmaniada') y una inmesa selección de cortometrajes, proyecciones, charlas y encuentros completan una programación de extensión verdaderamente inabarcable.

A sabiendas de que se nos quedará mucho en el tintero, desde Espinof os informaremos de lo que ocurre durante esta edición del certamen. Y empezamos ya con las opiniones de las películas que he podido ver hasta ahora. Como hizo Esther desde Cannes, este artículo se irá ampliando con el paso de los días así que no dejéis de pasaros para saber cómo están siendo las películas más destacadas del Festival de Annecy:

Tito e os pássaros

A pesar de ser una película desenfadada e incluso destinada al público infantil y juvenil, 'Tito e os pássaros' tiene un poderoso trasfondo enmascarado en su sencilla y aventurera historia: la enfermedad del miedo asola a la humanidad, y hay que buscar la cura, que parece estar relacionada con los pájaros. La película marca bien sus tiempos narrativos para desentrañar, al menos de forma superficial, su temática de actualidad: sensacionalismo periodístico, fake news, redes sociales e Internet…

Se echa de menos mayor profundidad, pasando demasiado de soslayo por alguno de sus temas, aunque funciona como activador del interés de los más jóvenes, como píldora que pretende sembrar conciencia. El aspecto estético que desdibuja los fondos y muestra de forma clara los trazos del pinc siembra un ambiente con mucho interés en la contraposición de escena y personajes que actúan en ella. Contrasta ese preciosismo técnico con el diseño de personajes, más cercanos en su diseño al cómic y la caricatura.

Siendo una historia más bien simple y con algún que otro cliché, por el poder que transmiten sus imágenes y su inteligencia narrativa, así como por la pertinencia de los subtemas que trata, ‘Tito e os pássaros’ se confirma no sólo dentro de la boyante animación brasileña, sino también en el ámbito de la animación para los más jóvenes como una propuesta que se desmarca de la estética tradicional y que merece el visionado por su amplitud temática.

La casa lobo

Más cercana al archivo de una actividad artístico-performática que a una pieza audiovisual de narrativa clásica, ‘La casa lobo’ es una propuesta fascinante, aterradora y enigmática que dirigen Sebastián León y Joaquín Cociña. Interesa no sólo su pacto ficcional inicial, en el que la película se reconoce como un encargo de la terrible Colonia Dignidad chilena, sino también su ruptura con este pacto desde el inicio.

El stop-motion no sirve como herramienta de imitación de la realidad, ya que se desvela y nos muestra los entresijos de la propia animación, enseñando el trabajo de los autores en el desarrollo de la historia y rompiendo la temporalidad narrativa al mostrar el paso del tiempo de grabación mediante elementos como velas que se apagan o relojes que avanzan rápidamente. La perturbadora historia de Maria, nuestra narradora a lo largo de esta visita a las puertas de la locura, queda marcada en nuestras retinas por las poderosísimas imágenes de la película, donde los personajes se deshacen y reconstruyen continuamente.

Tal y como la describen sus directores, ‘La casa lobo’ se encuentra a medio camino entre Disney y el género de terror, siendo una temible fábula que no sólo esconde el trasfondo de la Colonia Dignidad sino también la expresión de los temores más profundos del ser humano a través del propio proceso animado. En definitiva, la historia de los objetos como un cuento de miedo clásico.

Have a nice day

Esta película llegaba rodeada de polémica tras la negativa a ser proyectada durante la edición de 2017 del festival. Superado el hecho, que parece haber quedado en agua pasada, vamos al film. Hay en 'Have a nice day' aspiraciones gansgterianas muy cercanas a Tarantino, incluso más a los Coen, en una pieza de estética muy cercana a la novela gráfica por su nulo movimiento de cámara y su parca animación, que reniega de lo grandilocuente y fluido para centrarse en otros aspectos.

Este estilo, simplista pero nunca simple, se sirve de la combinación de elementos técnicos, en especial sonido y montaje, para la creación de un sello muy personal y adulto que respira sarcasmo por todos sus poros. Funciona muy bien como sátira y comedia negra, reforzada por diálogos bien elaborados y reflexiones interesantes respecto a los bajos fondos de la sociedad que representa. También el punto de vista múltiple es otra de sus buenas elecciones, dando pie no sólo a reconocimientos por parte del espectador en busca de su complicidad, sino también en la construcción de un relato que se vuelve poliédrico.

Liz and the blue bird

El siguiente largometraje de Naoko Yamada tras ‘A silent voice’ es otra preciosista historia de juventud que rehúye parcialmente de la denuncia social de su anterior película para profundizar en la relación de dos chicas adolescentes que están a punto de acabar el instituto.

A través de la obra de teatro de Maurice Maeterlinck “L’Oiseau bleu”, que se convierte en un segundo relato fundamental en el desarrollo de la psicología de los personajes y está animado con una impecable factura visual y diseño de personajes, ambas tendrán que enfrentar sus respectivos miedos y temores frente al futuro, reconociéndose a sí mismas en el proceso. Es llamativa ya la característica importancia que Yamada otorga a la representación física de partes del cuerpo muy concretas, como piernas, ojos o cabello, expresando a través de su obsesivo detallismo anatómico la propia psicología y las características de sus personajes.

Además de su significativa banda sonora, que combina piezas orquestales y más experimentales de Kensuke Ushio, destaca también la producción de sonido, acompasada a los sentimientos y caracteres de los personajes para conformar una pieza de alto contenido estético y un bello tratamiento argumentativo.

Dilili à Paris

‘Dilili à Paris’ nace con vocación de cierta protesta, pero también es un canto de amor a una ciudad y un momento muy concreto de la historia. No es la primera vez que se dedica una obra al París de la Belle Époque, así como a sus personalidades y figuras más significativas: no hay más que ver ‘Moulin rouge’ o ‘Midnight in Paris’. La nueva película de Michel Ocelot -‘Kirikou y la bruja’- no es una excepción respecto a la confesa admiración a ese fragmento de la historia, donde aparecen numerosas personalidades: Picasso, Debussy, Degas, Clamide Chaudel…

Pero la película de Ocelot no es únicamente un museo humanista, una clase magistral de grandes figuras de la época, sino también la radiografía de la urbe, recreada a partir de fotografías en las que contemplamos los lugares más emblemáticos de París: la torre Eiffel, el Moulin Rouge, el Arco del Triunfo… Dilili, la protagonista de nuestra historia, es una flâneuse que descubre y admira los entresijos de la ciudad de la luz acompañada de Orel, su fiel chofer. Esta joven, pese a la abundancia de figuras masculinas, tiene como referentes a las grandes mujeres que hacen acto de presencia: Marie Curie, Louise Michel y Sarah Bernhardt.

El argumento, de clara vocación feminista y con tintes antiracistas, se convierte en una excusa que permite a los protagonistas recorrer la ciudad en busca de nuevas pistas que les darán las personalidades más inesperadas, como Toulousse-Lautrec o Rodin. Quizá no es la historia más contundente que ha hecho el cineasta francés, pero ‘Dilili à Paris’ desborda, especialmente, por su potencia visual, convirtiendo a la ciudad en un personaje más que invade la escena, y en su interés por la referencialidad de uno de los grandes momentos culturales de la historia contemporánea.

Gatta Cenerentola

Esta adaptación del cuento clásico de Cenicienta en tono noir parte con credenciales interesantes: habla de la identidad de Nápoles en tono ruinoso y decadente, construye algunos de sus personajes en torno a interesantes dicotomías muy cercanas al concepto de clase y propone ideas y reflexiones sobre el tiempo y la memoria con bastante validez.

Con sus muchas virtudes, como el adecuado uso del montaje en la mayor parte de la película, las referencias al cuento original, el carisma indiscutible de su villano, su llamativo diseño de personajes o sus portentosos momentos musicales, no podemos hablar de una película mediocre. Sin embargo, por la irregularidad narrativa de la cinta, ‘Gatta Cenerentola’ pierde nivel de conjunto, lo que se refleja especialmente en la relación entre los personajes principales, Gemito y Mia.

Su ambición de gran historia se desinfla por esta falta de contundencia argumental. Sin hablar de película mediocre, la cinta italiana se queda a medio camino entre cuento para adultos e historia madura, terminando por no perfilar una identidad clara precisamente por intentar marcarla.

Okko's inn

Es curioso cómo un fragmento tan significativo de las obras japonesas que llegan a tener distribución internacional se centran en un aspecto que podemos considerar casi obsesivo: la vuelta al mundo rural. 'Okko's inn' nos plantea una posada sencilla y tradicional, arraigada en el folclore, como método de sanación de sus visitantes y que recuerda irremediablemente a los balnearios de 'El viaje de Chihiro'.

Las relaciones entre esta obra y la filmografía Ghibli son constantes: en la confección de los personajes, la animación de la comida o el tratamiento de la tradición japonesa y la religión. Llevar tanto tiempo trabajando con procedimientos tan marcados deja huella, incluso a sabiendas de que este es el cuarto largometraje del director. A pesar de la inseparable vinculación de Kitaro Kosaka con Studio Ghibli, donde ha desarrollado gran parte de su carrera, el director busca una voz propia con ‘Okko’s Inn’.

Esta obra no es digna solo por apartarse en una medida significativa de la narrativa del estudio, como evidencia un tratamiento mucho más crudo de la muerte, sino también por ciertas decisiones en el diseño de personajes, muy cercanos al anime en algunos casos. La película, que habla de la muerte, la asunción y la superación de esta, se convierte en una potente metáfora de su autor en relación a Studio Ghibli: el padre ha muerto y el hijo, perdido, busca un camino que seguir.

Mirai

Mamoru Hosoda es uno de los realizadores japoneses en activo más reconocidos en el ámbito de la animación. Comparado de forma constante con Miyazaki y muy cercano a la progresión de Ghibli -fundación de un estudio propio, Studio Chizu, personajes femeninos en papeles protagónicos, animación cuidada y detallista en el diseño de personajes…-, su filmografía ha alcanzado con su última película un nuevo nivel que se confirma como una etapa de madurez.

Y es curioso que su obra de madurez sea la que protagoniza un niño de 4 años que ve cómo el espacio familiar queda invadido por el nacimiento de su hermana pequeña, Mirai. En torno a la asunción de la hermandad, pero también de la vida familiar, la cotidianidad, el paso del tiempo, la memoria o la muerte, ‘Mirai’ es una lección magistral de cine de entrañas, de sinceridad y de luz.

No sólo asombra el tratamiento tan cercano del que Hosoda hace gala en esta película, ya habitual en la construcción de personajes de su filmografía, sino también la sensibilidad con la que se habla de temas universales. Porque en la niñez no hay conflicto, sino fluctuaciones emocionales, y ocurre lo mismo en ‘Mirai’. La mirada de Hosoda transmite un mundo por descubrir, un universo que aún puede encontrar luz, un rayo de esperanza que nos enseñe el camino.

Insects

En una lección magistral de cine, animación y creación financiada a través de un crowdfunding, ‘Insects’ nos regala y engaña a la vez traspasando constantemente las fronteras entre la ficción y el documental. A medio camino entre ambos, el último experimento de Jan Svankmajer -el gran surrealista de nuestro tiempo con permiso de David Lynch- es un juego de entendimiento en el que el propio director se expone para explicar la intencionalidad de su obra, al mismo tiempo que reflexiona sobre el hecho de la propia creación.

La película no se queda ahí, y navega entre sus delirantes tramas y el making-off. Justo después de contemplar una escena en la que uno de los personajes se come un insecto estirando su lengua, continúa el proceso de creación de ésta: cómo se desarrolla la animación de la lengua, cómo se realiza el maquillaje, qué hacen los artistas de foley para reproducir el sonido...

También aquí Svankmajer se quita la máscara y explica su peculiar trabajo con actores, que hace que esta película tenga más de animación que de imagen real. Afirma durante el metraje que no ve diferencia entre marionetas y actores, que el trabajo con éstos últimos lo realiza igual que lo haría con un muñeco, dotando a sus personajes y escenas de su característica artificialidad. ‘Insects’ es la reunión de las obsesiones del titiritero Svankmajer, así como un manual para entender los entresijos de su filmografía y su forma de ver el cine.

El pan de la guerra

Frente a la desbordante fantasía que albergan las películas de Tom Moore, la nueva y exitosa historia de Cartoon Saloon, dirigida por Nora Twomey, asombra por su crudeza y compromiso, sin perder el sello del estudio irlandés en lo referido a diseño de personajes y escenarios. Adaptada del cuento homónimo de Deborah Ellis, 'El pan de la guerra' nos cuenta la historia de Parvana, una niña que vive en Kabul durante la época de gobierno talibán.

Además de su evidente reivindicación respecto a la situación de la mujer en Oriente Medio, constante durante todo el metraje, la película destaca también por su vertiente fundamental: la importancia de contar historias, y cómo éstas justifican quiénes somos. Esta insistencia en el pasado y la tradición como cimiento del presente y el futuro es una idea que se repite durante toda la película.

Así, ‘El pan de la guerra’ se convierte en un relato de relatos que intenta dimensionar una identidad desconocida en Occidente y malvendida por el relato cultural dominante. La obra de Twomey no sólo es necesaria por todos sus reclamos, sino urgente por todo lo que debemos aprender de ella.

Hotel Transylvania 3

La mayor virtud de 'Hotel Transylvania 3' es lo poco en serio que se toma a sí misma. Es tan autoconsciente de sus limitaciones que las explota y aprovecha hasta el extremo, consiguiendo hacer de su simpleza inteligencia y creando un humor tan estúpido que termina siendo… ¿inteligente?

Sin la frescura de la primera película, pero con escenas desternillantes, ‘Hotel Transylvania 3’ también aprovecha la impronta de Genndy Tartakovsky en la dirección con interesantes apuestas en el apartado animado. Es llamativo el diseño de Ericka, personaje que recuerda en su rostro a los diseños de Warner Bros., así como los esperpénticos e histriónicos movimientos de sus personajes, deformados para dotarlos de una expresividad extrema que resuena a slapstick comedy.

La nueva película de Sony Animation es una apuesta continuista, en la línea de otras grandes marcas (Disney-Pixar y 'Los increíbles 2', Dreamworks y 'Cómo entrenar a tu dragón 3'...) que tanto éxito sigue manteniendo. Pero ‘Hotel Transylvania 3’ tiene tan claro lo que es que consigue superar su doble barrera, ser secuela de una saga de cine de animación familiar, creando una entretenida y disfrutable cinta que garantiza, al menos, algunas risas.

On happiness road

Lo que de inicio podríamos entender como un relato sobre la identidad taiwanesa se desdibuja conforme avanza el metraje, diluyéndose entre el significado de la felicidad, una historia sobre política e ideología, las expectativas que se nos imponen al vivir en sociedad o la incertidumbre ante el futuro. En esta multiplicidad temática, asistimos a una historia individual que se prefigura nacional pero termina siendo universal.

En la película, de carácter autobiográfico, se narran las muchas vicisitudes de la vida de Chi en diferentes planos temporales. Vemos su niñez, pero también su etapa adulta, su adolescencia, sus días universitarios y su decisión de salir de Taiwán rumbo a Estados Unidos en busca de las oportunidades que América ha cimentado en el imaginario colectivo. En la fractura del american dream se deshilachan el resto de expectativas no cumplidas: estudios, trabajo estable, formar una familia…

El telón de fondo de ‘On happiness road’ siempre coincide, y va en paralelo al título de la película: la protagonista, sin rumbo, busca una guía en el camino a la felicidad que le han prometido que llegaría con los logros personales. Pero la lección real y más valiosa, el recordatorio necesario de la cinta, es mucho más simple: hay felicidad con el plato lleno para cenar.

The tower

Al inicio de la proyección, decía Mats Grorud, director de ‘The tower’, que esta película estaba dedicada a los amigos que había hecho como voluntario en un campo de refugiados. Las historias que narra la cinta son las que el realizador escuchó en Boruj el-Barajneh, de las vivencias a las que aquellas personas habían conseguido sobrevivir.

El argumento de ‘The tower’ se configura en torno a una joven niña que, interactuando con su familia y compañeros, es el hilo conductor de las historias que Grorud escuchó en su estancia como voluntario. La pequeña protagonista sirve, al mismo tiempo, como motor de la acción y como conexión con el público en su vertiente más positiva.

El relato múltiple nos muestra, a modo de denuncia evidente y necesaria, las condiciones de los refugiados en Libia y la dramática situación que viven día a día. De nuevo, como en otras películas proyectadas durante el festival, la historia como formadora de identidad se vuelve fundamental. Este cine comprometido, necesariamente emocional y crudo, también deja espacio para un resquicio de esperanza.

Hoffmaniada

La titánica tarea de seguir produciendo animación con el grado de tradicionalidad del legendario estudio ruso Soyuzmultfilm es una verdadera hazaña. Y el interés de las obras de Soyuzmutlfilm no es únicamente su grado de artesanía, que podemos contemplar en la magnífica ‘El erizo y la niebla’ de Yuriy Norshteyn, sino la delicadeza de sus historias. En el caso que nos ocupa asistimos a un verdadero ejercicio de orfebrería fílmica que sólo por su realización ya merece ser admirada.

‘Hoffmaniada’, última película de Stanislav Sokolov y de producción bastante accidentada por las dificultades del estudio durante la primera década de los 2000, es un homenaje a la vida y obra de E.T.A. Hoffman. Autor fundamental de la literatura romántica y decisivo para los argumentos operísticos de la época, Hoffman fue un personaje singular al que Sokolov retrata en su dimensión creativa, en una historia que es una vigilia permanente entre la vida del autor y la obsesión por sus propias creaciones.

Con un grado de perfeccionismo que raya lo obseso en su manufactura, esta brillante apuesta asombra de sólo imaginar el trabajo que lleva detrás cada plano de la película. No sólo es admirable el trabajo detrás de las cámaras, sino también la delicadeza que se ha impreso a la historia que se nos cuenta. Hipnótica y decimonónica, ‘Hoffmaniada’ es una rara avis en el contexto de la animación tanto por sus formas como por su relato.

Maquia

La animación nos brinda un sencillo acceso a mundos de fantasía, y nos hace muy fácil adentrarnos en ellos. Para ‘Maquia’, debut en la dirección de la guionista nipona Mari Okada, las puertas a la fantasía se nos abren de par en par desde el inicio, con una puesta en escena apabullante y sobrecogedora.

La espectacular animación, así como los magníficos diseños de personajes, animales y objetos, son la mayor virtud de una película que, por contra, empieza a agotar sus credenciales más rápido de lo que debería. En una historia que pretende ser épica pero también reflexiva, ‘Maquia’ navega a la deriva entre sus confusiones argumentales, sin terminar de inclinar la balanza y perdiendo el impacto inicial que causa su maravilloso apartado artístico.

La perdición comienza con la maniquea historia, que tampoco se ve apoyada por la construcción de personajes ni por su irregular ritmo narrativo. La falta de profundidad en las ideas que se plantea, como el paso del tiempo o el amor, hace languidecer una propuesta que se siente ambiciosa pero se desinfla en sus buenas y difusas intenciones.

Chris the Swiss

La dura y cercana Guerra de los Balcanes es el centro del documental ‘Chris the Swiss’, que recoge las investigaciones de Anja Kafmal respecto a su primo, joven periodista de guerra suizo en Croacia que fue asesinado en la contienda. En un tono subjetivo e interrogante, Kafmal busca los motivos que llevaron a Chris al conflicto y a la muerte entre reflexiones sobre la guerra, el periodismo bélico e intereses geopolíticos.

El interés inicial que motiva el documental, comprometido y reivindicativo, es el personal. Pero conforme avanzamos y desentrañamos junto a la directora más sobre la muerte de Chris, descubrimos terribles verdades sobre la situación croata a inicios de los noventa, así como de las barbaries que tuvieron lugar en los Balcanes durante el conflicto que perpetraton ambos bandos.

Para el reflejo del horror, la animación es la que toma partido donde la imagen real no llega. Utilizada como un elemento más en la construcción del relato que también incluye entrevistas e imágenes de archivo, el conjunto de ‘Chris the Swiss’ excarva entre los recovecos de los hechos y experiencias de los compañeros del periodista suizo. La intención de Kafmal es clara: reconstruir la verdad, un puzzle al que le faltan demasiadas piezas.

Seder-masochism

La irreverente mirada de Nina Paley invade en ‘Seder-masochism’ el Éxodo y el tradicional Séder, ritual festivo judío. En base a su propia experiencia y también a la reflexión en torno a las limitaciones impuestas por su religión, Paley construye una gamberra relectura donde la música tiene un papel fundamental, siempre con espacio parala reivindicación.

Las bofetadas se suceden con cada nueva escena: si primero se reclama la falta de figuras femeninas de la divinidad a pesar de la importancia de lo femenino en las culturas ancestrales, después llega el tratamiento patriarcal de la religión judía e incluso duras críticas disfrazadas de sátira sobre las actuaciones israelíes frente a Palestina.

Con una animación caricaturesca y rítmica que realiza la propia Paley, directora, escritora y productora de la cinta, ‘Seder-masochism’ se configura como una extraña producción en la que brilla su intencionalidad. Su gran virtud, sin duda, es la construcción de todas sus críticas en torno a la que quizá es la herramienta más poderosa: el humor.

The last fiction

En esta ambiciosa producción, que se ha desarrollado durante más de un lustro, asistimos a una interpretación abierta de la historia de Zahhak y Afaridoun, capítulo del Libro de los Reyes (Shahnameh), escrito fundamental para la identidad iraní en tanto a su tradición como a su mitología. En concreto, la historia que cuenta ‘The last fiction’ alude a la épica narración del ascenso y caída del malvado Zahhak como gobernante del mundo.

En torno a una construcción narrativa fantástico-épica que toma clichés del género y se ajusta argumentalmente a la estructura clásica del viaje del héroe, la historia no innova por estar encorsetada a un género tan hermético. La película refleja sus mayores virtudes en algunos fragmentos con animaciones de numerosos personajes en batalla e interesantes diseños con trazos en escenas onírico-fantásticas, combinando animación en 2D y 3D.

Con ‘The last fiction’ vemos una doble intencionalidad clara. En primer lugar, la del reclamo de las historias como constructoras de identidad. Y en segundo, la redefinición y conformación de la industria de animación iraní que permita aprovechar las potencialidades del medio en el país. Tan solo por el empeño y la ilusión de sus benefactores y participantes y la falta de complejos de la producción, ver esta película en una sala causa verdadera satisfacción.

Funan

El reino de Funan fue un antiguo reino que se encontraba alrededor del delta del río Mekong, y en la actualidad es parte de Vietnamn y Camboya. Este territorio será el espacio en el que Dennis Do narre las atrocidades del genocidio camboyano a través de Sovanh, un niño de tres años que será separado de su familia ante el avance del régimen de los Jemeres Rojos.

En la mirada infantil, la extrañeza es la reacción ante el desastre y la barbarie. La historia a la que asistimos en ‘Funan’ es trágica por el contexto que se nos explica y las desgracias que se exponen. No hay necesidad de ser explícitos: la violencia no se muestra, es sutil. Los asesinatos suceden en contraplanos que muestran las reacciones de los testigos, pero nunca muestran los cadáveres, pues la expresión de la barbarie no necesita ser específica para ser temible.

La película, en su narrativa, construye la desgracia de un país a través de la desintegración de la familia. No sólo afectan las transformaciones de los familiares del pequeño Sovanh, sino también la desaparición de éstos, que refleja la masacre masiva y sin nombres. ‘Funan’ reivindica la memoria en un ejercicio que tiñe la ficción de historia, reflejando la necesidad de recordar incluso los episodios más oscuros.

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