
Tres de sus clásicos evidencian no sólo un estilo inconfundible, sino un fuego interno lanzado contra el crimen nacional
Cualquier hijo de los noventa, o simplemente persona que estuviese desarrollando pasión por el cine en aquella época, tiene en mente esas películas de acción desmadradas hasta lo imposible. Premisas relativamente sencillas llevadas a extremos bombásticos y a pasadas de rosca en el tono que el espectador menos hábil cuestionaba que fuesen voluntarias. Podemos decir que es parte del legado de John Woo.
El salto de hongkonés a Hollywood fue notorio y creó algunos clásicos sentimentales para muchos como ‘Blanco humano’ (’Hard Target’) o ‘Cara a cara’ (’Face Off’). Hay hasta quien rompería una lanza por ‘Misión imposible 2’ (’Mission: Impossible 2’), o al menos ese tramo final tan explosivo y tan marca de la casa. Buenas traducciones de lo que sabía hacer en el cine de acción, aunque encargos al fin y al cabo que no tenían esa capacidad más extrema para el despliegue violento y el tono que convirtió en personal.
No es cuestión de desmerecer sus clásicos americanos, pero llegó ya a ellos convertido en uno de los mejores cineastas de la historia del cine de acción. Incluso uno de sus autores más distintivos, porque incluso aunque el thriller ultraviolento con gangsters y tiroteos ya era una parte de la industria de cine en Hong Kong él lo propulsó a otro nivel a base de puros detalles personales.
‘Un mañana mejor’ (’Ying hung boon sik’) y su secuela ya fueron un punto de inflexión claro en su carrera, siendo una exhibición explosiva de coreografía que transformó ese cine de género en el país. No obstante, la parte más personal de su cine, donde coge historias de violencia cómo una manera de revolverse contra un pasado y presente de criminalidad a nivel clandestino e impune que plagó su país, llegó con tres clásicos todavía impepinables y recientemente restaurados en calidad extraordinaria.
Tres balazos precisos
‘El asesino’ (’Dip huet seung hun’, disponible para ver en Filmin, en Movistar Plus y gratis en Plex) es su primera obra maestra total del género, tanto por desplegar una acción brutal donde los cuerpos caen por doquier (al fin y al cabo, se llama como se llama) como por inyectar unas dosis de melodrama exacerbados. Llevar ambos géneros a niveles altísimos crea la exageración que permite divertirse al espectador, pero también que haya un equilibrio extremo pero sostenido.
Trazas de existencialismo y de amistades improbables proporcionan textura dramática que no muchos considerarían importante para ‘El asesino’, pero es lo que la hace termina de trascender. Eso y esas coreografías increíbles donde, además de colocar a Chow Yun-Fat como un pilar del carisma con escopetas implacables o dobles pistolas que proporcionan aura, generan un éxtasis continuo en tramos como su clímax lleno de palomas.
Con esa inyección de adrenalina, Woo podría haber seguido derivándose a sí mismo. Pero no se quiso conformar y vario un poco el rumbo con ‘Una bala en la cabeza’ (’Die xue jie tou’, disponible en Movistar Plus y gratis en Plex), una épica de época con contexto bélico. La guerra de Vietnam suma a la destrucción del futuro de tres jóvenes protagonistas.
Woo entra en un cinismo más profundo con una denuncia más frontal de la corrupción social y moral. Su componente más dramático, elevado por actores de la categoría de Tony Leung, no está ni mucho menos sacrificando cierto músculo crudo y narración casi lisérgica en su caos. Más imperfecta, pero de las películas más devastadoras emocionalmente que ha hecho.
De una combinación de ambas podemos obtener también otro clásico magistral como ‘Hervidero’ (’Lashou shentanaka’, disponible en Filmin y en Movistar Plus), que cuenta también con Chow Yun-Fat y Tony Leung de protagonistas. Una locomotora donde también hay espacio para que un policía que se ha convertido voluntariamente en máquina de matar toca el clarinete para recordar la última vez que se sintió humano.
Hay una gran confluencia de toda la artesanía e inquietudes de Woo en ‘Hervidero’, desde ese fuego interno volcado contra lo criminal y su glorificación de las fuerzas del orden hasta la técnica máxima para rodar la acción y generar tensión. Cada efecto de slow-motion, cada movimiento de cámara, cada transición, cada brote de sangre, genera espectáculo arrollador que sigue siendo influencia máxima a día de hoy.
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