
Al enterarse de los cambios que habían impuesto, el mítico John Cassavetes se dejó llevar por sus impulsos
John Cassavetes acabó siendo un cineasta trascendental a base de moverse en los márgenes, elaborando un estilo libre y caótico que se ha vuelto influyente para toda obra con aspiraciones de cinéma vérité así como producir sus propias obras al margen de los grandes estudios en una época que era imposible. Fue uno de los gérmenes del cine independiente estadounidense, aunque más por necesidad que por convicción, tal y como se refleja de una de las anécdotas recogidas en el libro Cassavetes on Cassavetes.
Tras un debut que causó sensación, Cassavetes probó suerte con algunas producciones de estudio. Una de las que más le interesaban era ‘Ángeles sin paraíso’ (’A Child is Waiting’), un melodrama sobre la educación de infantes con dificultades en el aprendizaje y discapacidades intelectuales. Judy Garland y Burt Lancaster protagonizaban la película poniendo la perspectiva adulta al problema, pero el director estaba especialmente interesado en reflejar la realidad de estos niños y mostrarlos como personas de carne y hueso.
Una película sin paz
Fue ahí donde tenía choques con su productor Stanley Kramer, experto en hacer dramas sensibles sobre problemas sociales de una forma mucho más hollywoodiense y ramplona. Al productor no le interesaban los matices y consideraba que esta clase de niños debían ser relegados a espacios concretos para ellos, mientras que Cassavetes defendía que era el sistema educativo el que debía adaptarse a sus necesidades e integrarlos. Su película intentaba reflejarlo, aunque fuese a costa del lucimiento de las estrellas famosas y dedicando mucho tiempo a mostrar a estos niños riéndose, jugando y siendo naturales.
Pero no era él quien tenía el control final de la película, era Kramer, que además tenía interés en complacer a un estudio como United Artists. El productor trató de usarles de chivo expiatorio para imponer cambios en la película, a pesar del rechazo del director. Los cambios se produjeron a espaldas de este último, que comprobó el destrozo realizado a su visión en un pase de prueba donde Kramer había traído varias personas afines para dejar a Cassavetes en minoría.
Al acabar la proyección y tras un aplauso tímido, Cassavetes se dejó llevar por sus impulsos. Se acercó a Kramer, le agarró por el cuello y le espetó con bastante intensidad: “Borra mi nombre de la película”. El cineasta se marchó de la sala tras su declaración, pero Kramer no quería darse por vencido e intentó seguirlo para hacerle cambiar de parecer. Es ahí donde la cosa se puso violenta y John puso fin durante largo tiempo a su carrera como director de Hollywood:
Simplemente me fui, y él vino a por mí. En ese preciso instante pensé: “Si le pego, nunca volveré a trabajar. Y si no le pego, nunca volveré a respirar”. Así que le di un buen puñetazo. De verdad que le di una buena paliza; me enzarzé en una pelea tremenda con él, una que fue mucho más violenta de lo que había previsto. Sabía que no tenía por qué llevar las cosas por ese camino, pero al final decidí hacerlo, porque no quería dejar que se saliera con la suya después de lo que le había hecho a esa película. Quería que sintiera el dolor de mi odio hacia él.
Un altercado así fue suficiente para que Cassavetes no fuese abordado de nuevo por un estudio grande para dirigir durante largo tiempo, ya que Kramer contaba con bastante influencia en esos círculos. El director tuvo que pasar largo tiempo realizando sus películas de manera independiente, invirtiendo ahorros y favores que cobraba de amigos a los que también ponía a trabajar, creando en el proceso algunas de las películas más importantes e influyentes del cine estadounidense. Cassavetes acabaría volviendo a hacer cine en Hollywood con el thriller criminal ‘Gloria’, pero esta vez iba con un par de lecciones aprendidas.
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