La magia de ‘Todos los hombres del presidente’ sigue siendo extraordinaria. Ver de nuevo el clásico de Robert Redford y Dustin Hoffman me ha proporcionado un placer inmenso

Fiscalizando al poder casi en tiempo real, creando algo atemporal en el proceso

Pedro Gallego

Editor

El cine puede intentar capturar el presente que se está viviendo, pero inevitablemente va a llegar tarde en la mayoría de los casos por el propio proceso de hacerlo, que lleva su tiempo. Los diálogos con las cuestiones del momento suelen ser más bien accidentales, o fruto de la percepción de un público que interpreta lo que lee. De ahí que sea más acertado a menudo intentar tocar lo humano de manera atemporal que sucesos muy recientes.

Pero siempre hay excepciones de renombre, porque para eso el cine es arte abstracto incluso en su faceta de entretenimiento o en la de estudio antropológico. La historia se interpreta mejor con perspectiva, pero no se puede esquivar siempre la necesidad de tener registrado algo que tiene urgencia capital. En España lo vimos con todo un cine quinqui que quiso retratar una realidad social cambiante en un género entretenido. En Estados Unidos, el logro más increíble en esta faceta lo representa ‘Todos los hombres del presidente’.

Tras los rastros del poder

Clásico entre los clásicos, y con todas las letras. El thriller de Alan J. Pakula supo estar a la alturas de las circunstancias al querer retratar la vida de los periodistas que trataron de hacer que el poder ajustase cuentas con sus fallos. Robert Redford, que impulsó principalmente el proyecto, lidera con Dustin Hoffman una totémica obra de cine americano que sigue siendo asombrosa de ver, tanto en streaming a través de Filmin como de Movistar+ o en su reciente edición en formato físico restaurada en 4K.

Es 1972, y en el periódico capitalino The Washington Post están intrigados por lo que parece un allanamiento de las oficinas del partido demócrata. Los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein empezarán a tirar de hilos que pocos ven sobresaliendo del tejido, indagando hasta destapar actos escandalosos que atañen al presidente de los Estados Unidos.

La primera por intentar sacar una película del caso Watergate sería una empresa casi suicida, o al menos tan noble como intrascendente, de no haberse juntado el mejor talento de Hollywood en sus particulares momentos cumbres. Por descontado, Redford y Hoffman están excelentes, así como un gran reparto de actores secundarios con carazas y aspectos medianamente corrientes con talento interpretativo, como son Jack Warden, Hal Holbrook o el soberbio Jason Robards.

‘Todos los hombres del presidente’: perseguir el abismo

Está Pakula demostrando por qué es uno de los mejores directores de suspense e intriga de todos los tiempos. Pero su labor se sostiene también en un William Goldman con un guion hilvanado con increíble cuidado, equilibrando hechos y conversaciones de despacho de manera que refleje la determinación y la voluntad de mirar al abismo de sus personajes.

Hay miles de aspectos de artesanía que apreciar de la película, desde la fotografía de Gordon Willis a la música de David Shire pasando por todo ese diseño de producción y vestuario cuidadísimo. Todo brillando por sí mismo, pero siempre orientado a mantener esa autenticidad en la historia que la hace inspiradora, quizá modélica hasta el extremo.

Hace que parezca fácil, pero no lo es en absoluto. Verla restaurada proporciona un placer inmenso en su gran equilibrio de artesanía visual, con sombras increíblemente cuidadas. Todo resalta el increíble pulso de la película y la mantiene como algo atemporal ante lo que seguir sintiendo un placer inmenso. Y casi hasta deseos de fumar, incluso sin ser uno nada de eso.

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