Vuelve a los cines 40 años después de su estreno una memorable y todavía encantadora película de fantasía

David Bowie pone magia, melodía y carisma a este cuento con marionetas

Pedro Gallego

Editor

Resulta obvio señalar que para llevar a cabo una obra de fantasía aprovechando las posibilidades del medio cinematográfico, hay que pasar mayormente por los efectos especiales. Son estos los que permiten de manera definitiva hacer la suspensión de la incredulidad, llevarnos a firmar el pacto con los creativos para que intenten contarnos la historia que tiene lugar en el mundo irreal.

Poder hacer la inmersión es importante para comprar todo lo demás, pero hay distintos tipos de efectos para ello. Estos días, los efectos son sinónimos de inundar al espectador con gráficos realizados algorítmicamente o por ordenador. Pero hay una realidad paralela donde el dominio lo tienen cosas como las marionetas, siguiendo la estela del éxito de clásicos como ‘Dentro del laberinto’.

Un mundo de fantasía

Hoy en día para muchos esta aventura fantástica de Jim Henson es indudablemente un referente, aunque en su momento hace 40 años su éxito fuese más de culto que de taquilla. Aun así, la película protagonizada por Jennifer Connelly y David Bowie queda como una maravilla memorable y sensacional que ahora podremos disfrutar nuevamente en cines por motivo del aniversario de su estreno (también se encuentra gratis en streaming en Plex y en la suscripción de acontra+).

En ella, la joven adolescente Sarah se encuentra frustrada por tener que cuidar de su hermano pequeño. Pero no le quedará otra que preocuparse por él cuando el bebé es secuestrado por unos duendes al servicio del malévolo rey Jareth, que vive en un recóndito mundo de fantasía que Sarah deberá intentar navegar.

Henson siguió intentando promover el arte de las marionetas cómo método alternativo para contar historias, especialmente fantásticas, al ser un interesante puente entre la plasticidad del dibujo animado y la proximidad al realismo del efecto por ordenador, o incluso cercano a la acción real. Aunque tras la relativa decepción comercial de ‘Cristal oscuro’, tuvo que realizar concesiones para crear un cuento más accesible y menos espeluznante.

‘Dentro del laberinto’: un cuento diferente aunque familiar

No es que falte excentricidad, ya que ‘Dentro del laberinto’ es uno de los grandes ejemplos del exceso fantástico de los ochenta. Uno estupendo, mezclando criaturas excéntricas con un elemento de humor simpático y recurrentemente escatológico. Estos personajes fantásticos y los decorados resultan casi táctiles en la sensación visual gracias al cuidado del diseño de producción y de los animatrónicos y marionetas.

Hay también un buen aprovechamiento del extraño aunque innegable magnetismo del carisma de Bowie, capaz de crear un villano puro y cautivador. Sus números musicales funcionan, aunque también se aprecien como una concesión al público para que compren este mundo tan elaborado y estas técnicas tan concretas. Es claramente modélica, aunque la fantasía de efectos especiales decidió recorrer otros caminos distintos. Quien sabe si la nueva película planeada tomará las lecciones adecuadas.

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